Este blog pretende ser un espacio en el que encuentres lecturas interesantes que te ayuden a buscar entre tus creencias y pensamientos, aquellos que merece la pena conservar y cuáles debemos modificar y cambiar por otros, más adaptativos, para así evitar sufrir, en ocasiones, de forma innecesaria. Además pretende que, cuando alguien se encuentre en momentos de crisis, sea consciente que toda crisis implica, al superarla finalmente, una gran evolución personal.
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martes, 1 de febrero de 2022
INANICIÓN EMOCIONAL POR COVID
Los seres humanos somos el producto de la historia de nuestras relaciones, las
primeras de ellas son las que establecemos con nuestros padres y figuras de
apego desde que nacemos. Nuestros seres queridos se adentran en nuestros
corazones y mentes y cuando lo hacen, nos transformamos. Los abrazos son
profundamente calmantes y desde nuestra niñez nos aportan lo necesario para
nutrirnos emocionalmente. El apoyo emocional surge de forma natural con la
cercanía, el apego, la conexión, la mirada cercana, las sonrisas de complicidad
y los abrazos sentidos. Estamos en un momento donde la distancia social es la
norma a seguir, los abrazos están vetados y las miradas transmiten miedo y
desconfianza. Pobres de aquellos que se alejan del amor y no tienen caricias o
abrazos. Estamos en un mundo en donde la mentira y la incertidumbre van de la
mano de aquellos que dirigen el mundo y la mayoría se calla y asiente en
silencio por miedo o evitación del conflicto. Pobres de los que crean que por no
hablar o callar serán salvados. Estamos en un mundo en donde los que dicen las
verdades no quieren ser escuchados porque dan miedo y se quedan solos con su
verdad y su dignidad, pero con los abrazos sinceros. Con la situación actual
desde la pandemia, la inanición emocional es una realidad. Sentirse
emocionalmente desamparado, rechazado, abandonado o sin abrazos o nutrientes
emocionales, dispara el dolor y el pánico emocional y físico, baja nuestro
sistema inmune y nos vuelve más vulnerable a este y a cualquier virus. Con las
normas de aislamiento impuestas se ha sembrado el miedo y desconcierto social,
las personas no conscientes se están desconectando emocionalmente y rompiendo
lazos incluso familiares; veo familias en consulta que llevan sin ver a sus
padres años por miedo al contagio, sin reuniones familiares, sin vida social,
sin abrazos. Enfrentarse a esta nueva situación de incertidumbre y miedo cuando
las necesidades primarias de conexión no están cubiertas es una tarea muy
difícil y hace que las consultas de psicología estén desbordadas. El equilibrio
emocional, la calma, la alegría, la creatividad, la pasión no existen sin el
amor y la conexión con los demás. Si tomásemos consciencia y fuésemos capaces de
escuchar nuestras emociones y nuestro cuerpo nos daríamos cuenta exactamente de
lo que necesitamos, nuestros pensamientos son cada vez más confusos en un mundo
cada vez más difuso y borroso lleno de miedo e incertidumbre por lo que vendrá.
Todos apretamos el botón del pánico en ocasiones y sin duda lo dispara nuestra
mente y sin duda escuchar los medios de comunicación y ver a diario las
noticias, dispara ese botón. El amor es la única manera de sobrevivir a estos
tiempos y elevar nuestro sistema inmune y nuestra energía, conectando con las
personas que amamos al mirarlas, al escuchar sus voces, al abrazarlas y vivir
cada momento a su lado de forma presente y con gratitud. Si el miedo,
temporalmente, no lo permite, a nosotros o a las personas más vulnerables como
padres o abuelos, te propongo que dediques unos minutos cada día a meditar y
visualizar la conexión de amor con aquellos seres queridos a los que no podemos
abrazar e imaginarlo como si fuese real. Llámalos y transmíteles tu amor, de la
forma que puedas. Las familias afectivas son la base de una sociedad humana y
sana, así que abracemos a nuestros seres queridos y si, temporalmente y por
miedo, no podemos hacerlo, abracémoslos con la imaginación. Creemos comunidades
afectivas para un mundo más solidario. Sin entender la necesidad de amar
inherente al ser humano no podremos crear un mundo que muestre lo mejor de
nuestra naturaleza humana y apague las sombras que existen en esa misma
naturaleza humana y con ello apague también nuestros miedos irracionales. ¿Es
tan difícil entender lo que es esencial?, como decía el hermoso libro del
principito: “Lo esencial es invisible a los ojos” Tengo la confianza en que toda
esta pesadilla terminará y aprenderemos de esta inanición emocional; sin duda en
todo ello la salud mental y emocional de muchas personas quedará seriamente
afectada, pues las cifras de aumento de casos con ansiedad y depresión son cada
vez más preocupantes. Confío también que esta dieta a la que estamos sometidos
emocionalmente nos haga despertar del letargo en el que vivimos, transmitiendo
el amor y compasión a nuestros semejantes y respetando la libertad de cada ser
humano en esta difícil situación y no enfrentándonos los unos a los otros por
las opiniones diversas en cuanto a vacunas y normas, a mi modo de ver la mayoría
de ellas incongruentes y expandidas a través del miedo. La receptividad
emocional y la conexión con nuestros semejantes, sin duda, puede mejorarlo todo.
Creo firmemente que si nosotros, como especie, queremos sobrevivir en este
planeta azul y verde tenemos que aprender a no prestar atención a la falsa
ilusión de ser independientes unos de otros y comprender que necesitamos
conectar los unos con los otros. Tengamos el valor para desde el amor y
compasión poner luz al desconcierto, la mentira, la manipulación, la mezquindad,
la cobardía y el miedo. Mira hacia dentro, ahí está la luz y el ancla de tu
interior. No mires hacia fuera pues de ahí viene el caos y el desconcierto.
