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viernes, 12 de enero de 2018

EXPECTATIVAS DE FAMILIAS PERFECTAMENTE IMPERFECTAS


Hoy necesitaba más que nunca reflexionar sobre el tema de las expectativas, porque no me sentía bien después de unos días de reposo cargados de fiebre y tos.

Nacemos desnudos y puros, sin maldad, sin creencias que nos limitan, inocentes. Pero esa pureza poco a poco es sustituida y suprimida por conceptos que nuestros padres, profesores, sociedad y medios de comunicación, entre otros, nos enseñan. Nos "programan" con un guion erróneo de cómo deben ser las cosas, los conceptos y prioridades de la vida, porque ellos, a su vez, fueron programados anteriormente de un modo semejante y en eso creen.

Las personas nos pasamos gran parte de nuestras vidas sintiéndonos mal por lo que alguien nos hizo o, por el contrario, dejó de hacer, ofendidos por lo que alguien dijo o por lo que no supo decir. Todo ello depende de lo que cada uno esperamos del resto, de las expectativas que creamos cada uno de nosotros con nuestros pensamientos sobre lo que esperamos de los otros y en especial de nuestras familias y aquellos a quienes apreciamos y amamos

TÚ esperabas que tus padres te dieran más amor... ¡no te ofendas!...son "tus" expectativas de unos "padres ideales", pero seguro que ellos lo hicieron lo mejor que supieron y pudieron.
TÚ esperabas que tu pareja reaccionara de una manera y no lo hizo...tu pareja no te ha hecho nada, sino que es la diferencia entre lo que tú esperabas y lo que ella sintió y supo o pudo hacer. TÚ esperabas unas navidades donde el amor y la alegría lo inundasen todo y nuevamente tus expectativas te ofenden, pues todo eso no depende de ti únicamente y la sensación de sentirte herido por lo que te hacen los otros se irá cuando dejes de poner las expectativas en los demás, creyendo que se comportaran como tu deseas o esperas. Solo puedes poner expectativas reales sobre aquello que depende exclusivamente de ti.

Es necesario tener muy claro y entender que nadie te ha ofendido y que son tus "expectativas" de cómo deberían actuar los demás lo que te molesta.
Estas ideas son el resultado de las influencias externas a lo largo de tu periodo de aprendizaje y de cómo podemos aprender de nuevo, renaciendo a nuevos estilos de vida más sanos. Es necesario saber que la mayoría de las personas nunca van a ser y a comportarse como tú deseas porque son libres de hacerlo a su manera.  Ni padres, ni hijos, ni amigos, ni parejas se comportaran según el concepto que tú tienes de cómo se deberían comportar, pues es solo tu creencia y no la realidad. Todos somos parte del engranaje de la naturaleza y el hecho acertado es dejarlos fluir sin intentar controlarlos.

Nuestras familias si bien no son perfectas ni como deseamos, son las que tenemos y las que nos han traído a la vida. Amarlas y disfrutarlas tal y como son sin poner expectativas y dejarlas fluir es algo difícil pero muy sano emocionalmente. Sin embargo, eso no significa que no podamos pedir lo que necesitamos a nuestros seres queridos, eso sí, aceptando cualquier respuesta y expresando nuestro malestar si alguna situación nos resulta desagradable o dolorosa, pues cualquier emoción que no gestionamos, comprendemos o aceptamos puede ser causa de un síntoma y una enfermedad de mayor o menor gravedad. Cualquier emoción silenciada para no crear conflicto acaba generando un síntoma en nuestro cuerpo para sacarlo de otro modo diferente al natural, que es expresando la emoción a través de la comunicación y liberándola al transitarla y sentirla sin quedarnos atrapados en ella. El síntoma y la enfermedad es pues un mensaje del cuerpo que nos invita a expresar y gestionar nuestras emociones. La enfermedad común de estas fechas navideñas es la gripe, que está relacionada con la ira con respecto a alguien o algo, que dijo o hizo alguna cosa que no te gusto o no supiste encajar. La emoción que se oculta detrás de una gripe o resfriado puede ser:

·         Reacciono mal ante las opiniones o críticas de los demás.

