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miércoles, 14 de febrero de 2018

UNO MAS UNO SUMAN MÁS DE DOS

Las parejas, cuando se conocen, en muchas ocasiones se enamoran desde sus carencias y ven en el otro todo aquello que admiran y de lo que creen carecer en sí mismos. Pasa el tiempo y con nuestra evolución personal, aquello que un día vimos admirable ya empieza a cansarnos e incluso, en ocasiones, a molestarnos y empiezan los problemas en la pareja, que normalmente atribuimos a que la otra persona ha cambiado, cuando en realidad somos nosotros los que, al evolucionar, la vemos de un modo distinto.
Muchas parejas simplemente repiten el comportamiento que sus padres u otros miembros de la familia tuvieron en su propia relación. Entonces, el terapeuta de pareja puede ayudar a identificar estos patrones de comportamiento -en el miembro, o en ambos, para desarrollar una respuesta más sana-.
Uno de los grandes inconvenientes de la terapia de pareja es que se suele acudir cuando se lleva mucho tiempo en situación de malestar y no cuando uno de ambos se da cuenta de que las cosas ya no son como antes o como se esperaba que fuesen en un principio. En muchos casos la única solución es la separación y la tarea del terapeuta facilitar que ésta sea lo más sana posible y ayudar a transitar el dolor de la manera más adaptativa que se pueda.
En las dificultades que aparecen en las relaciones como en la elección de la pareja influyen muchísimas causas y factores y uno de ellos es la personalidad de cada uno de los miembros de la pareja por lo que el trabajo terapéutico tiene que ser también un espacio terapéutico de trabajo individual, donde la autoestima y el ego personal se conozcan y se trabajen individualmente y se adquiera un profundo conocimiento de uno mismo antes de tratar de entender al otro.
También influirá de forma determinante la relación que tuvimos con nuestros padres; si tuviste muy buena relación con tu madre buscarás una mujer que se parezca a tu madre, o si la echas de menos a alguien que la sustituya y te cuide como una madre.
Si tu padre era un ídolo para ti tu pareja tendrá sus mismas características, o pondrás como condición que eso que tu padre hacía y no soportabas, tu pareja también lo odie profundamente.
Las proyecciones que hacemos de estas dos relaciones en la relación de pareja son enormes; es importante ser consciente de ello para no encadenar a nuestra pareja a una realidad que no es ciertamente la suya, sino nuestra mirada inconsciente.
Otro aspecto fundamental que influye es el propio recuerdo de la relación de pareja que tus padres tuvieron entre ellos.
Los recuerdos de infancia sobre cómo se trataban o si en su relación hubo infidelidades son aspectos que influirán en la tuya. Puede que escojas repetir el patrón del que fue infiel, puede que escojas el de la víctima. Si se divorciaron cuando eras muy pequeño sin volver a construir nuevas parejas, puede que para ti sea muy complicado mantener una relación de larga duración.
Si la relación de pareja de tus padres no  era buena, si no se querían, no se deseaban, o estaban juntos solo por inercia o por miedo a separarse, posiblemente ocupaste un triángulo en su relación.
En los triángulos con los padres los hijos crecen en un mal lugar, establecen lealtades profundas con uno de ellos y se vuelven incapaces de valorar al otro género o de respetarlo.
Respóndete sinceramente a estas preguntas: ¿Eres la hija preferida de papá, o el niño mimado de mamá?, ¿Eres la competidora de mamá? El psicólogo te ayudará a responder y entender tus respuestas, pero trata de acudir a uno que trabaje desde una perspectiva sistémica donde se tenga en cuenta a los sistemas familiares y las características y las relaciones entre ellos.
Además piensa que si acudes a terapia de pareja debes estar dispuesto a trabajar en un conocimiento profundo de ti mismo y de tu propia familia y que ese trabajo no se limita solo a las sesiones que se realizan en consulta sino a un trabajo en casa, siendo las tareas  acordadas una parte importante de la terapia ya que permite que los aprendizajes se consoliden y se generalicen. Además, hay que pensar que las tareas para casa, casi siempre, están pensadas para ambos y suelen ser divertidas e interesantes.
Solo puedo deciros que no escogemos a la pareja por casualidad, sino más bien por causalidad y que es una de las personas de las que más aprenderemos de nosotros mismos si estamos dispuestos a ser humildes y reconocer nuestras carencias y las dificultades que repetimos a partir de lo que nuestro sistema familiar no supo hacer mejor, sin juzgar al otro y sin juzgarnos a nosotros mismos, aceptando que cada uno hace lo mejor que puede en cada momento al igual que nuestros padres lo hicieron del mismo modo. El simple hecho de entenderlo, mirarlo y aceptarlo nos da las posibles soluciones y nos libera de cargas innecesarias del pasado y presente, ofreciéndonos un futuro más esperanzador.
 

lunes, 29 de mayo de 2017

MORATONES EMOCIONALES INVISIBLES

Es cada vez más frecuente que acudan a la consulta personas que soportan durante largos y sostenidos períodos de tiempo algún tipo de maltrato psicológico. Generalmente, ese maltrato proviene de la pareja, aunque también puede tener su origen en algún compañero de trabajo, un jefe, un amigo, un familiar o cualquier otra persona del entorno más próximo o cercano.
El maltratador sabe que sus palabras tienen poder para someter a su víctima. Esas palabras pueden golpear mucho más fuerte que una agresión física visible al resto; el maltrato verbal deja cicatrices emocionales mucho más profundas que los golpes, pues tardan más tiempo en desaparecer. Los maltratadores siempre aparecen disfrazados de personas amigables, sonrientes, afables; parecen sinceros y muestran educación, pero con el tiempo empieza el conflicto verbal.
El maltrato emocional se utiliza para alcanzar aquello que se quiere mantener bajo control. Si bien al principio de una relación personal es difícil darse cuenta que estamos ante un maltratador, a medida que pasa el tiempo se empiezan a sentir las heridas que provoca la convivencia con el maltrato.
El maltratador actúa de forma lenta y progresiva en muchas ocasiones y eso dificulta a la víctima la capacidad para frenarle a tiempo, antes que se incrusten en ésta los moratones invisibles.
A medida que avanza la relación aumentan las descalificaciones y el maltrato se hace más y más evidente. Así, el maltratado/a suele tomar conciencia de la situación cuando ha pasado mucho tiempo, preguntándose cómo es posible que la otra persona se comporte así. Al descubrirlo, su autoestima ya está muy afectada y se siente muy frustrado y lleno de rabia por haber soportado la manipulación continuada.
La violencia se aprende, no es algo innato; es una forma de utilizar el poder. Cuando ésta se define como sistema de comunicación familiar habitual define el modo en que se relacionará esa familia. Así, los niños que crecerán con padres maltratadores, de adultos, reconocerán esa forma de comunicación, poniéndola en práctica y reproduciendo ese comportamiento con sus futuras parejas, convirtiendo esa forma de actuación como algo normalizado y dejando de percibirlo como una conducta insana. El maltratador elige muy bien a su víctima. Muchas veces éstas son empáticas, carismáticas, sensibles, brillantes, trabajadoras y exitosas, pudiendo suceder también lo contrario y ser personas vulnerables, con miedo al rechazo y nula capacidad para establecer límites. Tanto en un tipo de víctima como en el contrario, cuando ésta por fin se da cuenta de la situación, el maltratador, que no es consciente de lo sucedido, se sorprende de la reacción de su víctima, sintiéndose abandonado. Al ocurrir esto, el maltratador puede entonces adoptar el papel de víctima y sentirse, equivocadamente, con todo el derecho a defenderse, ya sea atacando o a través de la manipulación y la proyección de culpa hacia su víctima.
Asumamos el control de nuestras vidas; no permitamos que las personas usen la culpa para controlarnos. No permitamos el maltrato en ninguna de sus versiones. Deja que tus emociones te guíen como un mapa para alejarte de gente que quiere ejercer control sobre ti. Aléjate de ello y serás, en definitiva, mucho más feliz.

