miércoles, 16 de septiembre de 2015

CON LA CAPA DE SUPERMAN Y VOLANDO AL RAS.

Todos desempeñamos roles cuando nos relacionamos con los demás. Dichos roles van cambiando y, en ocasiones, pueden llevar a relaciones patológicas y de dependencia mutua e insanas.
Resulta llamativo como, por lo general, no somos conscientes de qué actitud adoptamos cuando nos relacionamos con los demás, y cómo este rol determina, en muchas ocasiones, nuestra forma de comunicarnos y de relacionarnos. Son los llamados juegos psicológicos.
Hay 3 posibles roles que se adoptan cuando hay conflictos:
  • Víctima: en este caso, la persona adopta un papel de víctima de la situación. Es habitual que diga frases del estilo: “¿Por qué me pasa a mí esto?”,” Todo me pasa a mí”, “Tengo mala suerte”…. La persona en el papel de víctima busca auto compadecerse y que alguien le salve de su situación. Es una postura cómoda para la persona ya que trata de despertar sentimientos de pena y lástima en los demás.
  • Perseguidor: a diferencia del papel de víctima, la persona que adopta el papel de perseguidor suele aprovecharse de las debilidades de los demás para descargar su rabia con ellos. Se trata de humillar sin más, perseguir hasta que los otros se sientan culpables por lo que hacen o no hacen.
  • Salvador: la persona que adopta este rol trata incesantemente de salvar a todo el mundo de todos los males del universo, tanto si se lo pides como si no. El salvador ayuda por la necesidad intrínseca que siente de sentirse imprescindible.
Para este artículo me gustaría centrarme concretamente en el rol del salvador.  Esta persona denota una preocupación excesiva por los sentimientos y necesidades de los demás, incluso en detrimento propio. Cree que si se compadece de los demás y se sacrifica lo suficiente por ellos será una persona alabada y querida. No obstante, dado que raras veces hace públicas sus propias necesidades y sentimientos, y menos aún los hace prevalecer, lo normal es que termine sintiéndose agobiado e inapreciado. Sin embargo, al creer que sus acciones hacen de él “una buena persona”, en el fondo se siente orgulloso de su sacrificio y de su desvelo por el prójimo.
En el fondo el Salvador es un niño abandonado que sin saberlo espera encontrar a alguien que le salve. Tal vez sus carencias de niño/a abandonado/a le hacen tener la necesidad de no dejar a nadie desprotegido en un afán inconsciente de no revivir su propia historia de pérdidas y carencias.
Difícilmente podrá cubrir esas carencias cuando, en su intento de salvar, suele ser frecuente vincularse con personas dependientes, atrayéndose como los polos opuestos de un imán o también puede gestarse desde una relación interpersonal normal y derivar lo patológico bajo un hecho de características especiales como ser la pérdida real o subjetiva de autonomía, no solo física, sino que también en algún otro aspecto de la vida, por ejemplo podría gestarse entre dos amigos, familiares, pareja , en que uno de ellos pierda el trabajo o ingrese en una situación económica difícil.
Esta persona que asume el rol de salvador es aquella que presta toda su capacidad de acción sobre quienes se vinculan con ellas a través de su esfuerzo voluntario de superación,  proyecta sus capacidades en auxilio de los demás, a los que considera dentro de la frontera de su ego, con el objeto de hallar un lugar en el mundo.
Este tipo de respuesta interna puede también deberse a una sobre-exigencia sufrida en su crianza para poner en práctica valores morales impuestos, sin que se le haya permitido tomarse el tiempo de experimentar en la vida y equivocarse para
 
