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martes, 1 de febrero de 2022

INANICIÓN EMOCIONAL POR COVID

Los seres humanos somos el producto de la historia de nuestras relaciones, las primeras de ellas son las que establecemos con nuestros padres y figuras de apego desde que nacemos. Nuestros seres queridos se adentran en nuestros corazones y mentes y cuando lo hacen, nos transformamos. Los abrazos son profundamente calmantes y desde nuestra niñez nos aportan lo necesario para nutrirnos emocionalmente. El apoyo emocional surge de forma natural con la cercanía, el apego, la conexión, la mirada cercana, las sonrisas de complicidad y los abrazos sentidos. Estamos en un momento donde la distancia social es la norma a seguir, los abrazos están vetados y las miradas transmiten miedo y desconfianza. Pobres de aquellos que se alejan del amor y no tienen caricias o abrazos. Estamos en un mundo en donde la mentira y la incertidumbre van de la mano de aquellos que dirigen el mundo y la mayoría se calla y asiente en silencio por miedo o evitación del conflicto. Pobres de los que crean que por no hablar o callar serán salvados. Estamos en un mundo en donde los que dicen las verdades no quieren ser escuchados porque dan miedo y se quedan solos con su verdad y su dignidad, pero con los abrazos sinceros. Con la situación actual desde la pandemia, la inanición emocional es una realidad. Sentirse emocionalmente desamparado, rechazado, abandonado o sin abrazos o nutrientes emocionales, dispara el dolor y el pánico emocional y físico, baja nuestro sistema inmune y nos vuelve más vulnerable a este y a cualquier virus. Con las normas de aislamiento impuestas se ha sembrado el miedo y desconcierto social, las personas no conscientes se están desconectando emocionalmente y rompiendo lazos incluso familiares; veo familias en consulta que llevan sin ver a sus padres años por miedo al contagio, sin reuniones familiares, sin vida social, sin abrazos. Enfrentarse a esta nueva situación de incertidumbre y miedo cuando las necesidades primarias de conexión no están cubiertas es una tarea muy difícil y hace que las consultas de psicología estén desbordadas. El equilibrio emocional, la calma, la alegría, la creatividad, la pasión no existen sin el amor y la conexión con los demás. Si tomásemos consciencia y fuésemos capaces de escuchar nuestras emociones y nuestro cuerpo nos daríamos cuenta exactamente de lo que necesitamos, nuestros pensamientos son cada vez más confusos en un mundo cada vez más difuso y borroso lleno de miedo e incertidumbre por lo que vendrá. Todos apretamos el botón del pánico en ocasiones y sin duda lo dispara nuestra mente y sin duda escuchar los medios de comunicación y ver a diario las noticias, dispara ese botón. El amor es la única manera de sobrevivir a estos tiempos y elevar nuestro sistema inmune y nuestra energía, conectando con las personas que amamos al mirarlas, al escuchar sus voces, al abrazarlas y vivir cada momento a su lado de forma presente y con gratitud. Si el miedo, temporalmente, no lo permite, a nosotros o a las personas más vulnerables como padres o abuelos, te propongo que dediques unos minutos cada día a meditar y visualizar la conexión de amor con aquellos seres queridos a los que no podemos abrazar e imaginarlo como si fuese real. Llámalos y transmíteles tu amor, de la forma que puedas. Las familias afectivas son la base de una sociedad humana y sana, así que abracemos a nuestros seres queridos y si, temporalmente y por miedo, no podemos hacerlo, abracémoslos con la imaginación. Creemos comunidades afectivas para un mundo más solidario. Sin entender la necesidad de amar inherente al ser humano no podremos crear un mundo que muestre lo mejor de nuestra naturaleza humana y apague las sombras que existen en esa misma naturaleza humana y con ello apague también nuestros miedos irracionales. ¿Es tan difícil entender lo que es esencial?, como decía el hermoso libro del principito: “Lo esencial es invisible a los ojos” Tengo la confianza en que toda esta pesadilla terminará y aprenderemos de esta inanición emocional; sin duda en todo ello la salud mental y emocional de muchas personas quedará seriamente afectada, pues las cifras de aumento de casos con ansiedad y depresión son cada vez más preocupantes. Confío también que esta dieta a la que estamos sometidos emocionalmente nos haga despertar del letargo en el que vivimos, transmitiendo el amor y compasión a nuestros semejantes y respetando la libertad de cada ser humano en esta difícil situación y no enfrentándonos los unos a los otros por las opiniones diversas en cuanto a vacunas y normas, a mi modo de ver la mayoría de ellas incongruentes y expandidas a través del miedo. La receptividad emocional y la conexión con nuestros semejantes, sin duda, puede mejorarlo todo. Creo firmemente que si nosotros, como especie, queremos sobrevivir en este planeta azul y verde tenemos que aprender a no prestar atención a la falsa ilusión de ser independientes unos de otros y comprender que necesitamos conectar los unos con los otros. Tengamos el valor para desde el amor y compasión poner luz al desconcierto, la mentira, la manipulación, la mezquindad, la cobardía y el miedo. Mira hacia dentro, ahí está la luz y el ancla de tu interior. No mires hacia fuera pues de ahí viene el caos y el desconcierto. Porque como decía Carl Gustav Jung: “Quien mira hacia fuera sueña, quien mira hacia adentro, despierta”