miércoles, 7 de diciembre de 2016

LAS PALABRAS SON EL CAMINO A LA ESPERANZA

La mayoría de los estudios y encuestas sobre problemas matrimoniales cataloga la comunicación como una de las principales causas de los problemas de pareja. Los estudios realizados alrededor del tema del divorcio apuntan a señalar la mala comunicación de la pareja como uno de los factores que agrava los conflictos. A menudo parejas acuden a mi consulta con frases como: “No podemos hablar de nada importante sin pelear”, “Mi esposa es demasiado sensible”, “Siempre está llorando, gritando o quejándose de algo”, “Sencillamente la evito; es más fácil”, “Como todo lo hago mal, lo mejor es no hacer nada”.

La comunicación es esencial en cualquier relación de pareja porque a través de ella podemos conocer, comprender y amar a las personas, ya que no se puede amar lo que no conocemos. Además es importante comunicarnos para que nuestra pareja sepa lo que nos gusta, lo que pensamos, lo que sentimos, lo que necesitamos o esperamos de la vida y con esto nuestra pareja podrá tener un mayor conocimiento en general de nosotros y podrá entendernos y ayudarnos cuando así lo necesitemos.

La comunicación es algo fundamental  en las relaciones que tenemos y esa manera de comunicarnos se aprende desde que somos pequeños, con los padres, quienes serán los referentes a la hora de buscar pareja y en la manera de comunicarnos con ella, entendiendo como “normal” aquella comunicación que mis padres tenían entre ellos y copiando uno u otro modelo de ellos, el del padre o el de la madre. Es importante hacer un alto en el camino y evaluar hasta qué punto hemos permitido que la mala comunicación erosione la relación de pareja. Un matrimonio en el que el orgullo lleva a evitar toda evaluación de ideas, así sean diferentes en cada uno de los cónyuges, está camino al fracaso. La comunicación llega a ser efectiva entre los cónyuges cuando, a pesar de las diferencias de opinión, se establece un canal de diálogo conducente, no a agravar la situación, sino a procurar el entendimiento. Nos damos un espacio para intercambiar ideas, sentimientos y opiniones, y profundizar en el conocimiento del otro.

La comunicación, para que sea sana, debe ser coherente. Lo que decimos con las palabras debe estar en sintonía con lo  que  expresamos  con  los afectos.  A  las  palabras  deben  corresponderles  sentimientos, comportamientos y gestos coherentes.  Además una buena comunicación es intencionada,   significa  saber  qué  se  dice  y  querer  decir  las  cosas concretas  de  la manera  apropiada. Además la comunicación debe ser clara y transparente, sin segundas intenciones para no dar lugar a interpretaciones.

Cuando conocemos a una pareja, ésta trae tras de sí a todo su sistema familiar y posiblemente si en la casa de uno de los cónyuges no se comunicaban sus padres, él o ella consideren que lo normal sea la ausencia de la comunicación. Por el contrario puede suceder que el otro cónyuge viviese en un ambiente familiar donde se decía todo y se expresaban los afectos de forma desbordada, por lo que le costará entender a una pareja que no expresa ni comunica nada, que a su vez verá excesiva la forma de comunicarse de  aquél.

Pedir ayuda cuando la comunicación no es adecuada puede ser de gran ayuda pues al igual que hemos copiado la comunicación a través del aprendizaje vicario de nuestros padres podemos reaprender nuevas formas de comunicación más sanas para establecer puentes que nos acerquen a nuestra pareja y a otras personas con las que nos cuesta establecer una comunicación efectiva. Quizá si entendemos que replicamos las conductas de nuestra familia de origen y nuestra pareja las de la suya podamos crear nuevas formas genuinas de entendernos desde el tú y yo, construyendo un nosotros.

Algunas sugerencias para la comunicación en la pareja podrían ser, entre otras:

Ø Cada uno habla por él y no en el sitio del otro. 

Ø Nadie es capaz de leer la mente de los demás. 

Ø No interrumpir al otro cuando habla. 

Ø Evitar los “dobles sentidos”. 

Ø No usar intermediarios. 

Ø Ninguna alusión, ironía,  

Ø No remover el pasado. 

Ø Un tema cada vez. 

Ø Utilizar un lenguaje propositivo. 

Ø Esperar 5 segundos antes de contestar. 

Ø  Hablar en “yo” y no en “tú”. Hablar de lo que yo siento ante esa actuación sin juzgar los actos del otro

 Las palabras iluminan nuestros pasos y aprender a expresarnos de nuevo con las palabras y la comunicación adecuada es como aprender a caminar de nuevo; es difícil pero no imposible, y en pareja, si el esfuerzo es de ambas partes, el recorrido del camino se reduce a la mitad, pues cada uno recorrerá una parte del mismo para reencontrarse con el otro en el encuentro con la mejor versión de cada uno de nosotros mismos y el reconocimiento de la del otro. El camino es difícil pero sin duda vale la pena, pues no existe aprendizaje más apasionante y reconfortarte que el conocimiento de uno mismo ni mayor maestro en la vida que las parejas.

Os animo a todos a regalaros estas fiestas un espacio de comunicación con el otro si podéis hacerlo solos, y si no es posible, pidiendo ayuda a un profesional especializado en la comunicación familiar y de pareja. Las palabras bien empleadas deshacen nudos y angustia. Las palabras adecuadas iluminan el camino y lo llenan de nuevas esperanzas.

 

viernes, 24 de junio de 2016

¿ Donde está mi media naranja?