poder definir su propia moral.
Las razones por las que una persona actúa de esta forma son, en general, inconscientes; conscientemente se percibe como bondad y buena voluntad y puede haber sido un aprendizaje irracional inconsciente asimilado en alguna etapa de la vida o como medio para defenderse de la soledad, para encontrar un lugar en el mundo, para compensar sentimientos de culpa, los cuales pueden tener un contenido irracional o irreal introyectado en la niñez en ámbitos culturales en donde la ausencia de bondad era ampliamente censurada. Cabe aclarar que en esencia el que asume el rol de salvador tiene sentimientos positivos, solo que invade, o bien se deja manipular en ocasiones o manipula él, para actuar dentro del ámbito de la frontera del ego de otro ser humano, suponiendo que es el rol que corresponde en función de fantasías al respecto de sus capacidades.
Existen casos extremos en que este tipo de vinculación (dependiente – salvador) deriva gradualmente desde una relación normal a la trasformación en una relación patológica, en que la persona dependiente se convierte inconscientemente en un insaciable tirano y dominador, mientras que el salvador, en su inconsciente obligación autoimpuesta a hacer el bien proyectado exclusivamente en la persona dependiente, termina frustrado en una caótica relación de codependencia. Muchas veces el salvador se encuentra con sentimientos de culpabilidad al poner un límite sano en esas relaciones de dependencia insanas, viéndose juzgados por su propia víctima a la que ayudaban, que se convierte en cruel verdugo que expulsa a su salvador definitivamente de su vida, buscándose siempre tal como hace la víctima excusas en las que se justifica dicha expulsión y se culpa al salvador de no haberle dado la ayuda que requería o no haberle sabido entender a pesar de los esfuerzos y la energía gastada por el salvador en ayudar a la víctima que nunca se dejara salvar para continuar regocijándose en los beneficios de su propio rol de víctima.
El salvador debe aprender a salvarse a sí mismo, pues su propia necesidad de salvar a otros es un intento fallido por encontrar su propia salvación a sentimientos de pérdida y culpa albergados desde su niñez, produciendo su papel de continuo salvador frustraciones constantes y una falta de control, pues las víctimas tienen mucho miedo a salir de su papel por ser el único que conocen y saben representar y eso supone muchas veces que el salvador no consiga su objetivo de salvarlos con el posterior abandono de la víctima.
El desapego del salvador de esas personas y el establecimiento de límites y superación del abandono de la víctima ,muestra de forma visible la mejora en el sentimiento de abandono del niño que se convierte en su propio salvador.
¿Qué pasa cuando Superman se quita su capa? , Nada, solo que no puede volar ni tiene superpoderes; se convierte en una persona normal con responsabilidades normales, un trabajo normal y una vida normal, no en un superhéroe pendiente de salvar al mundo de todas sus catástrofes.
La persona empieza a saber pedir a otros y establecer relaciones sanas que le aportan y no relaciones en las que solo aportan ellos a víctimas necesitadas.
Venga Salvadores, quitaros la capa, es muy cansado ser un superhéroe de por vida, quitaros los miedos al quitaros la capa, pues debajo se esconde una increíble persona con miedos y coraje para afrontar cualquier cosa, aunque no podamos volar.
Dedicado a todas aquellas personas que asumen el difícil rol de salvadores y en especial a esa niña de mirada dulce a la que tanto quiero para que se quite la capa…
 

miércoles, 24 de junio de 2015

MUSICA, ILUSIONES E INFUSIONES…LA MAGIA DE COMPARTIR AMOR

Creo que he tenido la suerte en la vida de contar con personas extraordinarias en mi vida y ser para ellas también alguien valioso en sus vidas. Sin embargo a veces no sabemos soltar o transformar aquello que, por apegos, lleva mucho tiempo acompañándonos a lo largo de nuestras vidas y se convierte en algo a lo que debemos dejar paso, creando nuevos espacios a partir del vacío que se ocasiona.
La amistad cumple la importante función de apoyo social, generando sentimientos de pertenencia y aceptación. A su vez el sentimiento de pertenencia hace que se tengan más habilidades de afrontamiento, que se den situaciones de autoeficacia y una mayor satisfacción en las relaciones sociales; todo ello incide de manera beneficiosa sobre nuestro bienestar físico y psicológico.
Las personas a veces nos decepcionamos con las amistades por diferentes interpretaciones sobre qué entendemos como verdadera amistad; en ocasiones creemos que damos más que lo que recibimos y se produce un desequilibrio en la relación afectiva. Existen 5 características de las amistades sanas:
 