Porque como decía Carl Gustav Jung: “Quien mira hacia fuera sueña, quien mira
hacia adentro, despierta”
jueves, 19 de noviembre de 2020
AMOR EN TIEMPO DE CORONAVIRUS
En el temps que vivim, aprendre a reforçar els vincles de l’amor és una tasca urgent per a tothom. La connexió amb els demés ens proporciona una intimitat que ens ajuda a enfrentar-nos a les dificultats del present i a viure millor. Agraeixo a diari la trucada d’aquella amiga amb qui puc parlar de la situación actual que ens toca viure, i pensa com jo. Valoro a diari els petons i l’acaronament dels meus familiars i dels més propers.
En realitat, l’amor és allò que dóna sentit a les nostres vides. No dubteu que tots, quan ens toqui canviar de pla i ens trobem propers a la mort, recordarem la qualitat de la nostra connexió amb els èssers estimats; llavors serà “l’únic” que compti.
La nostra cultura ens anima a competir més que a connectar, encara que fa milions d’anys d’evolució que estam programats per cercar la pertenença i connexió amb els demés. Tot i així, insistim en la creença que ser forts és no necessitar res dels altres, i això es converteix en quelcom especialmente perillós en un temps on el nostre sentit de comunitat es veu amenaçat per un virus que ens fa mirar-nos amb desconfiança, ens prohibeix tocar-nos, besar-nos o abraçar-nos, tot per tal de no contagiar-nos. Un virus que no permet veure l’expressió facial o percebre els somriures, que ens aboca a una distància social en la recerca d’una “supervivencia” física, amb el peatge, però, d’una molt emocional lenta però assegurada. Ja abans de l’arribada del virus vivíem en una societat amb una forta preocupació social per fer “més en menys temps”, per omplir les nostres vides amb més i més possessions. Fa temps que construim una cultura de la separació, totalment oposada a la nostra biología i psicología naturals. De tots és ben sabut que si privam un nadó o un infant de contacte emocional, encara que l’alimentem, “morirà”. Ara bé, pensam que amb un adult no ocorrerà el mateix. Ans el contrari, està ben demostrat que l’única manera d’enfrontar la nostra vulnerabilitat és recolant-nos mutuament. Amb la connexió amorosa, l’oxitocina, hormona de l’amor, amara els nostres cossos, aportant-nos alegría i tranquilitat, i la sensació que “tot va bé”. El nostre cos està programat per aquesta connexió.
Els nostres èssers estimats s’endinsen en els nostres cors i ments, i quan ho fan, ens ens transformen. Tots som el producte de la historia de les nostres relacions.
Les abraçades són profundament calmants i satisfactòries, tant si es donen com si es reben. El suport emocional sorgeix de forma natural amb la connexió que provoca una mirada propera o un somriure de complicitat.
Si la situació sanitària actual s’allarga, la fam emocional serà una realitat. Sentir-se emocionalment desemparat, rebutjat o abandonat dispara el dolor i el pànic emocional i físic, baixa el nostre sistema inmune i ens tornam més vulnerables a n’aquest o qualsevol virus; així que hi ha poques formes d’enfrontar la incertesa i la por que ha provocat aquesta situación si les necessitats primàries de connexió no estan cobertes.
L’equilibri emocional, la calma, l’alegria, la creativitat o la passió no existeixen sense l’amor i la connexió amb els demés. Les nostres emocions, si fóssim capaços d’escoltar-les, ens indicarien exactament allò que necessitam, més que els nostres pensaments, cada volta més confosos enmig d’un món cada volta més difós i confós, ple de pors i incertesa del què vindrà.
Tots premem a vegades el botó del pànic, disparat per la nostra ment plena d’informació bombardejada pels mitjans de comunicació.
L’amor és l’única forma de sobreviure en aquest temps i elevar el nostre sistema inmune i la nostra energía.
Les famílies afectives són la base d’una societat humana, aíxi que abracem els nostres èssers estimats i creem comunitats afectives per a un món més solidari.
Entendre la nostra necessitat d’amar és fonamental per a construir un món que ens permeti mostrar el millor de la nostra naturalesa i apagui les nostres ombres. És tan difícil entendre allò què és essencial? Tal vegada sí, doncs com es deia a la novel.la El petit príncep, “allò essencial és invisible als ulls”.
Vull tenir l’esperança què, després de tot allò que ens està tocant viure, arribarà un món millor, on podem aprendre de l’amor després d’aquesta “dieta” a la què estam sotmesos, on podem transmetre allò millor de nosaltres mateixos per així poder canviar les coses.
La receptivitat emocional i la connexió amb els nostre semblants, sens dubte, pot millorar-ho tot. Crec fermament que si nosaltres, com a espècie, volem sobreviure en aquest planeta blau i verd, hem d’aprendre a no prestar atenció a la il.lusió de ser independents els uns dels altres i hem de comprendre, d’una vegada per totes, que sóm èssers interconnectats.
martes, 25 de septiembre de 2018
UN EQUIPO SIN ESTRELLAS CON UN CIELO CLARO
Desde hace un tiempo me dedico a asesorar empresas en
la parte de relaciones humanas como coaching empresarial y es algo apasionante
poder aportar algo de claridad a las diferencias existentes que crean
conflictos y estancamientos en los equipos humanos.
Una organización es un sistema humano complejo, sin
duda algunos de una complejidad mayor debido al gran crecimiento de las mismas.
Si ya en un sistema aparentemente sencillo como el familiar conviven conflictos
que a todos nos producen malestar, en una mediana o pequeña empresa esas
dificultades se van multiplicando en base a muchos factores, como por ejemplo,
el tamaño de ese sistema organizacional.
En mis experiencias como coaching en los últimos años
he podido detectar que, independientemente
del equipo o el objetivo de la empresa, las dificultades siempre son las
mismas: las relaciones humanas y el tipo de liderazgo que guía a la empresa. Aquellas
empresas grandes en las que conviven muchas personas y los organigramas son más
diversos, tienen muchas más dificultades, pues los sistemas son más complejos e
intervienen muchas más personas. Por otro lado, si aprovechásemos las sinergias
de las capacidades de los equipos humanos grandes y empezásemos a cambiar la
forma de vernos los unos a otros, desde una mirada más humilde y amorosa, los
resultados de las empresas sin duda se multiplicarían hacia el éxito.