jueves, 19 de noviembre de 2020

AMOR EN TIEMPO DE CORONAVIRUS

En el temps que vivim, aprendre a reforçar els vincles de l’amor és una tasca urgent per a tothom. La connexió amb els demés ens proporciona una intimitat que ens ajuda a enfrentar-nos a les dificultats del present i a viure millor. Agraeixo a diari la trucada d’aquella amiga amb qui puc parlar de la situación actual que ens toca viure, i pensa com jo. Valoro a diari els petons i l’acaronament dels meus familiars i dels més propers. En realitat, l’amor és allò que dóna sentit a les nostres vides. No dubteu que tots, quan ens toqui canviar de pla i ens trobem propers a la mort, recordarem la qualitat de la nostra connexió amb els èssers estimats; llavors serà “l’únic” que compti. La nostra cultura ens anima a competir més que a connectar, encara que fa milions d’anys d’evolució que estam programats per cercar la pertenença i connexió amb els demés. Tot i així, insistim en la creença que ser forts és no necessitar res dels altres, i això es converteix en quelcom especialmente perillós en un temps on el nostre sentit de comunitat es veu amenaçat per un virus que ens fa mirar-nos amb desconfiança, ens prohibeix tocar-nos, besar-nos o abraçar-nos, tot per tal de no contagiar-nos. Un virus que no permet veure l’expressió facial o percebre els somriures, que ens aboca a una distància social en la recerca d’una “supervivencia” física, amb el peatge, però, d’una molt emocional lenta però assegurada. Ja abans de l’arribada del virus vivíem en una societat amb una forta preocupació social per fer “més en menys temps”, per omplir les nostres vides amb més i més possessions. Fa temps que construim una cultura de la separació, totalment oposada a la nostra biología i psicología naturals. De tots és ben sabut que si privam un nadó o un infant de contacte emocional, encara que l’alimentem, “morirà”. Ara bé, pensam que amb un adult no ocorrerà el mateix. Ans el contrari, està ben demostrat que l’única manera d’enfrontar la nostra vulnerabilitat és recolant-nos mutuament. Amb la connexió amorosa, l’oxitocina, hormona de l’amor, amara els nostres cossos, aportant-nos alegría i tranquilitat, i la sensació que “tot va bé”. El nostre cos està programat per aquesta connexió. Els nostres èssers estimats s’endinsen en els nostres cors i ments, i quan ho fan, ens ens transformen. Tots som el producte de la historia de les nostres relacions. Les abraçades són profundament calmants i satisfactòries, tant si es donen com si es reben. El suport emocional sorgeix de forma natural amb la connexió que provoca una mirada propera o un somriure de complicitat. Si la situació sanitària actual s’allarga, la fam emocional serà una realitat. Sentir-se emocionalment desemparat, rebutjat o abandonat dispara el dolor i el pànic emocional i físic, baixa el nostre sistema inmune i ens tornam més vulnerables a n’aquest o qualsevol virus; així que hi ha poques formes d’enfrontar la incertesa i la por que ha provocat aquesta situación si les necessitats primàries de connexió no estan cobertes. L’equilibri emocional, la calma, l’alegria, la creativitat o la passió no existeixen sense l’amor i la connexió amb els demés. Les nostres emocions, si fóssim capaços d’escoltar-les, ens indicarien exactament allò que necessitam, més que els nostres pensaments, cada volta més confosos enmig d’un món cada volta més difós i confós, ple de pors i incertesa del què vindrà. Tots premem a vegades el botó del pànic, disparat per la nostra ment plena d’informació bombardejada pels mitjans de comunicació. L’amor és l’única forma de sobreviure en aquest temps i elevar el nostre sistema inmune i la nostra energía. Les famílies afectives són la base d’una societat humana, aíxi que abracem els nostres èssers estimats i creem comunitats afectives per a un món més solidari. Entendre la nostra necessitat d’amar és fonamental per a construir un món que ens permeti mostrar el millor de la nostra naturalesa i apagui les nostres ombres. És tan difícil entendre allò què és essencial? Tal vegada sí, doncs com es deia a la novel.la El petit príncep, “allò essencial és invisible als ulls”. Vull tenir l’esperança què, després de tot allò que ens està tocant viure, arribarà un món millor, on podem aprendre de l’amor després d’aquesta “dieta” a la què estam sotmesos, on podem transmetre allò millor de nosaltres mateixos per així poder canviar les coses. La receptivitat emocional i la connexió amb els nostre semblants, sens dubte, pot millorar-ho tot. Crec fermament que si nosaltres, com a espècie, volem sobreviure en aquest planeta blau i verd, hem d’aprendre a no prestar atenció a la il.lusió de ser independents els uns dels altres i hem de comprendre, d’una vegada per totes, que sóm èssers interconnectats.

