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sábado, 8 de noviembre de 2008

Controlar y sentirse controlado

El poder y control de una persona puede verse distorsionado por la forma pensar.Las personas pueden sentirse impotentes e incapaces de controlar sus vidas y, por lo tanto, sentirse controladas externamente, bloqueándose e impedidas para actuar. Los que sufren estos pensamientos no se ven capaces de construir y dirigir su vida o de introducir cualquier tipo de cambio en el mundo que los rodea. Miren donde miren sólo ven indefensión humana y se creen "personas con mala suerte".Los factores externos, otras personas o bien otras cosas son las responsables de su sufrimiento o de sus fracasos; los demás, el destino o la mala suerte son los culpables de todo. Por todo eso, proyectan así sus responsabilidades sobre el exterior, resultándoles difícil encontrar soluciones o actuar para cambiar las cosas, pues al no depender de ellos, no funcionarían.El polo opuesto son las personas que se sienten omnipotentes, responsables de todo lo que pasa a su alrededor. Estas personas se creen responsables "de todo y de todos". Llevan el mundo sobre sus hombros. Consideran que sus amigos o compañeros de trabajo dependen de ellos, por lo tanto, se hacen responsables de su felicidad y llevan la carga de que si algo malo ocurre o comenten alguna negligencia, eso les comportaría el rechazo de los otros. Esta creencia de omnipotencia depende de 3 factores:
- La sensibilidad hacia los demás.
- Una creencia excesiva en sí mismos para solucionarlo todo.
- La expectativa de ser ellos mismos y no los demás los responsables de solucionar todos los problemas y necesidades del resto.
Si bien de alguna manera cada uno es responsable de aquello qué sucede, el equilibrio entre no responsabilizarnos de nuestras decisiones, proyectando todas las responsabilidades en los otros o por el contrario, asumir un exceso de carga sobre todo lo que ocurre a nuestro alrededor tiene que ser el objetivo a la hora de desarrollar nuestra vida diaria y la relación con nuestro entorno.

lunes, 24 de marzo de 2008

Otros pensamientos distorsionados

Además de las falacias existen otras creencias habituales en las personas, que generan malestar y emociones negativas. Entre ellas cabe citar:

Visión catastrófica o catastrofista.
Esta creencia la tienen aquellas personas que ante cualquier situación esperan el desastre y que suceda lo peor. Por citar algunos ejemplos podemos hablar de aquellas personas que si tienen un dolor de estómago piensan :“Y si tengo algo grave…” o que si esperan a alguien que no llega, piensan: “Y si ha tenido un accidente…”. Es pues evidente que, aún sucediéndonos lo mismo a distintas personas, las que tiendan a pensar de este modo se sentirán peor y sufrirán más que las que poseen un pensamiento positivo y optimista. Debemos pues dejar de anticiparnos a los acontecimientos, centrarnos en el presente y valorar las posibilidades.

Pensamiento polarizado
.
Los aspectos se valoran como buenos o malos, olvidando los términos intermedios. Las cosas son o blancas o negras. Debemos en dichos casos graduar la situación y pensar que existen los términos medios.

Filtraje
De las situaciones que experimentamos o de aquello que nos sucede, filtramos o nos quedamos solo con los aspectos negativos de la situación. Un ejemplo sería, por ejemplo, estando uno en una fiesta maravillosa con amigos y pensar:” pude haber disfrutado de la fiesta de no ser por la música, que era horrible”. Debemos desdramatizar la parte negativa de las cosas, buscando soluciones y valorando también la parte positiva de lo sucedido para ver así que lo ocurrido no es tan malo como pensamos.

Sobregeneralización
Se tiende a pensar, ante un hecho que sucedió de forma puntual, que sucederá siempre lo mismo ante situaciones semejantes. Un ejemplo sería: “Desde lo de Lucia nunca he vuelto a confiar en una pelirroja”. Debemos, cuando pensemos de este modo, preguntarnos cuántas veces ha ocurrido realmente y qué pruebas tengo para pensar que sucederá de nuevo.

Culpabilidad
Culparnos a nosotros mismos o a los demás de lo sucedido, sin tener en cuenta otras circunstancias que influyen en los hechos. Debemos pensar en los muchos motivos que han podido afectar para que algo ocurra.