En mi formación he tenido también la suerte de conocer
empresas que hacen del trabajo un lugar feliz, donde todos se dirigen, sin
perderlo de vista, hacia un objetivo mayor y más grande que las discrepancias
entre sus opiniones o egos encontrados. En dichas empresas hay algo común de
suma importancia, y es que cada uno sabe ocupar su lugar y mirar al otro desde
el respeto y la humildad, pues es bien cierto que de opiniones diferentes a la
nuestra y de diferentes puntos de vista siempre podemos aprender algo nuevo y
enriquecedor.
Hay un autor, Robert Safdie, que me encanta por su
trabajo con equipos humanos; consultor en administración y recursos humanos y
autor del libro ¡Aquí mando yo!,
muchas de las cosas que relata han sido una fuente de inspiración en mi trabajo
en organizaciones humanas como hospitales, hoteles, empresas generadoras de recursos,
escuelas, etc.
Safdie considera que una persona pobre bien puede ser
autoritaria y prepotente, porque esto no depende del estatus, sino del carácter,
porque la humildad corresponde a dos virtudes principales: el respeto y la
tolerancia.
En el plano laboral, además, se hace necesario que
esta actitud sea recíproca. Ser respetuoso, tolerante y colaborador, pues, es
fundamental para el trabajo en equipo. Es sencillo: un equipo no debe tener estrellas, sino un grupo de personas que
comparten los éxitos y asumen juntos las responsabilidades cuando las cosas no
funcionan.
Así mismo, advierte que no se debe confundir humildad con sumisión. “Una persona puede ser humilde manteniendo intacta su
autoestima, sin ser sometida”. Está a favor de ser un colaborador, no un
subalterno para toda la vida y por ello recomienda a los niveles superiores que busquen trabajar con
gente humilde sin ser sometida, pues podrá confiar en que ellos pondrán en
evidencia su verdadera personalidad y usarán su criterio.
La persona sometida no inspira confianza, pues hace
solo lo que se le manda y lo interesante para avanzar es que la persona tenga
derecho a opinar, disentir y tomar iniciativa. Que mientras respeta las
normas, procedimientos y colaboradores, pares y superiores en la jerarquía
laboral, jamás deja de hacer prevalecer su autoestima. Alguien que está
consciente de lo que vale, de lo que puede aportar y de sus debilidades, interpreta
bien el concepto de humildad.
El liderazgo humilde sí es posible, dice Safdie, y
consiste en respetar al equipo de trabajo, aceptar a todos como son y ayudarlos
a progresar, guiarlos hacia el éxito. Mandar contra toda razón no es ser líder,
al igual que tampoco lo es no definir una línea clara en el horizonte de hacia
dónde se dirige el equipo. El líder debe ser un cielo claro que marque el
camino, donde cada uno se coloque en su lugar, sin estrellas que brillen más, desde
la igualdad, en base a las competencias y formaciones de cada uno de los
miembros del equipo. No existen tareas más o menos importantes, sino aquellas
para las que estamos preparados y formados y que, a su vez, nos motivan y
apasionan.
A menudo en las empresas suceden cuestiones muy
simples que se vuelven complejas, como en los intentos de establecer relaciones
con otros que terminan en malestar, porque la otra persona no responde como
esperábamos o simplemente no muestra interés. Ese malestar proviene de las expectativas: esperamos algo
del otro a cambio de nuestra intención. Y de eso también hay que liberarse
cuando se quiere descubrir lo que es la humildad, puesto que el otro no tiene la obligación de llenar mis
expectativas ni darnos la respuesta que queremos. Lo único que cabe hacia el
otro, en su diferencia, es el respeto. Cada persona que forma parte de un
equipo humano tiene la responsabilidad de
trabajar en sus emociones y aprender a no sufrir cuando no se cumple lo
que uno espera.
Las expectativas, aunque lo parezca, también son una forma
de encumbramiento del ego. Creer que se sabe, se tiene o se puede más, y por
tanto, se tiene derecho a esperar más. Si nos ponemos por encima de los otros
no puede haber comunicación real.
El otro extremo es tomar una actitud de aceptación a
todo lo que el otro quiera, dejando de lado el propio criterio; rebajarse tampoco
es humildad, sino más bien un grado de
servidumbre y de falta de autoestima. Creerme menos que el otro es actuar desde
el miedo. El humilde no se desprecia sino que es muy acertado en cómo se ve y
se presenta a sí mismo. El humilde habla de sí mismo y sus emociones y no
utiliza las opiniones de otro como escudo ni como arma arrojadiza cuando las
opiniones del otro son diferentes.
Uno de los objetivos fundamentales, como persona
dentro de un equipo, es el plantearse individualmente la siguiente pregunta: ¿Puedo aceptar a esta
persona en totalidad tal cómo es? Así es válido esperar que el otro tenga la intención
de aceptarnos también. Pero si mido el valor del otro en función de que cumpla
o no mis expectativas estoy diciendo que mis parámetros son los únicos válidos,
que para mí no existen los de la otra persona.
La humildad, tiene mucho que ver con la empatía, saber
que el otro es tan digno de vivir y ser amado como uno mismo, y que para tratar
de hacer algo juntos hay que poner los dones de cada uno al servicio de un bien
mayor. Si tengo esa intención y el otro lo percibe estamos conectados y no nos
obstaculizarán la soberbia, la vanidad, la envidia y la competencia.
Para llegar a la humildad hay que salir del camino de
la competencia, aun cuando nos han
puesto el competir como la clave del éxito. La humildad implica gratitud ante
la vida, contentamiento por ser quien se es. Si quieres llegar a cierto nivel
para servir más y mejor, puedes hacer un camino de éxito sin perder la humildad.
Puedes destacar, pero lo importante es qué te impulsa a llegar allí.