Nos contaron que no somos completos, que para ser felices existe una media naranja, pero nada más lejos de la realidad. Lo que no nos contaron es que somos seres completos y que solo nosotros mismos podemos completarnos y encontrar la felicidad en nuestro interior. Solo así podremos elegir a otra persona desde un lugar sano y no desde nuestras carencias.
Cuantas más carencias tenemos, más dependientes somos de otra persona y proyectamos la responsabilidad de nuestra propia felicidad en el otro, cuando en realidad depende solo de nosotros mismos.
Por ejemplo, si soy una persona controladora posiblemente se fije en mí una persona que necesite de ese control, que este aspecto que me caracteriza complete su falta de seguridad; a la vez que el controlador se enamora de esa parte sumisa del que se deja controlar.
Si soy una persona impulsiva tal vez me fije en una persona evitativa, que no muestra nunca emociones desbordadas; a su vez esa persona posiblemente se sienta atraída por mis emociones carentes de filtro. Sin embargo todos los extremos son malos y las carencias, al igual que los excesos, en cualquier aspecto de la personalidad, son dificultades de encontrar un equilibrio emocional a nivel personal.
¿Qué pasará cuando encuentre ese equilibrio y continúe al lado de la persona de la que me enamoré, con una carencia mía que ya no existe? Pues que la magia habrá desaparecido, aunque muchas veces ni llegamos a ese punto pues mucho antes la balanza se descompensa en alguno de los dos extremos ya que casi siempre, las relaciones elegidas desde las carencias personales están abocadas al fracaso.
Cuando nos sentimos completos como seres individuales, felices, con una autoestima sana, capaces de gestionar nuestro mundo emocional de un modo sano y sin apegos enfermizos por nuestras carencias infantiles, entonces y solo así, elegimos a nuestra pareja desde un lugar sano. De este modo el otro aporta algo más a mi vida, un valor añadido, disfruto de esa compañía sin exigencias y sin renunciar a mí mismo ni exigir al otro ninguna renuncia.
Desde ese lugar puedo admirar en el otro virtudes y capacidades que yo acepto que son diferentes a las mías, que yo no tengo, pues poseo otras diferentes.
No existen apenas relaciones elegidas desde ese equilibrio emocional porque las personas no solemos llegar a ese equilibrio hasta edades muy avanzadas e incluso en muchas ocasiones no llegamos nunca. Sin embargo, el grado de evolución y crecimiento personal de cada uno va haciendo que cada nueva elección sea un poco más desde una mayor autonomía emocional. Nuestras parejas son grandes maestros y los fracasos dejan en nosotros aprendizajes que nos permiten evolucionar y mejorar como personas hacia ese equilibrio emocional que todos ansiamos.
Cuando acuden parejas a mi consulta reprochándose culpas el uno al otro por su infelicidad, atribuyéndose mutuamente
la responsabilidad del fracaso de la relación, siempre intento que cada uno de ellos responda a esta sencilla pregunta, de difícil respuesta, desde una postura de humildad: ¿Qué podría haber hecho yo de otro modo para que la relación fuese mejor? O dicho de otro modo: Si yo hubiese o no hubiese… la relación podría haber sido más fácil o armónica. Es una pregunta que en la mayoría de ocasiones cuesta responder hasta que son capaces de liberarse un poco de la rabia que provoca el propio ego, como trampa que parece que nos defiende, cuando lo único que hace es herirnos a nosotros mismos y a la persona amada.
Una consecuencia triste de esas separaciones no resueltas desde la humildad y la madurez la sufren los hijos, esas personitas que dependen exclusivamente del mundo de sus dos referentes y principales fuentes de amor y foco de admiración, sus padres. Esos que les muestran cómo debe ser el mundo. Ahora bien, los padres se pueden comportar como un equipo en el que dos van a la una para que todo funcione o bien como duros competidores en pugna constante; así verán después ellos el mundo, en paz y armonía o en caos y guerra.
Por eso es importante recordar, cuando una experiencia no funciona como pareja, que si hay hijos debe continuar funcionando la experiencia como padres en equipo, a pesar del dolor, la rabia o el ego; todo eso dejémoslo para nuestra intimidad y seamos para nuestros hijos padres maduros que ofrecen amorosamente sus afectos, de un modo sano y conjunto, que se entienden, aunque no como pareja, sí como padres. Es además importante explicar a los hijos que si bien la pareja se ha roto, continúan juntos en su papel como padres para lo que ellos necesiten, y que eso siempre será así; de no saber hacerlo es importante buscar la ayuda de un psicólogo especialista en la gestión de estas situaciones y en el trabajo sistémico con familias.
La única forma de educar a hijos emocionalmente sanos, es empezar por nosotros mismos.

lunes, 23 de mayo de 2016

¿Por que llamarlo amor si es una obsesión?


Todos lo hemos visto o tal vez lo hemos experimentado, una relación que fracasó y, sin importar lo tóxica (y sin sentido) que pudiera haber sido, seguimos pensando en nuestra expareja, haciéndose casi imposible el hecho de olvidarla y seguir adelante.

 La relación no funcionó y, sin importar los motivos, termina y nos sentimos incapaces de pasar página; pasamos noches, meses y hasta años extrañando a esa persona con la que nuestra relación terminó.

 Ver una relación de manera objetiva es mucho más difícil de lo que pensamos, porque no sólo se involucran las emociones, también nuestro pasado, nuestro ego, los traumas de la infancia, nuestras inseguridades y miedos.

Cuando la bomba detona todo lo anterior se activa y limpiar el desastre nos puede tomar meses o años. Por eso es fundamental, de ser así, buscar ayuda profesional para superar el trauma que nosotros mismos hemos creado en nuestras vidas. ¿Entonces, por qué no podemos superar la separación de nuestra expareja? Muchas veces pensamos que es porque realmente extrañamos a esa persona, incluso idealizamos una relación que ni mucho menos era sana y aunque esto es verdad (hasta cierto punto) hay otros factores involucrados.

 En muchas ocasiones las personas se obsesionan con la idea de volver y los pensamientos de que sin esa persona la vida no tiene sentido, pensamientos distorsionados, deben de trabajarse a nivel psicoemocional.
Muchas mujeres, y hombres también, confunden amor verdadero con obsesión, conceptos que no podrían ser más diferentes. El amor es ver realmente a la otra persona (con sus virtudes y sus defectos) y ser capaz de apreciar la imagen completa.


La obsesión se trata de crear una imagen poco realista de cómo es la otra persona y convertirla en ese Dios Supremo que es perfecto y jamás se equivoca. La señal más clara de que tienes una obsesión es cuando no logras ver un solo defecto, cuando tratas de llenar un vacío en tu vida con él. Muchas veces esa obsesión también está relacionada con que mi vida, a parte de la relación de pareja que tenía, no estaba llena de otras cosas, ni social ni afectivamente, es decir, dependía de esa relación para mi autoestima social y ahora todo es aburrido y gris, lo cual ya denota un problema de base en la relación que estaba manteniendo, pues era una relación de dependencia.