1.       Autenticidad, es decir, expresar claramente el modo de sentir sin máscaras ni reservas. No es lógico no decir algo a un amigo por miedo a su respuesta o reacción por sentirse juzgado.
2.       Cordialidad, que consiste en aceptar de forma incondicional sin pretender que los demás hagan lo que uno quiere. Ello no implica no dar nuestra opinión sobre lo que nos gustaría o lo que nos molesta.
3.       Empatía o capacidad de comprender lo que la otra persona siente. A veces no hacen falta las palabras.
4.       Disposición de apertura hacia el otro, de compartir de puertas para afuera.
5.       Equilibrio entre el dar y recibir, entre los espacios compartidos positivos y negativos. Todos huimos de personas que solo comparten dolor y desdicha.
La mayoría de las relaciones de amistad y de pareja fracasan en alguno de estos puntos. Después, el éxito en restablecer el equilibrio dependerá del esfuerzo que realicen las dos partes por llegar a algo diferente a lo que fue, pero no necesariamente peor, sino mucho mejor y más maduro.
Mi perspectiva, no solo como terapeuta sino como amiga que ama profundamente a sus amigos es la de conservar aquello que ha valido la pena en tu vida. Para mí, las personas importantes son las que te hacen vibrar en algún momento de la vida y tú les haces a ellas sentir la misma intensidad en esas emociones. Si algo se rompe, esos espacios de salud compartidos permanecen en las almas, inalterables, y con un recuerdo de adorable nostalgia.
Al igual que una antigua tradición china que pega antiguas piezas de cerámica con oro y plata haciendo a esas piezas más valiosas y únicas, en mi vida me he esforzado por conservar a aquellas personas que han sido importantes para mí; en la mayoría de casos lo he conseguido y, de no ser así, tengo claro que de mi parte he puesto todo aquello que estaba a mi alcance por seguir compartiendo amor y ofreciendo todo aquello que mis sentimientos provocaban en cada momento.
Muchas veces sufrimos pérdidas porque nuestro ego no nos deja expresar lo que sentimos o pensamos, explicar nuestras razones, nuestras emociones, decir “lo siento” o “no he sabido hacerlo mejor”. Cada uno saca sus propias conclusiones y se protege proyectando la responsabilidad en el otro.
He titulado este artículo MUSICA, ILUSIONES E INFUSIONES en honor a dos personas que siempre han estado presentes en mi vida, mis amigas. Estas tres palabras resumen para mí, de forma clara, el valor de la amistad. La música siempre ha estado presente en mi vida como en la de ellas; además hemos compartido muchas canciones bailadas, cantadas, lloradas, reídas y escenificadas. Por eso la música es la melodía siempre presente, armónica y continua de la amistad. Ilusiones son lo fundamental para nutrir una amistad, pues no solo de penas y malos momentos se hacen los buenos amigos; cuando alguien se alegra de tus éxitos como si fuesen suyos y se contagia de tus ilusiones es un claro signo de amistad y algo necesario como condimento de la misma. Por último, las infusiones implican tiempo compartido de charlas y confesiones, un tiempo de transformación, maduro, reflexivo, un tiempo que ya no es de copas ni de cafés, que sustituyen la locura por la serenidad madura de compartir de forma sincera y sin miedos los pensamientos y sentimientos más profundos que una persona pudiera tener.
…a mis amigas…
 
 