Pues la persona más humilde no está para ser servida, sino que ha desarrollado una gran capacidad de servicio. Mientras más respetable eres, mayor es tu nivel de respeto para los otros. Quien ha recibido mucho (conocimiento, experiencia, títulos, bienes, dones) adquiere altas responsabilidades de servir.
Pues la persona más humilde no está para ser servida, sino que ha desarrollado una gran capacidad de servicio. Mientras más respetable eres, mayor es tu nivel de respeto para los otros. Quien ha recibido mucho (conocimiento, experiencia, títulos, bienes, dones) adquiere altas responsabilidades de servir.
Y el primer servicio que presta la humildad es el
bienestar y la paz interior. El poner límites sanos y conscientes es reconocer
que los necesito para tener paz y salud. No se trata de dejarse golpear dos
veces la mejilla, sino de tener el temple de no devolver el golpe, de expresar
el propio parecer, esperar a que el otro reaccione mejor, y si no, retirarse.
Es decir: Tengo tanta dignidad como tú y no te doy permiso de que me faltes el respeto. Eso no es bueno para ti ni para mí. Tú has de crecer aprendiendo a respetar a los demás, y yo he de crecer aprendiendo a poner un límite sano para mi bienestar.
Es decir: Tengo tanta dignidad como tú y no te doy permiso de que me faltes el respeto. Eso no es bueno para ti ni para mí. Tú has de crecer aprendiendo a respetar a los demás, y yo he de crecer aprendiendo a poner un límite sano para mi bienestar.
Es apasionante al realizar trabajos en grandes empresas, con diferentes colectivos y
un gran número de empleados, como se puede observar el cambio de mirada hacia
el otro cuando nos paramos a hacerlo desde la humildad y la escucha, cuando no nos miramos
únicamente a nosotros mismos sino que nos permitimos acercarnos al otro. Tal
como dijo Warren:
“Humildad no es pensar menos de ti mismo, es pensar menos en ti mismo”.
Invito a los líderes de cualquier empresa a dar espacio para que los
equipos se miren con humildad, a ser cielos claros que ayuden a que todas las
estrellas ocupen su lugar y entre todas puedan iluminar un cielo cada ver más
hermoso y claro.
jueves, 20 de julio de 2017
ENVIDIA LABORAL:EL BRILLO QUE MOLESTA A QUIENES VIVEN EN LA OSCURIDAD
La envidia a un reconocimiento es la
principal causa de acoso laboral. "Los profesionales más dedicados y
productivos son los que suelen sufrir más este acoso" (Iñaki Piñuel).
Deberíamos aproximarnos al tema teniendo claro que las raíces del acoso moral están en la envidia.
Si tenemos más o menos claro este punto de partida, lo que viene después es la consecuencia lógica del comportamiento humano ante la percepción del peligro… ¡defenderse atacando!.
Como decía Thomas Hobbes, “El hombre es un lobo para el hombre”
Los envidiosos necesitan ser siempre los protagonistas de la película, su inseguridad hace que necesiten ese reconocimiento, y si personalmente no conseguimos prevalecer por la vía del mérito profesional tendremos que recurrir a otras estrategias para eliminar de nuestro entorno a quien nos pueda eclipsar.
Deberíamos aproximarnos al tema teniendo claro que las raíces del acoso moral están en la envidia.
Personalmente, a pesar de ser psicóloga me
cuesta entender los fundamentos en los
que se basa la envidia, y en especial la envidia profesional.
Las personas acosadas suelen ser personas brillantes en su profesión y en su vida personal, luchadoras y trabajadoras, empáticas y sinceras, y por ello suscitan la envidia de sus compañeros y, en ocasiones, incluso la de sus superiores.
El sujeto acosado es percibido como una amenaza por los envidiosos. Resulta para ellos frustrante el tener que medirse con alguien que les supera profesional y personalmente de manera abrumadora.
Por otra parte, para sus superiores,
tampoco el del acosado suele ser un perfil cómodo, ya que se teme que el
aprendiz supere al maestro y le desplace de la estructura de poder en la
que éste se encuentra instalado.Las personas acosadas suelen ser personas brillantes en su profesión y en su vida personal, luchadoras y trabajadoras, empáticas y sinceras, y por ello suscitan la envidia de sus compañeros y, en ocasiones, incluso la de sus superiores.
El sujeto acosado es percibido como una amenaza por los envidiosos. Resulta para ellos frustrante el tener que medirse con alguien que les supera profesional y personalmente de manera abrumadora.
Si tenemos más o menos claro este punto de partida, lo que viene después es la consecuencia lógica del comportamiento humano ante la percepción del peligro… ¡defenderse atacando!.
Como decía Thomas Hobbes, “El hombre es un lobo para el hombre”
Los envidiosos necesitan ser siempre los protagonistas de la película, su inseguridad hace que necesiten ese reconocimiento, y si personalmente no conseguimos prevalecer por la vía del mérito profesional tendremos que recurrir a otras estrategias para eliminar de nuestro entorno a quien nos pueda eclipsar.
Cuando el inseguro/amenazado no sepa
cómo canalizar el malestar y la zozobra que le provoca la superioridad del
compañero o subordinado empezará a surgir en su interior la rabia, el
resentimiento y a partir de ese momento, el acosador valora, planifica, y
premedita qué estrategia emplear para neutralizar el peligro que
personifica para él el acosado. Por supuesto esas planificaciones perversas
pillan al acosado fuera de juego y le causan un impacto emocional enorme-
El acoso tiene una naturaleza finalista:
hacer desaparecer al acosado, anularle, provocar su desgaste y su
sufrimiento moral hasta llevarle a la extenuación y desencadenar que, tras este
padecimiento y por “voluntad propia”, abandone la Organización.
El acosador busca deliberadamente
causar daño psicológico y moral y dañar la autoestima de su víctima mostrando
desprecio hacia ella y atacando a su honor e imagen, buscando aliados y
poniéndolos en su contra, tergiversando la realidad o buscando cualquier fallo
en el acosado para hacerle sentir mal.