·         Miedo a reaccionar con furia.

·         Miedo a defender mi opinión o posición.

·         Incapacidad para "responder" asertivamente.

Cuando hay peleas  o discusiones prolongadas en el tiempo, entonces,  el resfriado se convierte en bronquitis. Esas peleas no son discusiones sino más bien la incapacidad emocional para expresar al otro aquello que nos hace sentir mal por no disgustarlo, reteniéndolo por miedo.

Cualquier enfado puede acabar en resfriado si no lo gestionas adecuadamente. Para gestionarlo, lo primero será tomar conciencia del enfado. Recuerda que si hay síntoma es porque no somos conscientes del conflicto. Reconoce lo que te enfada y cámbialo, si tienes que ir a la comida de navidad puedes ir,  pero sin expectativas, aceptando la situación y no esperando que los demás cambien. Si te enfadas es por tus expectativas, porque quieres que las cosas sean como tú crees que deben ser; sin expectativas no hay enfado ni frustración. Es más, cuando no hay expectativas, cuando tu cambias, las personas cambian y ya no hacen nada que te pueda enfadar, pues ya no hay falsas esperanzas de la familia perfecta tal y como cada uno la entendemos según nuestras creencias, muchas veces basándonos en comparaciones irreales con otra familias aparentemente felices y perfectas.

Practica vivir sin expectativas en referencia a cómo deben comportarse los demás; practica vivir el presente sin esperar nada de nadie y verás como un mundo mágico se abre ante ti. 

 



miércoles, 13 de diciembre de 2017

NAVIDAD , TIEMPO DE HONRAR A LOS QUE TRAJERON LA VIDA


La Navidad es tiempo de costumbres que  invitan a participar de un  mensaje de amor y de entrega. La Navidad es, además, la fiesta de los reencuentros familiares y reúne a varias generaciones cuyos dos polos principales son los nietos y los abuelos. De hecho, cuando estos últimos pueden, son ellos los que reciben a la familia. Es la manera de “ocupar su lugar”. En esta época, compartir las tradiciones en familia y  transmitir la importancia de dar y recibir amor, de ser solidarios, de alimentar el espíritu y de disfrutar de las pequeñas cosas de la vida, se convierten en el mejor regalo que podemos ofrecer a nuestros seres queridos. Cada Navidad es una nueva oportunidad para colocarnos en el lugar que nos toca en nuestro sistema familiar, en el de hijos, nietos, padres, hermanos o compañeros. Nos gustaría que, por lo menos en Navidad, olvidáramos los rencores del pasado y prevaleciera siempre el perdón y la reconciliación, para conseguir una convivencia navideña llena de felicidad y de paz entre todos los seres humanos y, en especial, en cada una de nuestras familias. La Navidad nos lleva a sentimientos encontrados, al reencuentro con la familia y al recuerdo de los que ya no están. Recuerdo, de niña, el amor con que mi abuela preparaba estas fiestas para que todos nos reuniésemos alrededor de una mesa con una hermosa vajilla de cristal y los mejores manjares, el color rojo de los bombones de Nestlé y los colores brillantes de las galletas surtido iluminaban aquel comedor de madera. Todo depende de las expectativas que pongamos y el amor disponible. Si durante el encuentro familiar podemos dar amor sin esperar nada a cambio, pedir lo que necesitamos y hablar desde lo que sentimos  sin juzgar a nuestros seres queridos, entonces podremos sentir la esencia de la verdadera Navidad, la de la gratitud por los reencuentros, la de los abrazos esperados, la aceptación de que cada uno puede dar y entregar aquello de lo que dispone, y no más.