 

domingo, 8 de marzo de 2015

MAS ALLA DE LO QUE SENTIMOS

Existen cosas que van mucho más allá de lo visible y razonable; es aquello que sentimos y se escapa a nuestro control.
Aunque nuestro cuerpo nos envía todo tipo de señales para interpretar el alma seguimos tratando de buscar causas racionales a problemas emocionales. Ante emociones que podemos tener enquistadas en nuestro interior, nuestro sistema inmune reacciona, debilitándose a medida que las va procesando. Buscamos soluciones prácticas y curar heridas con tiritas que no dejan cicatrizar el alma.
Esas señales que nos envía el cuerpo nos indican a veces que estamos eligiendo una ruta emocional inadecuada, un camino que no es el apropiado para ser felices. Cada uno de nosotros nacemos con un potencial increíble para desarrollar lo que en esencia somos, pero en ocasiones nos alejamos de aquello que nos proporciona el equilibrio emocional.
¿Qué me pasa? ¿Ante qué reacciono? ¿Qué cosas y personas me alteran y por qué? ¿De dónde viene la insatisfacción que siento con todo? ¿De dónde esa rabia?
Deberíamos preguntarnos también por qué últimamente siempre me duele la cabeza, o la espalda, o la comida me sienta mal; quizá estamos cargando con dudas, con pesos que debemos soltar o tragando cosas que no podemos digerir. Sin embargo, ante cualquier dolor del cuerpo, buscamos una pastilla que lo aplaque y ante cualquier dolor emocional buscamos también una píldora que elimine esa emoción. De hecho entre los fármacos más vendidos se encuentran los antidepresivos y los ansiolíticos. Sin embargo la tristeza no es algo insano que tenga que ser tapado, sino más bien una emoción que, en momentos de nuestra vida, debe ser aceptada y ayudarnos a encontrar el camino hacia otras emociones. La ansiedad no es más que un indicador de alerta que me señala que reacciono excesivamente ante amenazas que en realidad no lo son.
Hoy todo se quiere solucionar rápido y nos olvidamos, sumidos en ese ritmo vertiginoso en el que vivimos inmersos, de sentir las emociones, de vivir. Sentir es entender y avanzar, conviviendo con el sufrimiento y creciendo a través del mismo. Reconociendo y aceptando la angustia se llega a la paz. No rehuyendo el miedo se atraviesa y se supera. Las emociones son todas sanas mientras no nos quedemos permanentemente enganchados a ellas. Por ejemplo, la tristeza en sí misma no tiene por qué ser insana, pero si nos enganchamos a ella se convertirá en una enfermedad, la depresión.
Existe también una clara tendencia en las personas a sentir unas u otras emociones de forma habitual; aquí existen muchas causas que pueden influir en dichos estados emocionales, algunas incluso se escapan a nuestro entendimiento racional y solo uno mismo puede ser capaz de sentir algo diferente a lo que siente. Sin embargo hay un factor condicionante y determinante que influye en nuestro estado emocional que merece especial mención: los padres y, en particular, nuestras madres, el origen de donde venimos y donde misteriosamente se inicia nuestra vida, tal vez mucho antes de lo que somos capaces de alcanzar a pensar. Los sentimientos de nuestra madre ya se filtran por el cordón umbilical de
nuestras vidas y nos dejan un legado emocional de sentimientos que iremos colocando en el puzzle de nuestra andadura vital, repleto de fracasos y éxitos.
Hay un largo camino por recorrer aún para entender nuestra historia emocional y contarnos desde otra perspectiva lo que nos está pasando, ante qué reaccionamos, por qué nos sentimos así o por qué dependemos de otros para ser felices.
El sufrimiento físico o mental solo nos informa de que algo no está funcionando y debemos cambiar la ruta en nuestra vida. Muchas veces somos aquello que esperan los demás de nosotros, alejándonos de aquello que en realidad queremos ser y ya ni sabemos, pues nuestros deseos han quedado enterrados y nuestra alma sepultada en aras de hacer aquello que consideramos correcto o adecuado o que se nos presupone, pero que en absoluto nos hace dichosos y felices, pues no es aquello para lo que hemos nacido en realidad. Todos venimos a este mundo destinados a cumplir algo que nos hará felices. Sin embargo nos alejamos de aquellas emociones básicas que nos colman de felicidad y plenitud personal. Nos alejamos del amor sintiendo miedo a que nos hieran. Nos alejamos de la autonomía emocional dependiendo de otros para ser felices y atribuyendo así a otros nuestras desdichas. Nos alejamos de nuestra creatividad para envidiar lo que otros hacen o tienen y nos alejamos así de la paz en pro de una vida con más y más cosas que nos “satisfacen” momentáneamente y a su vez nos dejan insatisfechos.
Crecer es aceptar el sufrimiento y superarlo, es reconocer el miedo y traspasarlo a pesar de todo, es convencernos que nos hemos equivocado y volver a intentarlo, asumiendo nuestros errores sin tratar de buscar justificaciones en el proceder de los demás.
El camino es largo y con piedras, pero al final puede verse una orilla en calma de aguas cristalinas donde pararse y reposar para tomar aliento y sentir la paz del camino disfrutado y pisado.