Las técnicas para lograr tal fin son
múltiples, pero en todas ellas se encuentran en estos tres elementos:
§
La
intencionalidad de desgastar a la víctima
§
La
persistencia continuada en el tiempo de las conductas
§
La
finalidad última de hacer desaparecer al acosado del entorno laboral.
En el acoso lo más complicado es que nos
movemos en el mundo de la mayor sutileza. Hablamos de
conductas aparentemente inocentes, pero que van golpeando como una gota que
permanentemente va erosionando una roca de forma lenta pero constante a veces
con mayor intensidad, a veces con menor. Algunos ejemplos de dichas conductas
sutiles podrían ser:
Que alguien olvide proporcionarte
informaciones de contenido importante y necesario para el desempeño de tus
funciones
§
Que
los temas de tu ámbito de responsabilidad
pasen sistemáticamente al final de la lista de cosas a tratar,
§
Que
alguien te salte y asuma por ti las tareas que tienes asignadas,
§
Que
te encomienden mayoritariamente tareas absurdas o sin sentido,
§
Que
te veas obligado, ante la falta de medios, a hacer tareas que por tu
clasificación profesional en el organigrama no te correspondería desarrollar,
§
Que
dejen de convocarte a las reuniones… o ¡peor aún!, que te convoquen con cinco
minutos de antelación a las misma porque “olvidaron avisarte antes”.
§
Que
nunca se te reconozca un logro y se magnifiquen sistemáticamente tus errores.
§
Que
siempre se sostenga la postura contraria a la que tu defiendes sin ni siquiera
permitirte expresar con libertad tus puntos de vista … etc.
§
Que
se manipule cualquier información para culpabilizarte de errores generales.
Pero además, podrán presentarse también
otras técnicas colaterales erosionadoras tremendamente eficaces cuando se ponen
al servicio de estos fines:
§
Así,
si tenemos presente que el objetivo es el desgaste emocional de la
víctima, es innegable que no hay nada mejor que recurrir a la crítica
difamatoria y al descrédito por la espalda, así como a crear
camarillas para hacer frente común contra el acosado, ¡la unión hace la fuerza!,
¿no?
§
El
aislamiento del acosado es igualmente uno de los objetivos
fundamentales que todo acosador persigue para lograr el desmoronamiento
emocional de su víctima.
§
Muchas
veces también la provocación es parte fundamental de la estrategia. Si
ésta rebasa ya los límites de tolerancia del acosado y éste se revelase el
acosador sabrá darle la vuelta a esta situación para presentarse él
mismo como víctima y desequilibrar aún más si cabe a quien está padeciendo
esta estrategia de tortura. No olvidemos tampoco que el fenómeno del acoso
aparte de alimentarse de la inseguridad tiene un gran componente de cobardía.
Por esa cobardía es por lo que el acosador suele buscar aliados pues en el
fondo no es capaz de enfrentarse solo a la víctima pues su brillo le da miedo.
Los Efectos del
acoso laboral
“Dad la palabra al dolor: el dolor que no
habla, gime en el corazón hasta que lo rompe”(William Shakespeare)
Llegará un momento en el que la víctima
ya no sabrá cómo acertar, no sabrá si expresar o no sus opiniones, si
intentar mantener una cordialidad pese a todo, o si sacar los dientes para que
los ataques silenciosos y sibilinos cesen.
Las risas a su espalda se suceden, la ironía
en el trato y la falsa amabilidad forzada resultan ya insultantes…
la víctima no consigue entender qué es lo que ha hecho mal para generar a su
alrededor esta hostilidad que debe ser transparente para todo el mundo, ya que nadie
hace nada por que cese.
Lo más terrible de todo es que al final
llega un momento del bucle en el cual el acosado se convierte en su
propio verdugo por la vía de atribuirse a si mismo, a su carácter, a
su conducta, el ser el causante de todo este orquestado mecanismo en su contra
y destrozándose de este modo aún más su ya maltrecha autoestima.
Las conclusiones:
“No vayas contra lo que es justo para
conseguir el elogio de los demás.”(Lao Tse)
Si alguna vez escuchas a una víctima de
acoso moral relatar su experiencia, no podrás olvidar su angustia,
su modo de expresar su sufrimiento y su pánico al relatar lo que para esta
persona es el desempeño diario de su trabajo, recuerda mucho a los testimonios
de mujeres maltratadas que algunas veces escuchamos en los medios de
comunicación.
El acoso moral es una lacra, por
desgracia hoy presente en la cotidianeidad de muchos entornos laborales y
cuyo germen también se extiende preocupantemente por los centros escolares. Es
una verdad silenciosa, a la vez que también es una fuente injusta
e injustificable de sufrimiento para muchos trabajadores, cuyo único pecado
consiste en ser excepcionales, y cuyo dolor irradia colateralmente a sus
entornos familiares.
Todos debemos contribuir a su erradicación e
implicarnos en ello activamente, evitando llamar acoso moral a lo que no lo
es y abandonando la comodidad de las medias tintas cuando estemos realmente
ante un caso que lo sea. No miremos hacia otro lado y orientémonos
hacia la gestión preventiva de este problema, para ello, procuremos estar
alerta ante la aparición de sus señales en el entorno escolar de nuestros
hijos, ya que educándoles a ellos en valores estaremos
actuando también sobre el ADN emocional de los trabajadores del
mañana. No perdamos de vista que tanta ayuda psicológica necesita el acosador
como el acosado y que ambos son dignos de lastima por su sufrimiento. El
acosador lleva en su interior una envidia que no le deja avanzar ni brillar
nunca con luz propia y el acosado va minando su autoestima y la luz de su
brillo se va apagando como la de una luciérnaga que se esconde.
“Los
éxitos grandes los recibiré poco a poco para que la envidia de los que me conocen no me lastime”.