Las familias tienen pautas rígidas de funcionamiento y cuando se reencuentran de nuevo se vuelve casi de forma automática a esa rígida homeostasis enfermiza. Cuando algún miembro que está más sano deja de funcionar con los viejos patrones, el resto se resiste y se crean los conflictos. Ese que empieza funcionando de modo diferente siempre es considerado en la familia ”la oveja negra”. No se trata de volver a lo antiguo ni de imponer lo nuevo, solamente de respetar a los otros y pedir lo que necesitamos, desde la humildad. Solo de ese modo las situaciones pueden fluir y el reconocimiento del otro puede llevarnos a poder dar y recibir el amor en sus diferentes manifestaciones. Tal vez necesitamos un abrazo de mama y no lo pedimos y ella nos regala un jersey de angora para que nos abrace por ella, pues nadie la abrazó ni le explicó la importancia de hacerlo; tal vez tu abuela ya le tejía a ella esos jerséis como forma de amor y es esa su expresión amorosa. Puede que solo necesites palabras amables y que tu madre te diga que lo haces bien y recibas una silla para sostener tu peso pues ella no conoce otra forma de sostenerte. Si sabemos ver en lo sutil de las cosas, siempre podemos encontrar el amor o el miedo en cada conducta. En cada detalle están las dos emociones encontradas, que de forma mágica y misteriosa en Navidad se reúnen a cenar juntas con toda la familia. Entre luces, dulces, brillos y copos de nieve parece que lo invisible se hace más visible y se siente quienes están cerca y quienes, a pesar de la distancia, se siguen reuniendo al lado de nuestros corazones a cenar.
Por qué no pedir ese abrazo y darlo; tal vez si humildemente explicáramos lo importante que es para nosotros el reconocimiento de mamá o papá…
Este año he comprado un mantel nuevo de Navidad en honor a mi abuela y al amor que ella ponía en la mesa durante las fiestas y unos vasos nuevos para recoger el fluir de nuestro sistema familiar. Pondré unas velas para iluminar nuestros corazones y una intención de aceptar que, a pesar de todas nuestras diferencias, hay algo común en nosotros y es el amor que sentimos y el profundo deseo de que cada Navidad sea mejor que la anterior y podamos sentir el amor de nuestro sistema familiar. Habrá sitio para todos, los que vengan y los que no puedan venir y un pensamiento de amor y reconocimiento para cada uno de ellos. Para los que ya no están y miran desde las brillantes estrellas como el cristal de bohemia, un espacio en el corazón y el agradecimiento por un legado de amor.
Os recomiendo que cada uno viva estas fiestas desde la humildad y la gratitud, que mantengamos el ego a raya en cada instante compartido, aceptando las diferencias de nuestros seres queridos, no queriendo tener la razón y regalándosela esta vez al mayor que, por orden, es legítimo y llegó antes a la vida. Que expresemos con abrazos, besos, caricias, palabras de amor y miradas dulces nuestros mejores sentimientos por aquellos que nos dieron la vida, nuestros padres, por aquellos que dieron la vida a quienes nos dieron la vida, nuestros abuelos, por quienes vienen del mismo lugar que nosotros, nuestros hermanos, por quienes nos acompañan en nuestro camino, la pareja y por supuesto por quienes son la prolongación de nuestra vida, nuestros hijos. Pero démosle el lugar que tienen en la vida, valoremos el orden de llegada y honrémosles solo por ser. Es también un buen momento para acercarnos a aquellos de quienes elegimos aprender, amigos, compañeros de trabajo, jefes, todos ellos no están en nuestras vidas por casualidad sino para aportarnos algo y reflejarnos en ellos. Atrevámonos a observar nuestras luces y nuestras sombras a través del espejo de otros, soltar el miedo y volver al amor, al lugar que en esencia nos corresponde a todos. Avivemos en estas fiestas las llamas de nuestros corazones, juguemos como niños y sintamos sin miedo nuestro sistema familiar desde la gratitud y el respeto que se merece, pues algo milagroso emerge de él: nuestra vida.
 

domingo, 7 de febrero de 2016

¿ Y tú cuando perdiste tus sueños?