Este tipo de relaciones obsesivas son muy peligrosas porque tu estabilidad emocional se conecta directamente con su aprobación y, sin darte cuenta, comienzas a vivir para la otra persona y tu vida gira en torno a ella. Eventualmente terminarás sintiendo un vacío mucho más grande y mientras continúes idealizando a esa persona, la única forma en la que te sentirás mejor es si regresa.

Idealizar a la persona hace que construyamos ideas falsas en torno a lo que era o podría ser nuestra relación amorosa a su lado; crees que nunca encontrarás a alguien tan maravilloso y que era la única persona que podía hacerte feliz. Este es uno de los mitos más grandes de las rupturas de pareja y una de las razones por las que la mayoría de las personas sufren para superar una ruptura sentimental.
¿De verdad crees que porque no experimentaste nada igual anteriormente nunca volverá a suceder?. Te convences que no existe otra persona en el planeta con las mismas cualidades de tu expareja, así que tienes dos opciones: regresar con él o conformarte con alguien que nunca le llegará a la suela de los zapatos.

Espero que veas lo absurdo de esto. ¿Conocerás a alguien igual?. No, porque no existen dos personas idénticas en el mundo. Vuestra historia terminó porque, aun con su “perfección”, la relación ya no estaba funcionando. Baja de ese pedestal a tu expareja y concéntrate en sanarte.

Este punto va ligado con la obsesión. En una relación poco saludable nos conformamos para que las cosas funcionen. Lo anterior significa que comenzamos a aceptar comportamientos que de otra forma ni siquiera consideraríamos o que nos convierten en alguien que no somos.
Tal vez ya no das tu opinión, ya no eres la persona confiada que una vez fuiste y siempre antepones sus necesidades a las tuyas.

La devastación emocional que sientes después de una ruptura es proporcional a la medida en la que te conformaste. ¿Por qué? Porque sientes que algo te falta. Crees que tenerlo de regreso es la única cura, pero eso es solamente una falsa creencia y un engaño de tu mente para recrearte en el dolor de la pérdida.

Lo que necesitas es determinar por qué aceptaste ese trato, por qué decidiste conformarte por tanto tiempo y qué puedes hacer para evitar esta situación más adelante.

La mayoría de las veces no extrañas a la persona en cuestión, sino los sentimientos que experimentabas cuando estabas con ella. Extrañas la intimidad, la cercanía, el sentimiento de ser deseado-a y admirado-a. Extrañas más la manera en que te hacía sentir esa persona que a la propia persona en sí misma; extrañamos la sensación de ser queridos. Para llenar este vacío rodéate de personas que realmente se preocupen por ti y que te quieran por quién y cómo eres. Enfócate en reconstruir tu vida de forma que te vuelvas a sentir llena y feliz, no te encierres en tu dolor y trata de disfrutar de nuevas oportunidades.

El dolor que sentimos después de una ruptura, podría ser una consecuencia de nuestro ego herido. El rechazo duele, aun cuando sabes que es lo mejor y que ya no hay nada qué hacer. No permitas que tu ego se interponga entre la superación de una relación que ya no da más de sí.

Por último, la manera en que superamos una ruptura sentimental está directamente relacionada con nuestra autoestima. Es evidente que si nos culpamos del fracaso y subimos a la persona en un pedestal, nosotros descendemos escaleras abajo y nos sentimos muy poca cosa. La autoestima es algo fluctuante que depende de muchos factores, pero que se origina en lo que he recibido a nivel afectivo cuando era niño de mis padres y personas más cercanas. Eso nos lleva a nuestros orígenes afectivos más profundos, por eso muchas veces en las parejas buscamos el amor de un padre o una madre para llenar nuestros depósitos de autoestima.

Si no soy capaz de hacer cosas positivas tras una ruptura sería bueno pedir ayuda profesional, una guía para recrear tu vida, aprender a vivir sin eso que perdiste, empezar a crear una nuevas ilusiones, creándote nuevos objetivos, nuevas metas que te permitirán desarrollar nuevas habilidades, como relacionarte con otra gente. Es muy importante reforzar tu autoestima, ya que ésta te ayudara a superar el dolor de la pérdida y mirar con nuevos ojos a las situaciones que se presentan delante de ti.

Es el momento de tratar de superar el dolor y dejar de recrearte en pensamientos obsesivos; es hora de pasar página sobre algo que no funcionó y ya terminó, el momento de creer en ti y tus posibilidades de ser feliz, gustarte, quererte. Después, solo lo mejor llegará a tu vida.

 

 


 

 

viernes, 11 de diciembre de 2015

La Magia de Compartir…


La ciudad ya brilla anunciando la llegada de la navidad. Si bien Ésta anuncia una época de disfrute, gozo, encuentros y desencuentros, no cabe duda que invita también a la reflexión, despidiendo un año más que se va y augurando la llegada de uno nuevo, cargado de magia e ilusiones renovadas.
 Es el tiempo de los nuevos propósitos, de los recuerdos amables y encuentros, pero es sin duda también tiempo de nostalgia y de recuerdo de los que ya no están. De mi mente no puede borrarse una mesa familiar llena de dulces y de latas de mejillones y aceitunas en platillos de cristal que brillaban como diamantes, servilletas recién planchadas y cintas de navidad envolviendo un centro de mesa. Sin embargo la navidad va transformándose cuando las personas que creen en su magia se van marchando, cuando aquellas que año tras año trataban de crear unión, aquellas por las que cada año la navidad cobraba sentido, ya no están. Sin embargo podemos hacerlas presentes de nuevo en nuestras mesas trayéndolas a nuestros corazones, pues de algún modo cada año vuelven a estar presentes al recibir de nuevo la Navidad en nuestros corazones.
Es el momento de compartir ilusiones, sonrisas, abrazos, sueños, miradas, tiempo y magia. Es tiempo de amor y unión.

Cuando abandonamos el territorio de la infancia, poco a poco, nos damos cuenta de muchas cosas que quizás, en aquella época, quedaban difuminadas por los sueños o escondidas detrás de nuestras ilusiones. Unos deseos vírgenes, todavía sin adulterar por la funesta maraña de confusas emociones que nos acompañan cuando “pegamos el estirón”.

Por desgracia, muchas veces las «Navidades» constituyen una pesada carga para muchas personas, un lastre difícil de aligerar, un tiempo que hemos olvidado cómo vivir. Compromisos por los que patalean nuestras almas y comilonas que dejan exhausto a nuestro templo de carne y hueso, consumismo, compra, ausencias…

Es muy complicado ofrecer una respuesta unánime a lo que cada uno siente cuando se acercan estas fechas. Somos muy distintos y cada persona necesita recorrer su camino, vivenciar sus propias experiencias para darse cuenta de que la «Navidad» es un nacimiento, un principio, un nuevo comienzo. Pero esta vivencia solo puede transitar nuestros corazones, el de cada uno. Nadie puede decirnos como debemos sentir: es un descubrimiento al que debemos llegar poco a poco…

La creciente luz de este solsticio invernal nos invita a la «Natividad» de algo nuevo en nuestra vida: «depende de ti, comienza, se trata de ti». Y así, como preconizaban los que nos precedieron, todos los años podríamos «volver a nacer», a concedernos una ocasión para renovar toda la negatividad que hemos ido acumulando a lo largo del año.