La Biblia
La Biblia
martes, 19 de abril de 2016
Ni contigo , ni sin ti, yo no puedo vivir así
Escribo para
muchas de vosotras y vosotros, que acudís a consulta preguntando, ¿Qué puedo
hacer para sacarlo de mi vida y mis pensamientos? Conocemos a alguien, y si no
hemos tenido desde niños nuestros depósitos de amor cargados somos candidatos a
sufrir por alguien que nos maltrata con tal de permanecer a su lado por pura
dependencia. La costumbre y el apego ejercen en las personas una poderosa
influencia, haciendo que no puedan soltar el lastre de relaciones que son
perjudiciales. Del mismo modo, el miedo de estas personas al abandono, les hace
montar escenas de celos, causadas por su propia inseguridad, que acaban minando
cualquier interés que alguien sano pueda tener por compartir su vida con una
persona con tan alto grado de dependencia. La persona dependiente construye en
torno a su amado/a un pedestal del que no le sabe bajar. Haría cualquier cosa
por conservar a su lado a esa persona, aun cuando el otro continúe muchas veces
a su lado por pena o costumbre. Para vivir en bienestar
y constante crecimiento deberíamos aprender a dejar ir situaciones o personas
que no nos aportan calidad de vida. Nos suele costar no aferrarnos a cosas, ya
que el ser humano se siente más
seguro ante lo conocido. Sin
embargo, ante la pérdida de algo a lo que estábamos acostumbrados aparecen
temores e incertidumbre.
Parejas que no son felices y
siguen juntas, trabajos que amargan la existencia, amistades tóxicas, familia
que coarta la libertad, etc…, hay tantísimas situaciones y personas que nos
rodean y empeoran nuestro bienestar y,
aun así, a veces nos empeñamos en seguir aferrados a ello….
Muchas veces acuden a la consulta
personas preocupadas en cómo olvidarse de esa persona que ya no les quiere.
Difícil entender cuando aquello a lo que nos aferramos no es algo que nos
aporte amor y felicidad sino algo que nos daba únicamente costumbre y seguridad
aparente. Construimos ideales, castillos de naipes en torno a esa persona que
nos salvará y nos colmará de una felicidad que solo nosotros mismos podemos
darnos. Solo de nuestra propia esencia y de lo que somos podemos nutrir nuestra
alma para llegar a ser felices y dichosos. Tratamos constantemente de pedírselo
a otros, de aferrarnos, de apegarnos, de llorar por otros, reclamar a otros,
exigir que nos den su amor, que reconozcan todo el esfuerzo y sufrimiento que
invertimos en ellos. Nuestra manera de responsabilizar a otro de nuestra propia
felicidad no es sino una manera de
evadir responsabilidades propias.
Es curioso ver como el modo de
elegir nuestras parejas no es más que un intento de cubrir nuestras carencias
infantiles de amor. No cabe duda que todas nuestras madres y padres hicieron
cuanto pudieron o supieron para darnos su amor en base a lo que ellos
recibieron. En materia emocional, si echamos la vista atrás, se le daba escasa
importancia a mostrar emociones y afectos sinceros, a dedicar espacios
familiares de comunicación donde se expresasen los afectos. Se daba por sentado
que tu madre y tu padre te querían y por eso no había que decirlo. Lo que
estaba bien ya se sabía y lo que hacíamos mal se repetía hasta que supiésemos
hacerlo bien. En esa carencia de refuerzo positivo y de dificultad de expresar
el amor sentido algunas personas se sienten con una autoestima adulta pobre que
acaba produciendo en ellos una dependencia emocional y la necesidad de
reconocimiento de los demás, en especial de la pareja. Con tales exigencias y
demandas infantiles, es posible que la pareja se agobie o asfixie más tarde o
temprano.
Solo cada uno de nosotros podemos
devolvernos el amor, desde la profunda comprensión de que lo que nos dieron es
todo cuanto nos pudieron dar nuestros padres y es suficiente. Solo
integrándolos a ambos en nuestros corazones desde el amor profundo y el respeto
a lo que nos dio la vida podremos respetarnos a nosotros mismos y tener una
sana autoestima.
Es importante cuando nuestras relaciones
sentimentales fracasan una y otra vez analizar la relación con nuestra madre y
nuestro padre y ver si estamos ocupando en ella el papel que nos corresponde
como hijos y si los tenemos a ambos integrados de forma amorosa en nuestro
corazón. De no ser así, tal vez deberíamos pedir ayuda emocional para poder
hacerlo y, con nuestra familia en paz, posiblemente sea el momento de poder
formar una nueva, no sin una previa y dificultosa tarea. Construir muros sin unos cimientos nunca ha sido posible; del
mismo modo, construir relaciones de pareja sanas desde la falta de amor a
nuestros orígenes y quien nos dio la vida es una tarea, sin duda, destinada al
fracaso.
Os animo a todos a sanar el
origen del amor en vuestros corazones, dar a nuestros padres un lugar de amor e
integrarlos agradeciéndoles que nos dieran la vida y que a pesar de las
dificultades que tuviesen siempre hicieran todo cuanto supieron y pudieron por
nosotros. Os animo a aceptar que no existen padres perfectos y que los nuestros
nos han dado lo suficiente y necesario para poder ser y elegir un futuro desde
nuestra responsabilidad de adultos.
miércoles, 18 de noviembre de 2015
Pienso, luego siento.
Varios filósofos antiguos (Platón y Aristóteles) y
líderes modernos (Antony Robbyns, Robin Sharma, Suryavan Solar) coinciden en
que “el hombre es el verdadero dueño de su destino”. ¿Cuál será la raíz y el
punto de convergencia capaz de perdurar en el tiempo? La respuesta más adecuada
y simple es que hombres y mujeres que asumen la responsabilidad de sus propias
vidas y de liderarse a sí mismos tienen el poder y la capacidad de influir en
su propio subconsciente, es decir, pueden construir un jardín florido y
abundante, lleno de flores de todos los colores y tamaños, a través de
pensamientos constructivos y positivos; o por descuido dejar que se filtren
pensamientos inútiles y negativos y crezcan y se reproduzcan en ese jardín como
maleza, sembrando desconfianza hacia ellos y sus semejantes.