Interpretación del pensamiento
Consiste en creer que los demás piensan como lo hacemos nosotros, cosa que nos lleva a interpretar lo que ellos piensan, por lo que les sucede o por las caras que ponen. Un ejemplo sería pensar:” Siempre está sonriendo pero sé que no me quiere.” Debemos dejar de hacer suposiciones sobre cómo piensan los demás si no disponemos de pruebas fiables.

Personalización
Relacionar, sin pruebas, los acontecimientos que suceden con uno mismo. Cuando en grupo se hace alguna observación, la persona pensará” lo dice por mi…”. Debemos buscar pruebas y no sentirnos aludidos sin motivo.

Tener razón

Defender nuestra postura por encima de todo, aún a pesar de estar equivocados. Las personas con esta creencia no valoran opiniones de otros, a veces más adecuadas, y defienden su postura aún cuando le cause problemas o discusiones hacerlo.
Sería adecuado para cambiar dicha creencia reconocer nuestros errores y dar cabida a las opiniones de los demás.

Algunas de nuestras falacias

Falacia significa “mentira”. Existen varias mentiras como creencias distorsionadas y estas son:

La falacia de cambio.


Las personas que tienen este tipo de pensamiento distorsionado son aquellas que piensan que podrán cambiar a los demás si los presiona lo suficiente o se los convence y así al cambiarlos, adaptarse a ellos. Las energías de estas personas se concentran en conseguir que los demás cumplan sus expectativas y cuando no sucede se frustran. Nadie puede cambiar a los otros, solo a uno mismo y con mucho esfuerzo .El resultado de que intenten cambiar a otra persona, hace que la otra persona se sienta cohibida y atacada y por lo tanto no cambie en nada. Las personas con estos pensamientos ponen sus expectativas de felicidad en el comportamiento de los demás, culpando siempre a los otros de sus desdichas. Sin embargo la felicidad de cada uno no depende en absoluto del comportamiento del resto, sino más bien de las decisiones que cada uno de nosotros tomamos a lo largo de nuestra vida.
Cada uno de nosotros debemos pensar en aceptar las cosas que no nos gustan de los demás, pero en ningún caso pretender cambiarlos. El cambio debe empezar por nosotros mismos y por entender que la creencia de poder cambiar lo que no nos agrada de los demás para ser más felices es irracional y por tanto debemos preguntarnos que pruebas tenemos para pensar que la felicidad depende del cambio de esa persona y no del nuestro.

La falacia de justicia


El termino justicia es subjetivo de por si, pues nadie considera justo lo mismo. Las personas con este tipo de creencia irracional consideran que solo es justo lo que ellos creen como justo y los demás están equivocados por lo que si no están de acuerdo se sienten resentidos ante los demás. Valorar como injusto todo aquello que no coincide con nuestros deseos es pues otra creencia irracional que nos proporciona mucho sufrimiento si no intentamos cambiarla por otra más racional o más adaptativa. Una alternativa sería escuchar los deseos de los otros y preguntarnos si los demás tienen derecho a tener otra opinión distinta a la nuestra.

La falacia de recompensa divina


Dicha creencia viene de nuestra cultura y religión. Se tiende a pensar que si hacemos las cosas bien seremos recompensados. Las personas con dicha creencia irracional se comportan de forma “adecuada” en espera de ser recompensados. Creen que a través del trabajo y el sacrificio y entrega algún día obtendrán la justa recompensa, como si alguien llevase las cuentas. Se resienten cuando comprueban que la recompensa no llega. Quizá debiésemos para cambiar dicha creencia intentar hacer cosas que nos satisfagan a nosotros mismos, sin espera de nada a cambio salvo la propia satisfacción personal y no realizar una multitud de cosas que complazcan a los demás en espera de obtener después una recompensa que nunca llega.