 
A veces miramos atrás y pensamos en los logros que hemos alcanzado a lo largo de nuestra vida; a pesar de contar con un montón de ellos sentimos una especie de vacío o insatisfacción sin saber el motivo. Quizás entonces debiéramos preguntarnos si lo que hemos conseguido es lo que deseamos o es tan solo lo que se esperaba de nosotros. Y ahora, ¿Cuáles son nuestros sueños y anhelos? Si no tenemos una repuesta inmediata quizás los hayamos perdido por el camino o tal vez el recorrido seguido ha sido aquel que nos dictaba la razón y no el corazón, o bien puede que hayamos llegado a ser personas con innumerables  éxitos y, sin embargo, haya desaparecido en nosotros esa pasión que un día tuvimos y nos llenaba de una energía exultante de la que ahora carecemos. Dedicarnos un tiempo a escucharnos, a hablarnos a nosotros mismos, a recuperar esos deseos es fundamental. A veces el reencuentro con nosotros mismos termina con esa búsqueda constante de llegar a ser más, tener más, destacar más,  para simplemente sentir más amor y pasión por las cosas sencillas y cotidianas de la vida. Sentir cómo disfrutamos de cada paso del camino, pararnos y descansar, entregarnos sin miedo a sentir el amor. Hay algunos aspectos que nos indican de forma clara si nuestro camino emocional es el adecuado o no. ¿Nos irritamos fácilmente ante demasiadas cosas? ¿Sentimos que nada nos satisface? ¿Conseguimos un éxito y apenas somos capaces de disfrutarlo? ¿Nos comparamos con otros? Si contestamos sí a más de una de estas preguntas tal vez debiéramos hacer un stop en el camino. Si no somos capaces de dedicarnos ese espacio tal vez sea el momento de pedir ayuda y que alguien nos acompañe en el camino de la búsqueda de nosotros mismos para recuperar esos sueños que un día se perdieron por el camino.
Nuestros sueños marcan la dirección a seguir; nuestra pasión nos da el impulso para dirigirnos en su búsqueda; nuestras emociones nos indican si esa ruta es o no la adecuada. Cuando vibramos en sintonía a esos sueños disfrutamos de emociones de sosiego y calma a la vez que tenemos energía exultante y nos sentimos conectados con la vida y la naturaleza.
Nos tratamos a nosotros mismos como nos trataron en nuestra infancia. Y si los adultos negaron o ignoraron nuestros deseos, nosotros seguiremos haciéndolo a no ser que nos paremos un instante y decidamos cambiar el rumbo. Reconocer qué fue lo que necesitamos y no obtuvimos de niños es el primer paso para sanar heridas y sentirnos más libres. Observando a un niño es fácil entender cuál es esa conexión y la energía que nos lleva a seguir el camino hacia lo que en esencia somos y nos hace sentirnos bien. Cada uno de nosotros venimos a este mundo con el derecho a ser felices y con una misión que nos hace sentirnos bien. Si te sientes abatido/a o no encuentras ese camino, párate y cambia de ruta, busca otra manera de vivir si con la que tienes te das cuenta que ya nada te hace sentir la pasión de ese niño descubriendo día a día lo maravilloso de la vida.
En nuestro niño interior reside nuestra autenticidad y espontaneidad; nuestras ilusiones y deseos profundos. Nuestra responsabilidad como adultos reside en encontrar a nuestro niño y darle aquello que no supieron darnos; puede ser un trabajo difícil con recorridos dolorosos pero la recompensa es una vida llena de vitalidad y de reencuentro con nuestros sueños.
 

martes, 10 de junio de 2014

La terapia, mejor si es en familia

Los seres humanos somos seres relacionales, es decir, solo podemos ser entendidos en relación con los demás. Por eso, en ocasiones, cuando una persona sufre un problema está relacionado con su interacción con otros miembros de su grupo social; el primer grupo social que establecemos y el más importante es la familia.
Todos sabemos lo que es una familia pero la mayoría desconocemos lo complicado de su funcionamiento y las reglas que éstas mantienen. Una familia funciona como un sistema, por lo que un solo miembro de la misma no podrá cambiar la dinámica familiar en caso de ser ésto necesario; se requerirá entonces la figura de un especialista en la materia, ajeno al sistema. Además, será necesario que los miembros de la familia estén dispuestos a participar de esos cambios.