martes, 25 de septiembre de 2018

UN EQUIPO SIN ESTRELLAS CON UN CIELO CLARO

Desde hace un tiempo me dedico a asesorar empresas en la parte de relaciones humanas como coaching empresarial y es algo apasionante poder aportar algo de claridad a las diferencias existentes que crean conflictos y estancamientos en los equipos humanos.
Una organización es un sistema humano complejo, sin duda algunos de una complejidad mayor debido al gran crecimiento de las mismas. Si ya en un sistema aparentemente sencillo como el familiar conviven conflictos que a todos nos producen malestar, en una mediana o pequeña empresa esas dificultades se van multiplicando en base a muchos factores, como por ejemplo, el tamaño de ese sistema organizacional.
En mis experiencias como coaching en los últimos años he podido detectar que,  independientemente del equipo o el objetivo de la empresa, las dificultades siempre son las mismas: las relaciones humanas y el tipo de liderazgo que guía a la empresa. Aquellas empresas grandes en las que conviven muchas personas y los organigramas son más diversos, tienen muchas más dificultades, pues los sistemas son más complejos e intervienen muchas más personas. Por otro lado, si aprovechásemos las sinergias de las capacidades de los equipos humanos grandes y empezásemos a cambiar la forma de vernos los unos a otros, desde una mirada más humilde y amorosa, los resultados de las empresas sin duda se multiplicarían hacia el éxito.
En mi formación he tenido también la suerte de conocer empresas que hacen del trabajo un lugar feliz, donde todos se dirigen, sin perderlo de vista, hacia un objetivo mayor y más grande que las discrepancias entre sus opiniones o egos encontrados. En dichas empresas hay algo común de suma importancia, y es que cada uno sabe ocupar su lugar y mirar al otro desde el respeto y la humildad, pues es bien cierto que de opiniones diferentes a la nuestra y de diferentes puntos de vista siempre podemos aprender algo nuevo y enriquecedor.
Hay un autor, Robert Safdie, que me encanta por su trabajo con equipos humanos; consultor en administración y recursos humanos y autor del libro ¡Aquí mando yo!, muchas de las cosas que relata han sido una fuente de inspiración en mi trabajo en organizaciones humanas como hospitales, hoteles, empresas generadoras de recursos, escuelas, etc.
Safdie considera que una persona pobre bien puede ser autoritaria y prepotente, porque esto no depende del estatus, sino del carácter, porque la humildad corresponde a dos virtudes principales: el respeto y la tolerancia.
En el plano laboral, además, se hace necesario que esta actitud sea recíproca. Ser respetuoso, tolerante y colaborador, pues, es fundamental para el trabajo en equipo. Es sencillo: un equipo no debe tener estrellas, sino un grupo de personas que comparten los éxitos y asumen juntos las responsabilidades cuando las cosas no funcionan.
Así mismo, advierte que no se debe confundir humildad con sumisión. “Una persona puede ser humilde manteniendo intacta su autoestima, sin ser sometida”. Está a favor de ser un colaborador, no un subalterno para toda la vida y por ello recomienda a los  niveles superiores que busquen trabajar con gente humilde sin ser sometida, pues podrá confiar en que ellos pondrán en evidencia su verdadera personalidad y usarán su criterio.
La persona sometida no inspira confianza, pues hace solo lo que se le manda y lo interesante para avanzar es que la persona tenga derecho a opinar,  disentir y  tomar iniciativa. Que mientras respeta las normas, procedimientos y colaboradores, pares y superiores en la jerarquía laboral, jamás deja de hacer prevalecer su autoestima. Alguien que está consciente de lo que vale, de lo que puede aportar y de sus debilidades, interpreta bien el concepto de humildad.
El liderazgo humilde sí es posible, dice Safdie, y consiste en respetar al equipo de trabajo, aceptar a todos como son y ayudarlos a progresar, guiarlos hacia el éxito. Mandar contra toda razón no es ser líder, al igual que tampoco lo es no definir una línea clara en el horizonte de hacia dónde se dirige el equipo. El líder debe ser un cielo claro que marque el camino, donde cada uno se coloque en su lugar, sin estrellas que brillen más, desde la igualdad, en base a las competencias y formaciones de cada uno de los miembros del equipo. No existen tareas más o menos importantes, sino aquellas para las que estamos preparados y formados y que, a su vez, nos motivan y apasionan.
A menudo en las empresas suceden cuestiones muy simples que se vuelven complejas, como en los intentos de establecer relaciones con otros que terminan en malestar, porque la otra persona no responde como esperábamos o simplemente no muestra interés. Ese malestar  proviene de las expectativas: esperamos algo del otro a cambio de nuestra intención. Y de eso también hay que liberarse cuando se quiere descubrir lo que es la humildad, puesto que el  otro no tiene la obligación de llenar mis expectativas ni darnos la respuesta que queremos. Lo único que cabe hacia el otro, en su diferencia, es el respeto. Cada persona que forma parte de un equipo humano tiene la responsabilidad de  trabajar en sus emociones y aprender a no sufrir cuando no se cumple lo que uno espera.
Las expectativas, aunque lo parezca, también son una forma de encumbramiento del ego. Creer que se sabe, se tiene o se puede más, y por tanto, se tiene derecho a esperar más. Si nos ponemos por encima de los otros no puede haber comunicación real.
El otro extremo es tomar una actitud de aceptación a todo lo que el otro quiera, dejando de lado el propio criterio; rebajarse tampoco es humildad, sino más bien un grado  de servidumbre y de falta de autoestima. Creerme menos que el otro es actuar desde el miedo. El humilde no se desprecia sino que es muy acertado en cómo se ve y se presenta a sí mismo. El humilde habla de sí mismo y sus emociones y no utiliza las opiniones de otro como escudo ni como arma arrojadiza cuando las opiniones del otro son diferentes.
Uno de los objetivos fundamentales, como persona dentro de un equipo, es el plantearse individualmente  la siguiente pregunta: ¿Puedo aceptar a esta persona en totalidad tal cómo es? Así es válido esperar que el otro tenga la intención de aceptarnos también. Pero si mido el valor del otro en función de que cumpla o no mis expectativas estoy diciendo que mis parámetros son los únicos válidos, que para mí no existen los de la otra persona.
La humildad, tiene mucho que ver con la empatía, saber que el otro es tan digno de vivir y ser amado como uno mismo, y que para tratar de hacer algo juntos hay que poner los dones de cada uno al servicio de un bien mayor. Si tengo esa intención y el otro lo percibe estamos conectados y no nos obstaculizarán la soberbia, la vanidad, la envidia y la competencia.
Para llegar a la humildad hay que salir del camino de la competencia, aun cuando nos  han puesto el competir como la clave del éxito. La humildad implica gratitud ante la vida, contentamiento por ser quien se es. Si quieres llegar a cierto nivel para servir más y mejor, puedes hacer un camino de éxito sin perder la humildad. Puedes destacar, pero lo importante es qué te impulsa  a llegar allí.
Pues la persona más humilde no está para ser servida, sino que ha desarrollado una gran capacidad de servicio. Mientras más respetable eres, mayor es tu nivel de respeto para los otros. Quien ha recibido mucho (conocimiento, experiencia, títulos, bienes, dones) adquiere altas responsabilidades de servir.
Y el primer servicio que presta la humildad es el bienestar y la paz interior. El poner límites sanos y conscientes es reconocer que los necesito para tener paz y salud. No se trata de dejarse golpear dos veces la mejilla, sino de tener el temple de no devolver el golpe, de expresar el propio parecer, esperar a que el otro reaccione mejor, y si no, retirarse.
Es decir: Tengo tanta dignidad como tú y no te doy permiso de que me faltes el respeto. Eso no es bueno para ti ni para mí. Tú has de crecer aprendiendo a respetar a los demás, y yo he de crecer aprendiendo a poner un límite sano para mi bienestar.
Es apasionante al realizar trabajos en  grandes empresas, con diferentes colectivos y un gran número de empleados, como se puede observar el cambio de mirada hacia el otro cuando nos paramos a hacerlo desde la humildad  y la escucha, cuando no nos miramos únicamente a nosotros mismos sino que nos permitimos acercarnos al otro. Tal como dijo  Warren: “Humildad no es pensar menos de ti mismo, es pensar menos en ti mismo”.
Invito a los líderes de cualquier empresa a dar espacio para que los equipos se miren con humildad, a ser cielos claros que ayuden a que todas las estrellas ocupen su lugar y entre todas puedan iluminar un cielo cada ver más hermoso y claro.