La falacia de control

Dentro de dicha creencia existen dos formas de pensamiento deformado o distorsionado. Por un lado están las personas que se ven responsables de todo lo que ocurre a su alrededor; por lo tanto dichas personas llevan mucha carga sobre sus hombros y deben por tanto responder a todos los problemas de los demás, satisfacer todas las necesidades, en especial las de los más cercanos, pues creen que si ellos no lo hacen, nadie lo hará y ellos serán los culpables del desastre. Dichas personas deberían pensar que cada uno es responsable de satisfacer sus propias necesidades.
En polo opuesto de dicha creencia están aquellas personas que creen que ellas no son responsables de nada de lo que sucede ni pueden cambiar nada, otras personas o circunstancias son las responsables de sus pérdidas, sufrimiento o dolor, por lo que ellas no pueden hacer nada para evitarlo. Desde esta perspectiva es difícil buscar solución a los problemas pues nada funcionaría al no depender de uno mismo y la persona quedaría indefensa y bloqueada. La alternativa a dicha creencia sería pensar que cada uno es responsable en alguna medida de lo que le sucede.
Dentro de dos semanas hablaremos de algunas más de las creencias que nos proporcionan sufrimiento para poder así identificarlas y cambiarlas por otras creencias o pensamientos que nos hagan sentirnos mejor.
Lo importante pues, más que aquello que nos sucede a las personas, es como lo interpretamos, pues un acontecimiento idéntico, provoca en cada persona pensamientos y emociones muy distintas y su afrontamiento y búsqueda de soluciones a lo que le sucede estará influido por sus creencias. Las personas nos comportamos pues en base a lo que pensamos y sentimos.
Cuando las personas poseen en su sistema de creencias varios pensamientos distorsionados y estos producen en su forma de vida un sufrimiento psicológico intenso, es necesaria la ayuda de un profesional para realizar un trabajo de detección, detención y modificación del pensamiento que nos genera sufrimiento.

Falsas creencias

Las creencias que cada uno de nosotros tenemos influyen en nuestras emociones, y por medio de ellas en nuestra salud. Dichas creencias se basan en la interpretación que hacemos de los hechos, y no de éstos en si mismos. Es por dicho motivo que a varias personas le puede suceder el mismo acontecimiento y se comportan de distintas formas, y ese comportamiento está sin duda influido por su sistema de creencias, en parte innato, pero en parte adquirido o aprendido y por tanto modificable.
Todas las personas poseemos en mayor o menor medida una serie de creencias que autores como A Ellis o A Back llamaron creencias irracionales, falsas o distorsionadas. Dichas creencias no son otra cosa que interpretaciones o conclusiones falsas que las personas hacemos de acontecimientos cotidianos. Estos autores son los que más han contribuido a estudiar dichos pensamientos y opinaban que en parte el sufrimiento humano era innecesario pues provenía de dichas creencias y modificándolas podíamos dejar de sufrir de forma muchas veces inútil.
Podíamos citar muchas de estas creencias o pensamientos y la mayoría de nosotros nos sentiríamos identificados con algunas de ellas.
Algunos de nosotros pensamos que si somos buenos con alguien merecemos eso mismo hacia nosotros, la madre que espera que si cuida bien a su hijo este haga lo mismo con ella si lo necesita, o la esposa fiel que espera por ello la misma fidelidad de su esposo. En realidad y por desgracia no siempre ocurre así. Otros de nosotros ante cualquier contratiempo proyectamos una visión catastrófica, en ocasiones emitimos juicios de valor sobre los demás o nos exigimos normas rígidas a nosotros mismos. Tambien interpretamos el pensamiento de los demás o pretendemos cambiar a otros y hacerlos a nuestra imagen y semejanza o como nos gustaría que fuesen. Existen muchas creencias irracionales e identificar en cada uno de nosotros las más frecuentes es el primer paso para poder modificarlas y así mejorar nuestra calidad de vida.
En muchas ocasiones dichas creencias generan ansiedad, tristeza, rabia, frustración, por lo que nuestra salud mental puede verse afectada. La mejora en nuestro estado de salud tal y como dicen los homeópatas sigue el camino de dentro hacia fuera y así ocurre que las creencias producen emociones que hacen que nos comportemos de un modo u otro, para modificar pues algunos de nuestros comportamientos debemos identificar las creencias irracionales y modificarlas por otras más racionales y que generen comportamientos más adaptativos. Existen técnicas en psicología tales como la técnica de reestructuración cognitiva que sirven para dicho fin. Si en tus pensamientos identificas creencias de este tipo, acudir a tu psicólogo podrá ayudarte a mejorar tu nivel de salud mental y tu bienestar.