Normalmente llegan a mi consulta madres y padres preocupados por el comportamiento de sus hijos. Sin embargo, en la mayoría de ocasiones el problema no está en la persona que acude como paciente, sino en el funcionamiento conjunto y las reglas de esa familia, que acaban produciendo que alguno de los miembros desarrolle lo que llamamos síntomas, que otros miembros de la familia confunden con comportamientos extraños o inadecuados.
Casos como "mi hijo hace lo que le da la gana", "mi marido no me hace caso y hace su vida", "mi hija no se centra en los estudios", "tiene problemas con todo el mundo", "resulta que se junta con gente que no le conviene", son muchos de los síntomas que se pueden desarrollar en una persona que forma parte del sistema familiar que no funciona de forma adecuada, desarrollándose así esa "conducta alterada".
La función del psicólogo especialista en terapia familiar no es otra que la de facilitar que los miembros de ese sistema se comuniquen entre ellos de una forma sana para desarrollar realciones coherentes.
Por otro lado, todas las familias entran a lo largo de su vida en varias crisis. Las crisis suponen un cambio y, como cualquier modificación, un período de inestabilidad. En ellas podemos ver un peligro o una oportunidad de mejora y evolución. En las crisis familiares las relaciones entre sus miembros pueden mejorar o empeorar; lo que harán, inevitablemente, es cambiar y dependiendo de cómo esa familia afronte la crisis y las ayudas que tenga lo hará para mejora o empeoramiento de ese sistema familiar.
Podemos entender las crisis también desde el punto de vista de que lo que siempre había funcionado en una familia se queda anticuado y ya no sirve y lo nuevo aún no ha llegado y es desconocido, por lo que nos da miedo.
El psicólogo, cuando acude una persona con un problema determinado, no trata de curar un síntoma, pues lo que provocó dicho síntoma, desde el punto de vista del sistema familiar, es un funcionamiento insano. No se trata de culpar a nadie, ni siquiera al funcionamiento de la familia, sino de intentar que el sistema se equilibre y de observar desde fuera al sistema para dar una nueva perspectiva de cambio y mejora a fin de que todos los miembros de esa familia se impliquen en ese reajuste y cambio hacia un equilibrio. No cabe duda de que cada familia y cada miembro de la misma lo hace lo mejor que sabe y tiene sus propias reglas, pero las inevitables crisis y etapas que todas las familias atraviesan hacen que las reglas deban ir renovándose y cambiando. En ocasiones, para poder ayudar un psicólogo a una persona, debe contar con la ayuda de su familia y averiguar qué factores de las interacciones familiares le están ayudando o perjudicando. Así, una de las formas de intervenir en psicología es la terapia familiar.
A veces, el terapeuta decidirá contar con la colaboración de algunos miembros de la familia o con todos ellos y les reunirá en consulta. Otras, les citará de manera individual, pero siempre tendrá presente las relaciones que el paciente establece con su entorno familiar y trabajará sobre ello.
En todo caso, en Terapia Familiar el proceso terapéutico es similar (en sus etapas e intervenciones) al de la Terapia Individual, con la diferencia de que se trabaja con la familia y las relaciones que el paciente establece en ella.
Las familias, aunque tengan dificultades, tienen un potencial muy grande para cambiar y funcionar mejor. La terapia familiar trata de usar ese potencial para favorecer los cambios, intentando ayudar a buscar una forma alternativa para solucionar los problemas que produzca menos dolor, angustia o frustración en la persona o personas afectadas. La finalidad es mejorar la comunicación entre los miembros trabajando con todos a la vez. De esta manera, la posibilidad de cambiar la situación es mucho mayor. Uno de los inconvenientes en este tipo de terapia es su larga duración, ya que los tratamientos que buscan modificar dinámicas que llevan años de evolución no se pueden hacer a corto plazo, atendiendo a que la disfunción familiar se produce a lo largo de años, por lo que, como mínimo, se necesitan varios meses o años, dependiendo del tipo de problema. Sin embargo está comprobado que las personas que hacen terapia familiar durante un tiempo prudencial se benefician notoriamente. 
Si vemos que un problema que hemos intentado solucionar en repetidas ocasiones y nos genera sufrimiento en nuestra convivencia familiar no tiene solución, muchas veces, el realizar una terapia familiar con un especialista puede ayudarnos a encontrar otras soluciones que alivien un malestar de muchos años de evolución y hacer cambiar situaciones que parecía imposible que mejorasen. Ahora bien, un último consejo: en caso de escoger este tipo de terapia o sernos ésta aconsejada por parte de un profesional, es importante recurrir a un psicólogo que esté especializado en terapia familiar.  