lunes, 9 de febrero de 2015

¿No seria mejor aprender a nadar?

Los seres humanos nacemos para establecer lazos entre nosotros, pero nadie nos enseña a controlar su impacto en nuestras vidas. Dependiendo de las relaciones del primer grupo humano, nuestra familia y lo sanas y fluidas que hayan sido dichas relaciones, estableceremos el resto de lazos futuros.  
Algunas personas no conciben la vida sin su pareja, madre, amiga, trabajo; ahora bien, ninguno de éstos es imprescindible para salir adelante, como si de aire o agua se trataran. Todos sentimos afecto y simpatía hacia algo o alguien, pero la existencia de ese sujeto no debe condicionar nuestra felicidad. Quien no está dispuesto a la pérdida renuncia a uno de los rasgos innatos del hombre: la autonomía, la capacidad de gobernarse uno a sí mismo y ser libre.
Para otros el amor se convierte en una verdadera obsesión que lacera completamente las posibilidades de crecimiento de la pareja. En el ámbito psicológico este problema se conoce como “dependencia emocional o afectiva" Estar "enganchado" emocionalmente a alguien consume nuestra energía, libertad y salud mental. Ese vínculo obsesivo y enfermizo implica miedo y angustia a perder a la persona, incluso aunque esta nos dañe. Soltar lastres y desprendernos de aquello que nos hace daño es una de las mayores dificultades, en especial para personas que no han establecido afectos sanos y seguros desde la niñez.
Las relaciones terminan, los padres se mueren, las condiciones de trabajo varían, pero algunos se sorprenden al descubrir en primera persona esta realidad. Nunca están preparados para el duelo. Si a dicha actitud le añadimos la incapacidad de manejar los conflictos sin pedir ayuda psicológica para resolverlos, la probabilidad de desarrollar dependencia emocional es mucho mayor.
Las personas con dependencia emocional sienten una sensación desproporcionada de placer y euforia cuando se está con la persona amada y ansiedad o tristeza cuando se está alejado de ella; cuando estas emociones se magnifican nuestra vida emocional depende de otro y tenemos que preguntarnos si no nos estamos perdiendo a nosotros mismos.
Al igual que sucede con las drogas, la dependencia emocional genera la necesidad de incrementar el contacto con la otra persona hasta el punto que se intenta acaparar todo su tiempo, conocer todos sus pensamientos y formar parte de toda su vida y mundo interior,siendo más importante resolver los problemas y conflictos del otro que los de uno mismo, perdiéndose así los límites de la personalidad.
El principal problema de la dependencia emocional es que se va instaurando poco a poco, a menudo con el consentimiento del otro miembro de la pareja o persona querida. De una forma u otra, debemos tener claro que en la adicción al amor hay dos protagonistas: el que ama en demasía y el que se ha dejado amar de esta manera. De hecho, muchas parejas logran establecer un equilibrio que dura años, hasta que uno de los dos (normalmente el que es controlado y recibe el amor) se cansa y decide poner fin a la relación de pareja enfermiza. Obviamente, esta no es la solución ideal. En todo caso, estas relaciones donde una persona es dependiente emocionalmente de la otra, son insanas y desequilibradas. Este tipo de situaciones conforman un terreno donde los miembros de la pareja no pueden crecer como personas y donde ninguno de los dos se siente realmente satisfecho ni feliz.
Aunque objetivamente, y visto desde fuera, este tipo de relación sea insalubre, lo cierto es que engancha muy fuertemente a los dos miembros. Ambos miembros saben que las consecuencias de la relación son negativas, pero no pueden cortar el vínculo de unión.