Saber
reconocer nuestros pensamientos es la base de nuestra capacidad para dar y
recibir. Ser consciente de cómo nos sentimos y sintonizar con esos sentimientos
es la forma más rápida de saber lo que estamos pensando.
Emociones
tales como el entusiasmo, la felicidad, la gratitud o el amor nos predisponen a
estar abiertos, generosos y en armonía, independientemente de lo que pase a
nuestro alrededor. La celebración de ese estado atrae más emociones de ese tipo
y situaciones que nos brindan bienestar. En realidad es muy sencillo: “semejante
atrae semejante”. Si a diario te preguntaras “¿Qué estoy atrayendo?” ¿Cómo me
siento en este momento de mi vida? Probablemente, si te sientes bien, estarás
creando un futuro que seguirá la senda de tus deseos. Todo lo que pensamos y
sentimos está creando nuestro futuro.
Por
otro lado, emociones como angustia, enojo, ira, rencor o frustración atraerán
más desarmonía e insatisfacción. Los
pensamientos son los que provocan los sentimientos. Éstos determinan la
frecuencia de nuestras emociones. Recuerda que los pensamientos son la causa
primera de todas las cosas. Cuando mantenemos un pensamiento durante un tiempo,
éste se transmite al Universo. Ese pensamiento se adhiere magnéticamente a la
frecuencia de lo semejante y en cuestión de segundos devuelve la lectura de esa
frecuencia a través de las emociones que sentimos.
Dicho de otro modo, el
Universo se comunica contigo a través de tus sentimientos
para decirte en qué
frecuencia te encuentras en este momento. Cambia tus pensamientos y dirígelos a
dónde quieres. Del mismo modo, todo aquello que pensamos o hacemos tiende a volver a nosotros, tal vez
nunca de dónde esperamos o creemos que llegará, pero sí de algún lugar,
recibiendo así aquello que nosotros mismos hemos dado. Lo que hacemos y cómo lo
hacemos vuelve como un boomerang hasta nosotros de la misma forma en que lo
hemos hecho, sin cambios, y además deja huella, inevitablemente. Algunas más
profundas que otras, pero lo que hacemos siempre le influye a alguien
(incluidos nosotros mismos) y nuestras acciones llegan más lejos de lo que
sospechamos. Las personas hemos de esforzarnos en vencer el miedo y la
desconfianza ante la incertidumbre de lo que no conocemos y cambiar la forma en
que actuamos y pensamos, mostrarnos de forma autentica y sincera, quitarnos las
máscaras. Pero para vencer la inseguridad necesitamos esforzarnos desde dentro
para que nuestra actitud se refleje también hacia fuera. Son solo algunos los
que suelen anticiparse a los cambios, señalando los caminos que después seguirá
la mayoría; unos pocos son los genuinos, auténticos, espontáneos, los que no
desconfían del resto, mostrando una actitud abierta y generosa. Eso no evita el
no poder alejarnos de personas que emiten negatividad, ni tratar de luchar
contra molinos de viento para que todo el mundo actúe desde el amor.
Responsabilizarse de lo que uno hace no tiene una connotación negativa sino
todo lo contrario, implica madurez y libertad. Cuando comprendemos que somos
libres de tomar la actitud que queremos en la vida, responsabilizarnos de
nuestras acciones nos resulta fácil y natural. Si al principio parece incómodo,
el truco está en darnos tiempo. No tenemos por qué responder ni actuar en el
mismo momento en que ocurren las cosas. Somos libres de tomarnos el tiempo
necesario hasta asegurarnos de tener la actitud deseada. Esta es la gran
diferencia entre actuar y reaccionar. Después, es necesario aceptar las
consecuencias con optimismo, sabiendo que son éstas y no otras, el resultado de
nuestra acción. Es la ley de causa y efecto: “Quien siembra, recoge.”
Reflexionemos sobre qué estamos pensando al leer esto,
en nuestros sueños, nuestros deseos, en si nos alejamos de personas que amamos
por orgullo, en si somos sinceros con los demás y con nosotros mismos;
entendamos que lo que pensamos tiene un impacto y que lo que hacemos nos llegará
de otros, lo bueno y lo malo; pensemos en comportarnos tal y como nos gustaría
que nos tratasen a nosotros.
Dedico este artículo a alguien que llego hace unos
días a mi vida después de años perdido, para devolverme su agradecimiento y su
amor, alguien que con sus palabras ha renovado el vuelo de mi boomerang, que ya
se dirige de nuevo cargado de amor en otras direcciones, pues en algún momento
pensé que no llegaría, tal vez solo porque creía que vendría desde otras
direcciones.
Gracias, Suso.
martes, 6 de octubre de 2015
miércoles, 16 de septiembre de 2015
CON LA CAPA DE SUPERMAN Y VOLANDO AL RAS.
Todos desempeñamos roles cuando nos relacionamos con los demás.
Dichos roles van cambiando y, en ocasiones, pueden llevar a relaciones
patológicas y de dependencia mutua e insanas.
Resulta
llamativo como, por lo general, no somos conscientes de qué actitud adoptamos
cuando nos relacionamos con los demás, y cómo este rol determina, en muchas
ocasiones, nuestra forma de comunicarnos y de relacionarnos. Son los llamados juegos psicológicos.
Hay 3 posibles roles que se adoptan
cuando hay conflictos:
- Víctima: en este caso, la persona adopta un papel de víctima de la situación. Es habitual que diga frases del estilo: “¿Por qué me pasa a mí esto?”,” Todo me pasa a mí”, “Tengo mala suerte”…. La persona en el papel de víctima busca auto compadecerse y que alguien le salve de su situación. Es una postura cómoda para la persona ya que trata de despertar sentimientos de pena y lástima en los demás.
- Perseguidor: a diferencia del papel de víctima, la persona que adopta el papel de perseguidor suele aprovecharse de las debilidades de los demás para descargar su rabia con ellos. Se trata de humillar sin más, perseguir hasta que los otros se sientan culpables por lo que hacen o no hacen.