miércoles, 26 de marzo de 2014

YA NO SOMOS DOS, SOMOS TRES.


La mayoría de las personas, cuando se enamoran, lo hacen desde una fascinación por aspectos del otro carentes en uno mismo. Nos fascina su seguridad, la espontaneidad, su forma de comprender la vida, su independencia, su claridad de ideas; cualquier aspecto de nuestra personalidad, todavía por evolucionar, puede servir como excusa para iniciar una relación de pareja. En algunas parejas, con el tiempo, esa sensación de admiración va dejando paso a la rutina y a otras sensaciones de incomodidad. Así, la seguridad puede convertirse en soberbia, la espontaneidad en impulsividad, la independencia en egoísmo, la bondad en perfeccionismo o su claridad de ideas en una mente cerrada. Surgen entonces las contradicciones, dependencias y ataduras emocionales que, con el tiempo, aprisionan a la pareja. Sin embargo ésta se sostiene, pues ambos miembros obtienen algo que necesitan del otro, ambos miembros dan y reciben.
Cuando dejamos de ser dos para convertirnos en tres con el nacimiento del primer hijo el sistema cambia en su totalidad. La madre dedica toda su energia al bebe y el padre debe dar sostén a una madre que se dedica en cuerpo y alma a su cría. Existe un nuevo circuito en que se rompe el equilibrio de la pareja y ambos dan sin recibir del otro como antes estaban acostumbrados a hacer. Es necesario que los dos comprendan e integren este nuevo sistema de funcionamiento para que el hijo reciba todo el amor necesario y así crecer en armonía. Es un momento para ser conscientes de nuestras propias carencias, experimentar nuestros límites, enfrentarnos a nuestros temores y desplegar nuestro amor en su totalidad. Ser madre o padre implica una revolución interior de la que salir fortalecido o agotado, dependiendo de cómo lo afrontemos.

Ambos adultos han de reducir su ego para que la crianza pueda darse. Los dos deben dar en lugar de recibir y tener la flexibilidad suficiente para comprender que en ese momento de sus vidas les toca ofrecerse en su totalidad y dar amor incodicionalmente. 