Ahí está lo verdaderamente importante: volver a nacer, renovarnos en sentimientos y emociones para que estas no mueran en nuestros corazones.

 

lunes, 9 de febrero de 2015

¿No seria mejor aprender a nadar?

Los seres humanos nacemos para establecer lazos entre nosotros, pero nadie nos enseña a controlar su impacto en nuestras vidas. Dependiendo de las relaciones del primer grupo humano, nuestra familia y lo sanas y fluidas que hayan sido dichas relaciones, estableceremos el resto de lazos futuros.  
Algunas personas no conciben la vida sin su pareja, madre, amiga, trabajo; ahora bien, ninguno de éstos es imprescindible para salir adelante, como si de aire o agua se trataran. Todos sentimos afecto y simpatía hacia algo o alguien, pero la existencia de ese sujeto no debe condicionar nuestra felicidad. Quien no está dispuesto a la pérdida renuncia a uno de los rasgos innatos del hombre: la autonomía, la capacidad de gobernarse uno a sí mismo y ser libre.
Para otros el amor se convierte en una verdadera obsesión que lacera completamente las posibilidades de crecimiento de la pareja. En el ámbito psicológico este problema se conoce como “dependencia emocional o afectiva" Estar "enganchado" emocionalmente a alguien consume nuestra energía, libertad y salud mental. Ese vínculo obsesivo y enfermizo implica miedo y angustia a perder a la persona, incluso aunque esta nos dañe. Soltar lastres y desprendernos de aquello que nos hace daño es una de las mayores dificultades, en especial para personas que no han establecido afectos sanos y seguros desde la niñez.
Las relaciones terminan, los padres se mueren, las condiciones de trabajo varían, pero algunos se sorprenden al descubrir en primera persona esta realidad. Nunca están preparados para el duelo. Si a dicha actitud le añadimos la incapacidad de manejar los conflictos sin pedir ayuda psicológica para resolverlos, la probabilidad de desarrollar dependencia emocional es mucho mayor.
Las personas con dependencia emocional sienten una sensación desproporcionada de placer y euforia cuando se está con la persona amada y ansiedad o tristeza cuando se está alejado de ella; cuando estas emociones se magnifican nuestra vida emocional depende de otro y tenemos que preguntarnos si no nos estamos perdiendo a nosotros mismos.
Al igual que sucede con las drogas, la dependencia emocional genera la necesidad de incrementar el contacto con la otra persona hasta el punto que se intenta acaparar todo su tiempo, conocer todos sus pensamientos y formar parte de toda su vida y mundo interior,siendo más importante resolver los problemas y conflictos del otro que los de uno mismo, perdiéndose así los límites de la personalidad.
El principal problema de la dependencia emocional es que se va instaurando poco a poco, a menudo con el consentimiento del otro miembro de la pareja o persona querida. De una forma u otra, debemos tener claro que en la adicción al amor hay dos protagonistas: el que ama en demasía y el que se ha dejado amar de esta manera. De hecho, muchas parejas logran establecer un equilibrio que dura años, hasta que uno de los dos (normalmente el que es controlado y recibe el amor) se cansa y decide poner fin a la relación de pareja enfermiza. Obviamente, esta no es la solución ideal. En todo caso, estas relaciones donde una persona es dependiente emocionalmente de la otra, son insanas y desequilibradas. Este tipo de situaciones conforman un terreno donde los miembros de la pareja no pueden crecer como personas y donde ninguno de los dos se siente realmente satisfecho ni feliz.
Aunque objetivamente, y visto desde fuera, este tipo de relación sea insalubre, lo cierto es que engancha muy fuertemente a los dos miembros. Ambos miembros saben que las consecuencias de la relación son negativas, pero no pueden cortar el vínculo de unión.
 En casos extremos nos encontramos con  que estas relaciones tóxicas terminan en situaciones de maltrato, donde el dependiente dominante necesita humillar, vejar y maltratar a la otra persona, considerándola de su propiedad, pero no la abandona y no acepta que sea la otra persona la que le abandone.
Muchas personas obsesivas y perfeccionistas adoptan una férrea rutina de trabajo de la que no pueden despegarse aunque quieran. Otras se angustian al imaginar su vida sin su pareja. Una de las causas de la adicción es la inmadurez emocional: quienes encajan en el perfil tienen poca tolerancia a la frustración, son vulnerables e incapaces de hacer un buen manejo del placer.
El dependiente carece de libertad y no sabe tomar decisiones en primera persona. Es cierto que el objeto de deseo brinda una tranquilidad transitoria mientras está ahí, pero cuando desaparece, la sensación es insoportable.
¿Merece la pena vivir con ansiedad por miedo a perder lo que, en teoría, nos da la felicidad?
Desprenderse emocionalmente de alguien no implica tener indiferencia afectiva, es decir, que tu dolor no me duela y tu alegría no me alegre. Significa "estar contigo" pero no sentirme preocupado por la relación, que "tú no me definas y yo no te posea”.
Uno de los principios clave para superar la dependencia es la aceptación; aceptar que nada es para siempre. La permanencia no existe. “Las cosas cambian, se transforman y se pierden". 
Una manera de crear resistencia frente a los apegos y un entrenamiento simple podría ser el siguiente ejercicio: “métete una galleta de chocolate en la boca y sácatela tal cual está”. Aprende a sobrevivir sin lo que crees que aporta sentido a tu existencia.
Otro ejemplo sería convertirse en un banco de niebla. Eres un ser nebuloso que no atrapa insultos ni críticas. Si dejas que las palabras dolorosas te atraviesen evitarás, por ejemplo, depender de la aprobación de los demás. “Es mejor que te aplaudan a que te silben, pero si no puedes vivir sin el aplauso, tienes un problema”.
Otro aspecto importante para afrontar la dependencia es aportar a la persona una dosis de realismo. “Hay que ver las cosas como son". Los budistas enseñan una virtud: la desesperanza, o ”Aprender a perder es importante para no toparse con la realidad y sufrir en exceso".
El apego biológico a los hijos es inevitable, pero de preocuparnos por ellos a tener una actitud sobreprotectora hay una distancia considerable. Hay quienes impiden que su hijo salga con sus amigos, llegue tarde a casa, se independice, sea libre y aprenda a hacerse cargo de sí mismo. Cuando llega el momento de la independencia emocional del hijo, algunos padres entran en crisis. ¿Acaso creemos que la infancia es eterna?.
En mi experiencia terapeútica me he encontrado hijos dependietes siempre procedentes de padres dependientes que proceden a su vez de abuelos dependientes y así podríamos retroceder en el arbol genealógico, a saber cuantas generaciones. En algún momento alguien llega para cortar ese ciclo de repeticiones patológicas y suele ser la persona que llega a la consulta, la "oveja negra", la que sale de ese rebaño eterno de ovejas blancas que pastaban una hierba que no les sentaba bien pero no vieron jamás que a su alrededor había otros prados de hierba fresca donde pastar libremente, pues lo más cómodo era seguir en el prado conocido sin moverse. El dependiente emocional siempre alberga en su interior un profundo miedo al cambio.
Querer a la familia no está reñido con tener autonomía. “Hay que estar pendiente, pero no ser dependiente“. Nos alegramos de su felicidad y sufrimos con sus tristezas, pero no dependemos de ellos y su felicidad para la nuestra propia.
Estar enamorado no implica no poder vivir ni disfrutar si nos alejamos de la persona amada o si esa persona se aleja de nuestras vidas. 
Levantamos ideales de barro que se derrumban con la lluvia, dejándonos el alma mojada.
Imagina que te dan un salvavidas para cruzar el río porque si no, te hundes; entonces dependes del flotador. ¿No sería mejor aprender a nadar?. Muchos de los apegos existen porque te ayudan y mantienen tu falta de habilidad. Resuelve tus déficits para no engancharte a las soluciones fáciles.