jueves, 20 de julio de 2017

ENVIDIA LABORAL:EL BRILLO QUE MOLESTA A QUIENES VIVEN EN LA OSCURIDAD

La envidia a un reconocimiento es la principal causa de acoso laboral. "Los profesionales más dedicados y productivos son los que suelen sufrir más este acoso" (Iñaki Piñuel).
Deberíamos aproximarnos al tema teniendo claro que las raíces del acoso moral están en la envidia.

Personalmente, a pesar de ser psicóloga me cuesta entender  los fundamentos en los que se basa la envidia, y en especial la envidia profesional.

Las personas acosadas suelen ser personas brillantes en su profesión y en su vida personal, luchadoras y trabajadoras, empáticas y sinceras, y por ello suscitan la envidia de sus compañeros y, en ocasiones, incluso la de sus superiores.
El sujeto acosado es percibido como una amenaza por los envidiosos. Resulta para ellos frustrante el tener que medirse con alguien que les supera profesional y personalmente de manera abrumadora.
Por otra parte, para sus superiores, tampoco el del acosado suele ser un perfil cómodo, ya que se teme que el aprendiz supere al maestro y le desplace de la estructura de poder en la que éste se encuentra instalado.

Si tenemos más o menos claro este punto de partida, lo que viene después es la consecuencia lógica del comportamiento humano ante la percepción del peligro… ¡defenderse atacando!.
Como decía Thomas Hobbes, “El hombre es un lobo para el hombre”
 
Los envidiosos necesitan ser siempre los protagonistas de la película, su inseguridad hace que necesiten ese reconocimiento, y si personalmente no conseguimos prevalecer por la vía del mérito profesional tendremos que recurrir a otras estrategias para eliminar de nuestro entorno a quien nos pueda eclipsar. 

Cuando el inseguro/amenazado no sepa cómo canalizar el malestar y la zozobra que le provoca la superioridad del compañero o subordinado empezará a surgir en su  interior la rabia, el resentimiento y a partir de ese momento, el acosador valora, planifica, y premedita qué estrategia emplear para neutralizar el peligro que personifica para él el acosado. Por supuesto esas planificaciones perversas pillan al acosado fuera de juego y le causan un impacto emocional enorme-
El acoso tiene una naturaleza finalista: hacer desaparecer al acosado, anularle, provocar su desgaste y su sufrimiento moral hasta llevarle a la extenuación y desencadenar que, tras este padecimiento y por “voluntad propia”, abandone la Organización.
El acosador busca deliberadamente causar daño psicológico y moral y dañar la autoestima de su víctima mostrando desprecio hacia ella y atacando a su honor e imagen, buscando aliados y poniéndolos en su contra, tergiversando la realidad o buscando cualquier fallo en el acosado para hacerle sentir mal.

Las técnicas para lograr tal fin son múltiples, pero en todas ellas se encuentran en estos tres elementos:
§  La intencionalidad de desgastar a la víctima
§  La persistencia continuada en el tiempo de las conductas 
§  La finalidad última de hacer desaparecer al acosado del entorno laboral.