A menudo me encuentro en la consulta con parejas que, con la llegada del primer hijo, se desestabilizan, como si las pequeñas fisuras que existían en su relación se abrieran en grandes grietas. Sin embargo, si las parejas están preparadas o se asesoran para ello, la llegada de un hijo puede ser el mejor momento para un crecimiento personal pues nos reencontramos con los aspectos menos deseados de nuestra mente. La tarea de ser padres o madres implica encontrar nuestras carencias infantiles, nuestros miedos y limitaciones, iluminar el material del que estaba construida nuestra relación de pareja. Modificar, crecer, improvisar, cambiar, asumir, integrar o aceptar son aspectos básicos y necesarios que debemos activar en un momento vital como la crianza de un hijo. Traer luz a las dependencias y necesidades que existen en la pareja y mejorarlas con el nacimiento de un hijo es una oportunidad única para que la unión crezca de forma que, en vez de dos mitades, podamos sentirnos dos seres humanos completos, íntegros y libres. Ahora bien, no busquemos un hijo como punto de unión con nuestra pareja, puesto que solo desde la libertad, respeto y flexibilidad hacia el otro podrá darse una crianza sana y el crecimiento de una familia adaptada y feliz.
A veces, cuando aparecen fisuras, una terapia de pareja o de crecimiento personal para reforzar los cimientos y hacer sólida la relación puede prevenir las grietas que se abren cuando nace un nuevo ser. Cuando de dos pasamos a ser tres ese crecimiento debe estar sobre unos firmes pilares pues esa personita conformará su personalidad en base a la solidez de su padre y su madre, como seres individuales plenos y como pareja completa. De los padres aprendemos todo y de su amor nos haremos, por ejemplo, personas seguras o inseguras.
Yo misma me encuentro en un momento de crecimiento personal, pues he sido madre; y pienso que no hay mejor legado que regalarle un amor incondicional; para ello recojo cada día de su padre y de mis seres queridos todo el amor con que me sostienen. Quiero dedicarles precisamente a ellos, pareja, madre y abuelos este articulo, por sostener el mejor proyecto de mi vida, ser madre.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Los padres como educadores

Los padres son, sin duda, las personas más importantes en la vida de las personas y conforman el primer grupo social al que pertenecemos. Es por tanto a partir ahí como se conforma nuestra personalidad y la manera de relacionarnos con el resto de personas. La educación de nuestros padres influye de manera decisiva en cómo nos sentimos actualmente en nuestras vidas e incluso repetimos de forma automática pautas, comportamientos e incluso frases que ellos decían o hacían.
Para un desarrollo psicológico adecuado es necesaria la aprobación, consideración, atención y aceptación de nuestros padres y de ello dependerá nuestro futuro nivel de autoestima y el cómo nos sintamos en el futuro. La aceptación de lo bueno y lo malo de los niños por parte de sus padres ayuda a que se acepten a sí mismos y soporten mejor las frustraciones y fracasos que puedan surgir en su vida.
Durante los primeros años de la vida de un niño, los padres son todo su mundo, proporcionándoles el afecto, protección y seguridad que necesitan; al ser éstos sus modelos, los niños actuarán copiando todo lo que observen de ellos. Más adelante, amigos, profesores, hermanos mayores y héroes pasarán a actuar como modelos, pero los primeros y más importantes serán los padres. Por eso es importante actuar lo mejor posible como modelos. Es importante aceptar a los hijos tal y cómo son y no como quisiéramos que fueran; ayudarles a nos esconder partes de sí mismos que no les gusten por miedo al rechazo. Debemos elogiar sus cualidades positivas e intentar, de las negativas, sacar conclusiones para mejorar.
Un niño-a tratado con respeto, justicia, tolerancia y afecto aprende a quererse a sí mismo y a los demás.
Algunas indicaciones para orientar de alguna manera a quiénes ejercen la difícil responsabilidad de educar como padres, y teniendo en cuenta que cada niño-a, en cada edad, tiene diferentes particularidades, serían, en líneas generales:
Aprender a negociar. Hacer un esfuerzo por negociar con los hijos, el marco de referencia debe ser suficientemente amplio y debe aumentar conforme van creciendo.
Los adultos deben conocer sus propios límites. Si los padres no tienen límites tampoco sabrán ponerlos. No se puede pedir a un niño que nos ayude en las tareas de la casa mientras nosotros estamos tumbados en el sofá sin hacer nada.
Saber decir 'no'. El estilo comunicativo de los padres debe ser acorde con sus palabras, es decir, el lenguaje verbal y el lenguaje no verbal no deben contradecirse.
Ser coherentes. Cuando se niega algo, se tiene que explicar por qué se ha tomado esa decisión; el decir ”no, porque yo lo digo” no es un argumento.
Escuchar y mirar. Cuando lloran, patalean o gritan, es posible que los niños estén intentando decir algo, hay que aprender a escucharles y mirarles a los ojos.
Mantener las decisiones. Es importante mantener la coherencia con lo que se hace y se piensa porque de lo contrario se perderá la credibilidad ante los hijos.
Resaltar lo que se hace bien. El niño debe saber lo que hace mal, pero no se le puede solo criticar con estas actuaciones, también tiene que saber qué cosas hace bien y reforzarle.
Poner límites que tengan valor. Si hay que decir al niño que no rompa sus juguetes, no se debe utilizar el chantaje emocional y decirle que mamá se va a poner triste si lo haces, sino que hay que explicarle que no es adecuado.
Poner límites no significa que haya que ser estrictos, sino evitar que sean poco "tolerantes a la frustración”. Pensar que es en el colegio donde deben educar a nuestros hijos es una equivocación; la labor educativa ha de ser conjunta, integral y coherente aunque, en todo caso, todo comienza por la educación de los padres como principales responsables en la educación de sus hijos.