martes, 10 de junio de 2014

Terapia de Pareja, ¿ Y por qué no?

Cuando empezamos a vivir en pareja los sueños e ilusiones nos dan el coraje de enfrentarnos a todo y depositamos muchas expectativas en la persona elegida.Con los años las ilusiones disminuyen y algunos de los sueños se hacen realidad, mientras que otros se tornan imposibles; a su vez, nos damos cuenta que las expectativas puestas en la persona amada a veces resultan excesivas y nos cuesta aceptar que no sea como esperábamos.
Al elegir una pareja todo empieza bien. Cada miembro prueba sus posibilidades y límites y, en principio, muestra lo mejor de sí mismo sin dejar trascender aquello que pueda molestar al otro. Pero a medida que pasa el tiempo las relaciones se van haciendo menos lúdicas, más firmes, surgen diferentes cambios y cada cambio implica una crisis.
A menudo acuden a mi consulta personas que han perdido los sueños e ilusiones de pareja, a veces debido a la rutina, otras a la sobrecarga de tareas de la casa y muchas con el nacimiento del primer hijo; acaban aislándose cada uno en su mundo personal, alejándose inevitablemente el uno del otro.
La pareja pasa por fases muy diferentes que muchas veces aparecen como graves crisis. Pero es bueno entender que dichas crisis son esperables en todo proceso. Es muy importante poder tratar y superar esas crisis ya que es la única manera de poder sostener una pareja madura. Una de las claves consiste en poder diferenciar una crisis de un final definitivo, y es en estos momentos cuando se debe buscar ayuda profesional antes de que ésta ya no sea efectiva. Si bien, en ocasiones, aún empezando una terapia de pareja tarde para solucionar la crisis, la terapia ayuda a que el final sea algo más amable y menos doloroso.
Existe una fuerte resistencia a pensar que nuestras relaciones tienen problemas. El reconocer que puede que haya algo que no funciona es casi como admitir su fracaso. Las parejas se autoengañan pensando que es solo una temporada, que es debido a los niños, al estrés laboral, a una mala racha o a un sin fin de excusas, con tal de no reconocer que existe un problema al que se le deben dar soluciones efectivas. Otros se resignan pensando que nada cambiará y ya no hay solución posible y mejor continuar "aguantando" la situación por el bien de los hijos, cuando los niños son los primeros que perciben en el hogar la falta de amor entre sus padres, lo cual es mucho más dañino para ellos que una separación.
La terapia de pareja es muy útil si nos importa volver a recobrar los sueños e ilusiones por compartir planes de futuro. Si bien es cierto que no siempre funciona, tal vez debido a que en general se atrasa hasta que los problemas son demasiado profundos. El mejor momento para iniciar una terapia es cuando comienzan los problemas que no pueden ser resueltos por sí solos. Cuando esas situaciones se dejan pasar pensando que van a solucionarse milagrosamente se suelen acumular sentimientos de frustración dañinos para la relación.
Sabemos que el proceso de convivencia es complicado y que produce un desgaste en la relación. Esto se debe al proceso intrínseco de la propia convivencia y a todos los cambios, tanto personales como externos, que se dan en la vida de cualquier pareja, y que afectan en esa convivencia.  Este proceso de desgate es lento y las parejas no acuden de inmediato a buscar ayuda, intentan resolver los problemas con infinitud de mecanismos, no siempre acertados, como: dándose un tiempo, haciendo como si nada pasara, como si los problemas se solucionaran por ciencia infusa o con la esperanza que el otro "ya cambiará". Estos mecanismos erróneos aumentan los niveles de insatisfacción y malestar en el seno de la pareja. Es entonces cuando muchas parejas se plantean la posibilidad de realizar una terapia. 
El proceso de tomar la decisión no es fácil. Muchos de los casos que vemos en consulta son personas que han tardado tiempo en tomar la decisión, aún siendo conscientes de los problemas que tienen, bien por desconocer en qué consiste la terapia, hecho que conduce al escepticismo, bien por desconfianza sobre la ayuda que realmente pueden recibir. Generalmente, cuando acuden, suele haber un acontecimiento negativo reciente como detonante que ha provocado la decisión de llamar para esa primera cita. Pero hay un desconocimiento sobre “qué es” y “cómo no puede ayudar” la TERAPIA DE PAREJA. Entendiendo que esta falta de información cause escepticismo y retrase el acudir, provocando un mayor desgate en la relación, pensamos que dar una información clara y sencilla sobre el proceso de la terapia, acerca de lo que hacemos, cómo son las sesiones, etc. puede ser de ayuda para muchas personas que están viviendo una situación difícil en su relación de pareja y se han planteado la posibilidad de utilizar este recurso.