En el acoso lo más complicado es que nos movemos en el mundo de la mayor sutileza. Hablamos de conductas aparentemente inocentes, pero que van golpeando como una gota que permanentemente va erosionando una roca de forma lenta pero constante a veces con mayor intensidad, a veces con menor. Algunos ejemplos de dichas conductas sutiles podrían ser:
Que alguien olvide proporcionarte informaciones de contenido importante y necesario para el desempeño de tus funciones
§  Que los temas de tu ámbito de responsabilidad  pasen sistemáticamente al final de la lista de cosas a tratar,
§  Que alguien te salte y asuma por ti las tareas que tienes asignadas,
§  Que te encomienden mayoritariamente tareas absurdas o sin sentido,
§  Que te veas obligado, ante la falta de medios, a hacer tareas que por tu clasificación profesional en el organigrama no te correspondería desarrollar,
§  Que dejen de convocarte a las reuniones… o ¡peor aún!, que te convoquen con cinco minutos de antelación a las misma porque “olvidaron avisarte antes”.
§  Que nunca se te reconozca un logro y se magnifiquen sistemáticamente tus errores.
§  Que siempre se sostenga la postura contraria a la que tu defiendes sin ni siquiera permitirte expresar con libertad tus puntos de vista … etc.
§  Que se manipule cualquier información para culpabilizarte de errores generales.
 

Pero además, podrán presentarse también otras técnicas colaterales erosionadoras tremendamente eficaces cuando se ponen al servicio de estos fines:  
§  Así, si tenemos presente que el objetivo es el desgaste emocional de la víctima,  es innegable que no hay nada mejor que recurrir a la crítica difamatoria  y al descrédito por la espalda, así como a crear camarillas para hacer frente común contra el acosado, ¡la unión hace la fuerza!, ¿no?                                                                           
§  El aislamiento del acosado es igualmente uno de los objetivos fundamentales que todo acosador persigue para lograr el desmoronamiento emocional  de su víctima.                  
§  Muchas veces también la provocación es parte fundamental de la estrategia. Si ésta rebasa ya los límites de tolerancia del acosado y éste se revelase el acosador sabrá darle la vuelta a esta situación para presentarse él mismo como víctima y desequilibrar aún más si cabe a quien está padeciendo esta estrategia de tortura. No olvidemos tampoco que el fenómeno del acoso aparte de alimentarse de la inseguridad tiene un gran componente de cobardía. Por esa cobardía es por lo que el acosador suele buscar aliados pues en el fondo no es capaz de enfrentarse solo a la víctima pues su brillo le da miedo.

Los Efectos del acoso laboral

“Dad la palabra al dolor: el dolor que no habla, gime en el corazón hasta que lo rompe”(William Shakespeare)
Llegará un momento en el que la víctima ya no sabrá cómo acertar, no sabrá si expresar o no sus opiniones, si intentar mantener una cordialidad pese a todo, o si sacar los dientes para que los ataques silenciosos y sibilinos cesen.
Las risas a su espalda se suceden, la ironía en el trato y la falsa amabilidad forzada resultan ya insultantes… la víctima no consigue entender qué es lo que ha hecho mal para generar a su alrededor esta hostilidad que debe ser transparente para todo el mundo, ya que nadie hace nada por que cese.
Lo más terrible de todo es que al final llega un momento del bucle en el cual el acosado se convierte en su propio verdugo por la vía de atribuirse a si mismo, a su carácter, a su conducta, el ser el causante de todo este orquestado mecanismo en su contra y destrozándose de este modo aún más su ya maltrecha autoestima. 
Las conclusiones:
 “No vayas contra lo que es justo para conseguir el elogio de los demás.”(Lao Tse) 
Si alguna vez escuchas a una víctima de acoso moral relatar su experiencia, no podrás olvidar su angustia, su modo de expresar su sufrimiento y su pánico al relatar lo que para esta persona es el desempeño diario de su trabajo,  recuerda mucho a los testimonios de mujeres maltratadas que algunas veces escuchamos en los medios de comunicación.
El acoso moral es una lacra, por desgracia hoy presente en la cotidianeidad de muchos entornos laborales y cuyo germen también se extiende preocupantemente por los centros escolares. Es una verdad silenciosa, a la vez que también es una fuente injusta e injustificable de sufrimiento para muchos trabajadores, cuyo único pecado consiste en ser excepcionales, y cuyo dolor irradia colateralmente a sus entornos familiares.
Todos debemos contribuir a su erradicación e implicarnos en ello activamente, evitando llamar acoso moral a lo que no lo es y abandonando la comodidad de las medias tintas cuando estemos realmente ante un caso que lo sea.  No miremos hacia otro lado y orientémonos hacia la gestión preventiva de este problema, para ello, procuremos estar alerta ante la aparición de sus señales en el entorno escolar de nuestros hijos, ya que educándoles a ellos en valores estaremos actuando también sobre el ADN emocional de los trabajadores del mañana. No perdamos de vista que tanta ayuda psicológica necesita el acosador como el acosado y que ambos son dignos de lastima por su sufrimiento. El acosador lleva en su interior una envidia que no le deja avanzar ni brillar nunca con luz propia y el acosado va minando su autoestima y la luz de su brillo se va apagando como la de una luciérnaga que se esconde.