- Salvador: la persona que adopta este rol trata incesantemente de salvar a todo el mundo de todos los males del universo, tanto si se lo pides como si no. El salvador ayuda por la necesidad intrínseca que siente de sentirse imprescindible.
Para este artículo me gustaría centrarme
concretamente en el rol del salvador.
Esta persona denota una preocupación excesiva por los sentimientos y
necesidades de los demás, incluso en detrimento propio. Cree que si se
compadece de los demás y se sacrifica lo suficiente por ellos será una persona
alabada y querida. No obstante, dado que raras veces hace públicas sus propias
necesidades y sentimientos, y menos aún los hace prevalecer, lo normal es que
termine sintiéndose agobiado e inapreciado. Sin embargo, al creer que sus
acciones hacen de él “una buena persona”, en el fondo se siente orgulloso de su
sacrificio y de su desvelo por el prójimo.
En el fondo
el Salvador es un niño abandonado que sin saberlo espera encontrar a alguien
que le salve. Tal vez sus carencias de niño/a abandonado/a le hacen tener la
necesidad de no dejar a nadie desprotegido en un afán inconsciente de no
revivir su propia historia de pérdidas y carencias.
Difícilmente
podrá cubrir esas carencias cuando, en su intento de salvar, suele ser
frecuente vincularse con personas dependientes,
atrayéndose como los polos opuestos de un imán o también puede gestarse desde
una relación interpersonal normal y derivar lo patológico bajo un hecho de
características especiales como ser la pérdida real o subjetiva de autonomía,
no solo física, sino que también en algún otro aspecto de la vida, por ejemplo
podría gestarse entre dos amigos, familiares, pareja , en que uno de ellos
pierda el trabajo o ingrese en una situación económica difícil.
Esta persona que asume el rol de salvador es aquella que
presta toda su capacidad de acción sobre quienes se vinculan con ellas a través
de su esfuerzo voluntario de superación,
proyecta sus capacidades en auxilio de los demás, a los que considera
dentro de la frontera de su ego, con el objeto de hallar un lugar en el mundo.
Este tipo de respuesta interna puede también deberse a una sobre-exigencia sufrida en su crianza para poner en práctica valores morales impuestos, sin que se le haya permitido tomarse el tiempo de experimentar en la vida y equivocarse para poder definir su propia moral.
Este tipo de respuesta interna puede también deberse a una sobre-exigencia sufrida en su crianza para poner en práctica valores morales impuestos, sin que se le haya permitido tomarse el tiempo de experimentar en la vida y equivocarse para poder definir su propia moral.
Las razones
por las que una persona actúa de esta forma son, en general, inconscientes; conscientemente
se percibe como bondad y buena voluntad y puede haber sido un aprendizaje
irracional inconsciente asimilado en alguna etapa de la vida o como medio para
defenderse de la soledad, para encontrar un lugar en el mundo, para compensar
sentimientos de culpa, los cuales pueden tener un contenido irracional o irreal
introyectado en la niñez en ámbitos culturales en donde la ausencia de bondad
era ampliamente censurada. Cabe aclarar que en esencia el que asume el rol de
salvador tiene sentimientos positivos, solo que invade, o bien se deja
manipular en ocasiones o manipula él, para actuar dentro del ámbito de la frontera del ego de otro ser humano, suponiendo que es el
rol que corresponde en función de fantasías al respecto de sus capacidades.
Existen casos
extremos en que este tipo de vinculación (dependiente – salvador) deriva
gradualmente desde una relación normal a la trasformación en una relación
patológica, en que la persona dependiente se convierte inconscientemente en un
insaciable tirano y dominador, mientras que el salvador, en su inconsciente
obligación autoimpuesta a hacer el bien proyectado exclusivamente en la persona
dependiente, termina frustrado en una caótica relación de codependencia. Muchas
veces el salvador se encuentra con sentimientos de culpabilidad al poner un
límite sano en esas relaciones de dependencia insanas, viéndose juzgados por su
propia víctima a la que ayudaban, que se convierte en cruel verdugo que expulsa
a su salvador definitivamente de su vida, buscándose siempre tal como hace la
víctima excusas en las que se justifica dicha expulsión y se culpa al salvador
de no haberle dado la ayuda que requería o no haberle sabido entender a pesar
de los esfuerzos y la energía gastada por el salvador en ayudar a la víctima
que nunca se dejara salvar para continuar regocijándose en los beneficios de su
propio rol de víctima.
El salvador
debe aprender a salvarse a sí mismo, pues su propia necesidad de salvar a otros
es un intento fallido por encontrar su propia salvación a sentimientos de
pérdida y culpa albergados desde su niñez, produciendo su papel de continuo
salvador frustraciones constantes y una falta de control, pues las víctimas
tienen mucho miedo a salir de su papel por ser el único que conocen y saben
representar y eso supone muchas veces que el salvador no consiga su objetivo de
salvarlos con el posterior abandono de la víctima.
El desapego
del salvador de esas personas y el establecimiento de límites y superación del
abandono de la víctima ,muestra de forma visible la mejora en el sentimiento de
abandono del niño que se convierte en su propio salvador.
¿Qué pasa
cuando Superman se quita su capa? , Nada, solo que no puede volar ni tiene
superpoderes; se convierte en una persona normal con responsabilidades
normales, un trabajo normal y una vida normal, no en un superhéroe pendiente de
salvar al mundo de todas sus catástrofes.
La persona
empieza a saber pedir a otros y establecer relaciones sanas que le aportan y no
relaciones en las que solo aportan ellos a víctimas necesitadas.
Venga
Salvadores, quitaros la capa, es muy cansado ser un superhéroe de por vida,
quitaros los miedos al quitaros la capa, pues debajo se esconde una increíble
persona con miedos y coraje para afrontar cualquier cosa, aunque no podamos
volar.
Dedicado a
todas aquellas personas que asumen el difícil rol de salvadores y en especial a
esa niña de mirada dulce a la que tanto quiero para que se quite la capa…
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