domingo, 25 de noviembre de 2012

La pareja es cosa de uno


La personas creemos hallar en ocasiones el remedio a nuestros males al encontrar a alguien que nos entienda y con quién compartir nuestras penas y nuestras alegrias. Pensamos así que si tuviésemos una pareja seríamos felices y no sufriríamos tanto. Sin embargo, muchas veces la pareja es el motivo de nuestro malestar, sobre todo, si en ella se depositan todas las expectativas o creemos encontrar en ella la clave del sentido de la vida
En la mayoría de las ocasiones, si no poseemos un equilibrio psicológico y un estado adecuado de salud mental, será mucho más difícil que la pareja funcione y no existan las frecuentes discusiones y malentendidos, presentes por otra parte en todo tipo de relaciones humanas, pero siendo en el vínculo amoroso donde se consolidan, pudiendo anidar en él de un modo patológico.
Además, las personas elegimos a la pareja desde nuestra parte más patológica y desde dónde nuestros conflictos intenos no estan resueltos, como si nos pusiésemos a prueba con el más difícil de los exámenes, quedando así frustradas nuestras expectativas o planes de felicidad futura.
El vacío afectivo, la falta de contacto con nosotros mismos, el buscar en el otro lo que no encontramos en nuestro interior son algunos de los motivos que nos hacen pensar que si alguien nos da lo que necesitamos y nos entiende dejaremos de sentir ese malestar o vacío emocional. Todo parte de la siguiente premisa: no podemos tener algo que nunca se nos dio. A veces, en la infancia, sufrimos carencias y, más tarde, necesitamos que alguien nos dé eso que nos faltó; es entonces cuando se lo pedimos a nuestra pareja, creando una dependencia hacia esa persona, una adicción personal. La obsesión puede venir precisamente de ahí; si nuestra pareja o persona deseada no nos da lo que queremos generamos una gran frustración que nos lleva a obsesionarnos con esta persona, ya que en nuestra fantasía soñamos en que nos tiene que dar aquello que necesitamos, igual que lo que siente un adicto por las drogas. Una de las funciones del psicólogo es tratar de que la persona busque en sí misma, y no en sus parejas, sus propias carencias, entendiéndolas y aceptándolas, despejando así el vacío y dejando de sentir ese malestar emocional que les atormenta.
Cada vez me encuentro de forma más frecuente en mi consulta malestares emocionales relevantes, causados por conflictos en las relaciones de pareja. Si bien cada caso es particular, existe una expresión común en todas ellas: la queja. Los hombres se quejan de no saber ya cómo abordar a las mujeres, de que hagan las cosas como las hagan no será nunca al gusto de su pareja. Las mujeres se quejan de sentirse solas en el vínculo afectivo, de la falta de iniciativa de sus parejas, su desinterés por algunas cosas y la falta de comunicación.
En definitiva, el encuentro y el desencuentro amoroso hoy está mucho más presente en nuestras consultas como profesionales de psicología y eso tiene muchas reflexiones positivas y negativas al respecto del aumento de personas que acuden a realizar una terapia de pareja.
Alguno de los aspectos positivos es, sin duda, que la realidad social de la pareja hoy día pone el acento más en la igualdad y en los derechos que en la diferencia que los une. El hecho real de la incorporación de la mujer al trabajo, lugar antaño reservado al hombre, modifica sustancialmente la connotación que cada rol tenía en la pareja y los conflictos se intentan resolver en un juego especular; los dos deben repartirse las responsabilidades como si se tratara de una justicia distributiva: el trabajo, los niños, las deudas, etc. Desde esta exigencia, todavía las parejas entan perdidas y necesitan muchas veces la ayuda profesional, siendo de vital importancia acudir a realizar una terapia de pareja antes de que la falta de comunicación o de respeto haga que sea demasiado tarde para que pueda ser efectiva.
No debemos engañarnos pensando que existen principes azules y que cada vez que una relación de pareja no funciona el motivo es que la persona me ha decepcionado y no es lo que buscaba o esperaba; pero por el contrario tampoco debemos pensar que la relación debe seguir a toda costa a pesar de que el respeto, la comunicación y la búsqueda de objetivos conjuntos se haya perdido, sólo por el miedo a quedarnos solos.
La pareja es alguien que no limita y se enorgullece de nuestros logros como si fuesen propios, que nos hace crecer, que nos acompaña en el camino, pero sin ponernos trabas o cerrarnos puertas impidiendo que caminemos por dónde lo haríamos sin que ésta estuviese a nuestro lado. El amor no es posesión, sino repeto y libertad y, como tal, cree y confía, acompaña pero no encierra.
Quiero animar a todas aquellas personas que quieran mejorar sus relaciones o disfrutar plenamente de ellas a pedir consulta y asesoramiento a un psicologo especialista en terapias de pareja cuando crean que algo falla en su relación, para así mejorar sus vidas y tener estrategias para que la comununicación y el respeto sigan presentes y avancen juntos en la búsqueda de objetivos que les hagan encontrar el sentido a sus vidas.

martes, 15 de febrero de 2011

¿Cuanto cuesta el amor?

El día de los enamorados no es sólo el 14 de febrero, es cada día que decidimos dar una oportunidad al amor.
El amor no es un sentimieto fácil, pues requiere de un desarrollo personal que permita una disposición desinteresada hacia los demás, sólo por amor; requiere humildad, confianza y voluntad.
El amor verdadero y maduro significa unión, pero conservando la individualidad y la libertad.
El amor no es un arrebato súbito, sino una disposición permanente que consiste más en dar que en recibir. Dar no es regalar brillantes o comprar algo, sino darse cada uno; nuestra alegria, tristeza, vitalidad, interés, comprensión, humor y todas las expresiones propias de cada uno.
Algo se produce en el acto de dar amor y es más amor.
Debemos ser pues conscientes que el amor tiene un coste no solo emocional, sino físico, mental y espiritual y cuanto más invertimos en él, más altas son las expectativas que ponemos en el éxito del mismo, cuando sin embargo es algo que depende de dos personas, no solo de uno.
Invertir en el amor es un acto voluntario y nadie nos pasa una factura con el costo, ya que es una elección personal.
Nos enamoramos en ocasiones de los ideales, de las carencias afectivas propias o ajenas, de lo similar o diferente a nosotros y muchas veces de lo que nos daña consciente o inconscientemente, y por eso no valoramos el costo emocional. El amor supone en su comienzo una adicción completa de emociones, fantasias y sentimientos, por eso es importante cuidar que esa adicción no se convierta en una dependencia afectiva o emocional del ser amado y conservemos nuestros espacios y roles. Para enamorarnos de un modo sano es importante estar sanos emocionalmente. No debemos abandonar nuestros espacios personales, grupos sociales y roles, pues corremos el riesgo que, si el amor termina, se produzca en la persona un efecto devastador, hasta el punto de no volver a creer en el amor o no tener deseos de seguir viviendo.
Debemos ser pues conscientes que el ideal no existe y el amor es una eleccion personal y madura de entrega y voluntad.
Es importante saber que, en ocasiones, acudir a un profesional para recibir ayuda a tiempo puede resolver una situación de crisis en una pareja y ayudar a cuidar el amor para que de nuevo renazcan los sentimientos positivos del uno al otro. También, en caso de terminar una relación, puede ser positiva la ayuda de un especialista en psicología para liberar las emociones negativas y recuperar las ganas de vivir y la creencia en el amor.