 “Los éxitos grandes los recibiré poco a poco para que la envidia de los que me conocen no me lastime”.
La Biblia

 

martes, 19 de abril de 2016

Ni contigo , ni sin ti, yo no puedo vivir así


Escribo para muchas de vosotras y vosotros, que acudís a consulta preguntando, ¿Qué puedo hacer para sacarlo de mi vida y mis pensamientos? Conocemos a alguien, y si no hemos tenido desde niños nuestros depósitos de amor cargados somos candidatos a sufrir por alguien que nos maltrata con tal de permanecer a su lado por pura dependencia. La costumbre y el apego ejercen en las personas una poderosa influencia, haciendo que no puedan soltar el lastre de relaciones que son perjudiciales. Del mismo modo, el miedo de estas personas al abandono, les hace montar escenas de celos, causadas por su propia inseguridad, que acaban minando cualquier interés que alguien sano pueda tener por compartir su vida con una persona con tan alto grado de dependencia. La persona dependiente construye en torno a su amado/a un pedestal del que no le sabe bajar. Haría cualquier cosa por conservar a su lado a esa persona, aun cuando el otro continúe muchas veces a su lado por pena o costumbre. Para vivir en bienestar y constante crecimiento deberíamos aprender a dejar ir situaciones o personas que no nos aportan calidad de vida. Nos suele costar no aferrarnos a cosas, ya que el ser humano se siente más seguro ante lo conocido. Sin embargo, ante la pérdida de algo a lo que estábamos acostumbrados aparecen temores e incertidumbre.
Parejas que no son felices y siguen juntas, trabajos que amargan la existencia, amistades tóxicas, familia que coarta la libertad, etc…, hay tantísimas situaciones y personas que nos rodean y empeoran nuestro bienestar  y, aun así, a veces nos empeñamos en seguir aferrados a ello….
Muchas veces acuden a la consulta personas preocupadas en cómo olvidarse de esa persona que ya no les quiere. Difícil entender cuando aquello a lo que nos aferramos no es algo que nos aporte amor y felicidad sino algo que nos daba únicamente costumbre y seguridad aparente. Construimos ideales, castillos de naipes en torno a esa persona que nos salvará y nos colmará de una felicidad que solo nosotros mismos podemos darnos. Solo de nuestra propia esencia y de lo que somos podemos nutrir nuestra alma para llegar a ser felices y dichosos. Tratamos constantemente de pedírselo a otros, de aferrarnos, de apegarnos, de llorar por otros, reclamar a otros, exigir que nos den su amor, que reconozcan todo el esfuerzo y sufrimiento que invertimos en ellos. Nuestra manera de responsabilizar a otro de nuestra propia felicidad  no es sino una manera de evadir responsabilidades propias.
Es curioso ver como el modo de elegir nuestras parejas no es más que un intento de cubrir nuestras carencias infantiles de amor. No cabe duda que todas nuestras madres y padres hicieron cuanto pudieron o supieron para darnos su amor en base a lo que ellos recibieron. En materia emocional, si echamos la vista atrás, se le daba escasa importancia a mostrar emociones y afectos sinceros, a dedicar espacios familiares de comunicación donde se expresasen los afectos. Se daba por sentado que tu madre y tu padre te querían y por eso no había que decirlo. Lo que estaba bien ya se sabía y lo que hacíamos mal se repetía hasta que supiésemos hacerlo bien. En esa carencia de refuerzo positivo y de dificultad de expresar el amor sentido algunas personas se sienten con una autoestima adulta pobre que acaba produciendo en ellos una dependencia emocional y la necesidad de reconocimiento de los demás, en especial de la pareja. Con tales exigencias y demandas infantiles, es posible que la pareja se agobie o asfixie más tarde o temprano.
Solo cada uno de nosotros podemos devolvernos el amor, desde la profunda comprensión de que lo que nos dieron es todo cuanto nos pudieron dar nuestros padres y es suficiente. Solo integrándolos a ambos en nuestros corazones desde el amor profundo y el respeto a lo que nos dio la vida podremos respetarnos a nosotros mismos y tener una sana autoestima.
Es importante cuando nuestras relaciones sentimentales fracasan una y otra vez analizar la relación con nuestra madre y nuestro padre y ver si estamos ocupando en ella el papel que nos corresponde como hijos y si los tenemos a ambos integrados de forma amorosa en nuestro corazón. De no ser así, tal vez deberíamos pedir ayuda emocional para poder hacerlo y, con nuestra familia en paz, posiblemente sea el momento de poder formar una nueva, no sin una previa y dificultosa tarea. Construir muros  sin unos cimientos nunca ha sido posible; del mismo modo, construir relaciones de pareja sanas desde la falta de amor a nuestros orígenes y quien nos dio la vida es una tarea, sin duda, destinada al fracaso.
Os animo a todos a sanar el origen del amor en vuestros corazones, dar a nuestros padres un lugar de amor e integrarlos agradeciéndoles que nos dieran la vida y que a pesar de las dificultades que tuviesen siempre hicieran todo cuanto supieron y pudieron por nosotros. Os animo a aceptar que no existen padres perfectos y que los nuestros nos han dado lo suficiente y necesario para poder ser y elegir un futuro desde nuestra responsabilidad de adultos.
 

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Pienso, luego siento.