domingo, 7 de septiembre de 2008

Terapia familiar como intervención psicológica


Los seres humanos somos seres relacionales, es decir, sólo podemos entendernos en relación con los demás. Por eso en ocasiones cuando una persona sufre un problema está relacionado con su interacción con otros miembros de su grupo social, el primer grupo social que establecemos y el más importante es la familia.
La familia es un sistema formado por miembros interrelacionados y cuando uno de ellos tiene un problema o síntoma, los demás también sufren las consecuencias y pueden colaborar en la solución. Siempre que un problema afecta a varios miembros, todos pueden colaborar en la solución.
Para poder ayudar en la mayoría de ocasiones a una persona, un psicólogo debe contar con la ayuda de su familia y averiguar qué factores de las interacciones familiares le están ayudando o perjudicando. Una de las formas de intervenir en psicología es la terapia familiar.
En ocasiones, el terapeuta decidirá contar con la colaboración de algunos miembros de la familia o con todos ellos y los citará a consulta, otras veces, citará de manera individual al paciente o citará a los padres y luego a los hermanos, pero siempre tendrá presente las relaciones que el paciente establece con su entorno familiar y trabajará sobre ello.
En todo caso, en Terapia Familiar el proceso terapéutico es similar (en sus etapas e intervenciones) al de la Terapia individual, con la diferencia de que se trabaja con la familia y las relaciones que el paciente establece en ella.
Las familias aunque tengan dificultades, tienen un potencial muy grande para cambiar y funcionar mejor. La terapia familiar trata de usar ese potencial para favorecer los cambios, intentando ayudar a buscar una forma alternativa para solucionar los problemas que produzcan menos dolor, angustia o frustración en la persona o personas afectadas. La finalidad es mejorar la comunicación entre los miembros de la familia y trabajando con toda la familia a la vez, la posibilidad de cambiar la situación es mucho mayor. Uno de los inconvenientes en este tipo de terapia es su larga duración, ya que los tratamientos que buscan el cambios en dinámicas que llevan años de evolución no se pueden hacer a corto plazo y la disfunción familiar se produce a lo largo de años por lo que como mínimo se necesitan varios meses o años dependiendo del tipo de problema; sin embargo está comprobado que las personas que hacen terapia familiar durante un tiempo prudencial se benefician notoriamente.
Si vemos que un problema que hemos intentado solucionar en repetidas ocasiones y nos genera sufrimiento en nuestra convivencia familiar no tiene solución, muchas veces el realizar una terapia familiar con un especialista, puede ayudar a ver otras soluciones que alivien un malestar de muchos años de evolución y hacer cambiar situaciones que parecía imposible que mejorasen.