sábado, 6 de febrero de 2010

Creando puentes

Mucha gente se sorprende ante una pareja que se siente feliz y realizada tras muchos años juntos. El secreto de su éxito radica en su estilo de comunicación. Si bien somos seres individuales, no somos islas independientes unos de otros. Por medio de la comunicación nos relacionamos con los demás y establecemos vínculos. El dialogo constituye un puente que nos conecta con los que nos rodean y el poder compartir emociones, sentimientos, preocupaciones, miedos o problemas, es esencial para la pareja.
Sin embargo, la comunicación no es fácil; es un arte que se debe practicar continuamente. Comunicarse en la pareja es mucho más que hablar. Es poder expresar o transmitir libremente los pensamientos y emociones con sencillez y honestidad, teniendo en el otro a un buen receptor. La comunicación es una actitud de apertura al otro, que implica disponibilidad para compartir y que se construye a diario.
Estudios recientes han demostrado que los matrimonios infelices poseen defectos en su comunicación. Así, varios de los problemas matrimoniales provienen de una misma fuente: la falta de comunicación, generando una falsa tolerancia enfermiza que lleva a cada miembro de la pareja a vivir de forma independiente.
La incomunicación aísla, aleja, encierra y bloquea, no permitiendo disfrutar de la convivencia. Es evidente que nadie disfrutaría de una relación donde se den dichas variables a diario, por lo que es fundamental desarrollar una buena comunicación .El diálogo acorta distancias fortaleciendo el vínculo de pareja.
Ahora bien, existen varias formas de comunicar sentimientos, una de ellas es por medio de los gestos, de la mímica del rostro, de la postura del cuerpo, el tono de voz, etc. Cuanto más estrecha sea la relación entre las personas, más importancia tendrá este tipo de comunicación no verbal. Pequeños actos de amor tienen un poder que jamás podemos subestimar. Apenas el toque de una mano, una sonrisa amable, una caricia puede operar maravillas.
Otra forma de comunicarnos es verbalmente; las palabras pueden tanto edificar como destruir la relación. Así, la comunicación constructiva es aquella que es respetuosa, abierta y transparente y que aporta un crecimiento a la pareja. En esta clase de comunicación ideal se dejan de lado los rencores, las acusaciones y las exigencias para asumir las propias responsabilidades logrando un diálogo productivo. Para este tipo de comunicación es indispensable ser sinceros y pacientes, guardando el respeto mutuo.
Opuesta a la anterior existe la comunicación destructiva, caracterizada por ser irrespetuosa, prepotente, rencorosa y vengativa, destruye el vínculo, genera desconfianza y temor.
Ahora bien, los conflictos en la pareja generan a menudo incomunicación. A veces sucede que uno de los cónyuges responde con monosílabos al deseo de comunicarse de su pareja, lo que genera mayor insistencia por parte de ésta y no suele ser productivo. Hay quienes también utilizan el silencio como castigo o máscara que oculta la incapacidad de comunicarse, de admitir equivocaciones, escondiendo las debilidades. Muchos otros no desean comprometerse a abrirse al otro por temor a fracasar. Al no comunicarse el sujeto se encierra detrás de un muro cada vez más alto, o puede llegar a comunicarse erróneamente no permitiendo a la pareja poder entender sus sentimientos.
¿Pero, qué significa comunicarse realmente? Y ¿qué beneficios obtiene la pareja? En su sentido más amplio, comunicación significa "comunión" y constituye el lazo de unión en la pareja. Comunión es tener tiempo uno para el otro, hacer algo juntos. Comunión es conversar por una preocupación común. Es cualquier palabra o acto que crea el sentimiento de unidad disolviendo barreras, favoreciendo la comprensión recíproca y facilitando la solución de los conflictos. El correcto diálogo posibilita la cooperación para el logro de objetivos mutuos y hace que la convivencia sea agradable, fructífera y enriquecedora. Y lo más importante, una buena comunicación genera sensaciones de seguridad, de amor y de comprensión.
Pero para que el diálogo funcione debe darse un feedback (ida y vuelta) entre ambos cónyuges. El diálogo trata de dar y recibir: dar nuestro tiempo, nuestros "oídos" y recibir al otro, aunque en ocasiones pensemos que no necesitamos nada de los demás.
La comunicación efectiva para una pareja puede aprenderse en terapia de pareja, a través de pautas y entrenamiento, dando la posibilidad, sobre una base de amor, de recuperar un puente entre uno y otro que había dejado de existir.

lunes, 31 de marzo de 2008

¿Has sentido alguna vez los celos?


Todos en ocasiones hemos sentido celos. Nuestro corazón se acelera e incluso en ocasiones nos falta la respiración a causa de la ira que los acompaña. No debemos sentirnos incómodos por ello, es algo innato y natural en las personas. Según las estadísticas el 100% de las personas han sentido celos al menos un par de veces en su vida. Si bien es cierto que, no todos llegan a los extremos y que los más difundidos, son los celos entre las parejas, estos no son los únicos y así, existen celos entre hermanos, entre compañeros de trabajo que se disputan el reconocimiento, etc. La existencia de los celos es universal y puede estar basada en situaciones reales o imaginadas, pero se trata de una forma específica de miedo que puede acarrear reacciones insospechadas. Los celos constituyen la emoción opuesta a la confianza. Algunos psicólogos piensan que favorecen las relaciones fieles y monógamas y desde dicha perspectiva, se asume que funcionan como un mecanismo de defensa a través del cual, las parejas se hacen estables y duraderas perpetuándose. Sin embargo, muchas otras veces logran destruir las más bellas relaciones. Es posible intentar aprender una serie de técnicas para poder utilizarlos en beneficio de la pareja. La clave esta en el equilibrio justo, pues en su justa medida pueden constituir un aliciente para que la llama del amor se mantenga viva, pero en exceso pueden acabar en ruptura o peores situaciones. El popular dicho de “ si no está muy celoso, no esta muy enamorado” no hay que tomárselo al pie de la letra, si bien puede tenerse parte de realidad y así una persona que se considera poco celosa con sus antiguas relaciones y repentinamente, con una pareja en concreto, se muestra más desconfiado/a; puede que el motivo sea por que siente un amor más profundo y por tanto más miedo al engaño o la pérdida, o por que al lado de dicha pareja su autoestima sea más baja que con anteriores relaciones en las que se sentía superior. También, es importante confiar en uno mismo para poder confiar en la pareja, pues si a cada uno de nosotros nos cuesta ser fieles, será más fácil dudar de la fidelidad de la persona que esta a nuestro lado. El amor y los celos están pues muy relacionados, pero es posible prescindir de estos últimos para convivir en armonía.
Existen personalidades que favorecen los celos patológicos entre ellos se encuentran los obsesivos compulsivos y los que padecen baja autoestima, pero cualquier persona independientemente del tipo de personalidad y en base a las condiciones de la relación, puede sufrirlos y si no se aprende a tiempo herramientas para manejarlos podemos dejar pasar de la largo un gran amor o tal vez, el amor verdadero.