Varios filósofos antiguos (Platón y Aristóteles) y líderes modernos (Antony Robbyns, Robin Sharma, Suryavan Solar) coinciden en que “el hombre es el verdadero dueño de su destino”. ¿Cuál será la raíz y el punto de convergencia capaz de perdurar en el tiempo? La respuesta más adecuada y simple es que hombres y mujeres que asumen la responsabilidad de sus propias vidas y de liderarse a sí mismos tienen el poder y la capacidad de influir en su propio subconsciente, es decir, pueden construir un jardín florido y abundante, lleno de flores de todos los colores y tamaños, a través de pensamientos constructivos y positivos; o por descuido dejar que se filtren pensamientos inútiles y negativos y crezcan y se reproduzcan en ese jardín como maleza, sembrando desconfianza hacia ellos y sus semejantes.
Saber reconocer nuestros pensamientos es la base de nuestra capacidad para dar y recibir. Ser consciente de cómo nos sentimos y sintonizar con esos sentimientos es la forma más rápida de saber lo que estamos pensando.
Emociones tales como el entusiasmo, la felicidad, la gratitud o el amor nos predisponen a estar abiertos, generosos y en armonía, independientemente de lo que pase a nuestro alrededor. La celebración de ese estado atrae más emociones de ese tipo y situaciones que nos brindan bienestar. En realidad es muy sencillo: “semejante atrae semejante”. Si a diario te preguntaras “¿Qué estoy atrayendo?” ¿Cómo me siento en este momento de mi vida? Probablemente, si te sientes bien, estarás creando un futuro que seguirá la senda de tus deseos. Todo lo que pensamos y sentimos está creando nuestro futuro.
Por otro lado, emociones como angustia, enojo, ira, rencor o frustración atraerán más desarmonía e insatisfacción. Los pensamientos son los que provocan los sentimientos. Éstos determinan la frecuencia de nuestras emociones. Recuerda que los pensamientos son la causa primera de todas las cosas. Cuando mantenemos un pensamiento durante un tiempo, éste se transmite al Universo. Ese pensamiento se adhiere magnéticamente a la frecuencia de lo semejante y en cuestión de segundos devuelve la lectura de esa frecuencia a través de las emociones que sentimos.
Dicho de otro modo, el Universo se comunica contigo a través de tus sentimientos
para decirte en qué frecuencia te encuentras en este momento. Cambia tus pensamientos y dirígelos a dónde quieres. Del mismo modo, todo aquello que pensamos o  hacemos tiende a volver a nosotros, tal vez nunca de dónde esperamos o creemos que llegará, pero sí de algún lugar, recibiendo así aquello que nosotros mismos hemos dado. Lo que hacemos y cómo lo hacemos vuelve como un boomerang hasta nosotros de la misma forma en que lo hemos hecho, sin cambios, y además deja huella, inevitablemente. Algunas más profundas que otras, pero lo que hacemos siempre le influye a alguien (incluidos nosotros mismos) y nuestras acciones llegan más lejos de lo que sospechamos. Las personas hemos de esforzarnos en vencer el miedo y la desconfianza ante la incertidumbre de lo que no conocemos y cambiar la forma en que actuamos y pensamos, mostrarnos de forma autentica y sincera, quitarnos las máscaras. Pero para vencer la inseguridad necesitamos esforzarnos desde dentro para que nuestra actitud se refleje también hacia fuera. Son solo algunos los que suelen anticiparse a los cambios, señalando los caminos que después seguirá la mayoría; unos pocos son los genuinos, auténticos, espontáneos, los que no desconfían del resto, mostrando una actitud abierta y generosa. Eso no evita el no poder alejarnos de personas que emiten negatividad, ni tratar de luchar contra molinos de viento para que todo el mundo actúe desde el amor. Responsabilizarse de lo que uno hace no tiene una connotación negativa sino todo lo contrario, implica madurez y libertad. Cuando comprendemos que somos libres de tomar la actitud que queremos en la vida, responsabilizarnos de nuestras acciones nos resulta fácil y natural. Si al principio parece incómodo, el truco está en darnos tiempo. No tenemos por qué responder ni actuar en el mismo momento en que ocurren las cosas. Somos libres de tomarnos el tiempo necesario hasta asegurarnos de tener la actitud deseada. Esta es la gran diferencia entre actuar y reaccionar. Después, es necesario aceptar las consecuencias con optimismo, sabiendo que son éstas y no otras, el resultado de nuestra acción. Es la ley de causa y efecto: “Quien siembra, recoge.”
Reflexionemos sobre qué estamos pensando al leer esto, en nuestros sueños, nuestros deseos, en si nos alejamos de personas que amamos por orgullo, en si somos sinceros con los demás y con nosotros mismos; entendamos que lo que pensamos tiene un impacto y que lo que hacemos nos llegará de otros, lo bueno y lo malo; pensemos en comportarnos tal y como nos gustaría que nos tratasen a nosotros.
Dedico este artículo a alguien que llego hace unos días a mi vida después de años perdido, para devolverme su agradecimiento y su amor, alguien que con sus palabras ha renovado el vuelo de mi boomerang, que ya se dirige de nuevo cargado de amor en otras direcciones, pues en algún momento pensé que no llegaría, tal vez solo porque creía que vendría desde otras direcciones.
Gracias, Suso.
 
 

miércoles, 16 de septiembre de 2015

CON LA CAPA DE SUPERMAN Y VOLANDO AL RAS.

Todos desempeñamos roles cuando nos relacionamos con los demás. Dichos roles van cambiando y, en ocasiones, pueden llevar a relaciones patológicas y de dependencia mutua e insanas.
Resulta llamativo como, por lo general, no somos conscientes de qué actitud adoptamos cuando nos relacionamos con los demás, y cómo este rol determina, en muchas ocasiones, nuestra forma de comunicarnos y de relacionarnos. Son los llamados juegos psicológicos.
Hay 3 posibles roles que se adoptan cuando hay conflictos:
  • Víctima: en este caso, la persona adopta un papel de víctima de la situación. Es habitual que diga frases del estilo: “¿Por qué me pasa a mí esto?”,” Todo me pasa a mí”, “Tengo mala suerte”…. La persona en el papel de víctima busca auto compadecerse y que alguien le salve de su situación. Es una postura cómoda para la persona ya que trata de despertar sentimientos de pena y lástima en los demás.
  • Perseguidor: a diferencia del papel de víctima, la persona que adopta el papel de perseguidor suele aprovecharse de las debilidades de los demás para descargar su rabia con ellos. Se trata de humillar sin más, perseguir hasta que los otros se sientan culpables por lo que hacen o no hacen.
  • Salvador: la persona que adopta este rol trata incesantemente de salvar a todo el mundo de todos los males del universo, tanto si se lo pides como si no. El salvador ayuda por la necesidad intrínseca que siente de sentirse imprescindible.
Para este artículo me gustaría centrarme concretamente en el rol del salvador.  Esta persona denota una preocupación excesiva por los sentimientos y necesidades de los demás, incluso en detrimento propio. Cree que si se compadece de los demás y se sacrifica lo suficiente por ellos será una persona alabada y querida. No obstante, dado que raras veces hace públicas sus propias necesidades y sentimientos, y menos aún los hace prevalecer, lo normal es que termine sintiéndose agobiado e inapreciado. Sin embargo, al creer que sus acciones hacen de él “una buena persona”, en el fondo se siente orgulloso de su sacrificio y de su desvelo por el prójimo.
En el fondo el Salvador es un niño abandonado que sin saberlo espera encontrar a alguien que le salve. Tal vez sus carencias de niño/a abandonado/a le hacen tener la necesidad de no dejar a nadie desprotegido en un afán inconsciente de no revivir su propia historia de pérdidas y carencias.
Difícilmente podrá cubrir esas carencias cuando, en su intento de salvar, suele ser frecuente vincularse con personas dependientes, atrayéndose como los polos opuestos de un imán o también puede gestarse desde una relación interpersonal normal y derivar lo patológico bajo un hecho de características especiales como ser la pérdida real o subjetiva de autonomía, no solo física, sino que también en algún otro aspecto de la vida, por ejemplo podría gestarse entre dos amigos, familiares, pareja , en que uno de ellos pierda el trabajo o ingrese en una situación económica difícil.
Esta persona que asume el rol de salvador es aquella que presta toda su capacidad de acción sobre quienes se vinculan con ellas a través de su esfuerzo voluntario de superación,  proyecta sus capacidades en auxilio de los demás, a los que considera dentro de la frontera de su ego, con el objeto de hallar un lugar en el mundo.
Este tipo de respuesta interna puede también deberse a una sobre-exigencia sufrida en su crianza para poner en práctica valores morales impuestos, sin que se le haya permitido tomarse el tiempo de experimentar en la vida y equivocarse para
 
poder definir su propia moral.
Las razones por las que una persona actúa de esta forma son, en general, inconscientes; conscientemente se percibe como bondad y buena voluntad y puede haber sido un aprendizaje irracional inconsciente asimilado en alguna etapa de la vida o como medio para defenderse de la soledad, para encontrar un lugar en el mundo, para compensar sentimientos de culpa, los cuales pueden tener un contenido irracional o irreal introyectado en la niñez en ámbitos culturales en donde la ausencia de bondad era ampliamente censurada. Cabe aclarar que en esencia el que asume el rol de salvador tiene sentimientos positivos, solo que invade, o bien se deja manipular en ocasiones o manipula él, para actuar dentro del ámbito de la frontera del ego de otro ser humano, suponiendo que es el rol que corresponde en función de fantasías al respecto de sus capacidades.
Existen casos extremos en que este tipo de vinculación (dependiente – salvador) deriva gradualmente desde una relación normal a la trasformación en una relación patológica, en que la persona dependiente se convierte inconscientemente en un insaciable tirano y dominador, mientras que el salvador, en su inconsciente obligación autoimpuesta a hacer el bien proyectado exclusivamente en la persona dependiente, termina frustrado en una caótica relación de codependencia. Muchas veces el salvador se encuentra con sentimientos de culpabilidad al poner un límite sano en esas relaciones de dependencia insanas, viéndose juzgados por su propia víctima a la que ayudaban, que se convierte en cruel verdugo que expulsa a su salvador definitivamente de su vida, buscándose siempre tal como hace la víctima excusas en las que se justifica dicha expulsión y se culpa al salvador de no haberle dado la ayuda que requería o no haberle sabido entender a pesar de los esfuerzos y la energía gastada por el salvador en ayudar a la víctima que nunca se dejara salvar para continuar regocijándose en los beneficios de su propio rol de víctima.
El salvador debe aprender a salvarse a sí mismo, pues su propia necesidad de salvar a otros es un intento fallido por encontrar su propia salvación a sentimientos de pérdida y culpa albergados desde su niñez, produciendo su papel de continuo salvador frustraciones constantes y una falta de control, pues las víctimas tienen mucho miedo a salir de su papel por ser el único que conocen y saben representar y eso supone muchas veces que el salvador no consiga su objetivo de salvarlos con el posterior abandono de la víctima.
El desapego del salvador de esas personas y el establecimiento de límites y superación del abandono de la víctima ,muestra de forma visible la mejora en el sentimiento de abandono del niño que se convierte en su propio salvador.
¿Qué pasa cuando Superman se quita su capa? , Nada, solo que no puede volar ni tiene superpoderes; se convierte en una persona normal con responsabilidades normales, un trabajo normal y una vida normal, no en un superhéroe pendiente de salvar al mundo de todas sus catástrofes.
La persona empieza a saber pedir a otros y establecer relaciones sanas que le aportan y no relaciones en las que solo aportan ellos a víctimas necesitadas.
Venga Salvadores, quitaros la capa, es muy cansado ser un superhéroe de por vida, quitaros los miedos al quitaros la capa, pues debajo se esconde una increíble persona con miedos y coraje para afrontar cualquier cosa, aunque no podamos volar.
Dedicado a todas aquellas personas que asumen el difícil rol de salvadores y en especial a esa niña de mirada dulce a la que tanto quiero para que se quite la capa…