 En casos extremos nos encontramos con  que estas relaciones tóxicas terminan en situaciones de maltrato, donde el dependiente dominante necesita humillar, vejar y maltratar a la otra persona, considerándola de su propiedad, pero no la abandona y no acepta que sea la otra persona la que le abandone.
Muchas personas obsesivas y perfeccionistas adoptan una férrea rutina de trabajo de la que no pueden despegarse aunque quieran. Otras se angustian al imaginar su vida sin su pareja. Una de las causas de la adicción es la inmadurez emocional: quienes encajan en el perfil tienen poca tolerancia a la frustración, son vulnerables e incapaces de hacer un buen manejo del placer.
El dependiente carece de libertad y no sabe tomar decisiones en primera persona. Es cierto que el objeto de deseo brinda una tranquilidad transitoria mientras está ahí, pero cuando desaparece, la sensación es insoportable.
¿Merece la pena vivir con ansiedad por miedo a perder lo que, en teoría, nos da la felicidad?
Desprenderse emocionalmente de alguien no implica tener indiferencia afectiva, es decir, que tu dolor no me duela y tu alegría no me alegre. Significa "estar contigo" pero no sentirme preocupado por la relación, que "tú no me definas y yo no te posea”.
Uno de los principios clave para superar la dependencia es la aceptación; aceptar que nada es para siempre. La permanencia no existe. “Las cosas cambian, se transforman y se pierden". 
Una manera de crear resistencia frente a los apegos y un entrenamiento simple podría ser el siguiente ejercicio: “métete una galleta de chocolate en la boca y sácatela tal cual está”. Aprende a sobrevivir sin lo que crees que aporta sentido a tu existencia.
Otro ejemplo sería convertirse en un banco de niebla. Eres un ser nebuloso que no atrapa insultos ni críticas. Si dejas que las palabras dolorosas te atraviesen evitarás, por ejemplo, depender de la aprobación de los demás. “Es mejor que te aplaudan a que te silben, pero si no puedes vivir sin el aplauso, tienes un problema”.
Otro aspecto importante para afrontar la dependencia es aportar a la persona una dosis de realismo. “Hay que ver las cosas como son". Los budistas enseñan una virtud: la desesperanza, o ”Aprender a perder es importante para no toparse con la realidad y sufrir en exceso".
El apego biológico a los hijos es inevitable, pero de preocuparnos por ellos a tener una actitud sobreprotectora hay una distancia considerable. Hay quienes impiden que su hijo salga con sus amigos, llegue tarde a casa, se independice, sea libre y aprenda a hacerse cargo de sí mismo. Cuando llega el momento de la independencia emocional del hijo, algunos padres entran en crisis. ¿Acaso creemos que la infancia es eterna?.
En mi experiencia terapeútica me he encontrado hijos dependietes siempre procedentes de padres dependientes que proceden a su vez de abuelos dependientes y así podríamos retroceder en el arbol genealógico, a saber cuantas generaciones. En algún momento alguien llega para cortar ese ciclo de repeticiones patológicas y suele ser la persona que llega a la consulta, la "oveja negra", la que sale de ese rebaño eterno de ovejas blancas que pastaban una hierba que no les sentaba bien pero no vieron jamás que a su alrededor había otros prados de hierba fresca donde pastar libremente, pues lo más cómodo era seguir en el prado conocido sin moverse. El dependiente emocional siempre alberga en su interior un profundo miedo al cambio.
Querer a la familia no está reñido con tener autonomía. “Hay que estar pendiente, pero no ser dependiente“. Nos alegramos de su felicidad y sufrimos con sus tristezas, pero no dependemos de ellos y su felicidad para la nuestra propia.
Estar enamorado no implica no poder vivir ni disfrutar si nos alejamos de la persona amada o si esa persona se aleja de nuestras vidas. 
Levantamos ideales de barro que se derrumban con la lluvia, dejándonos el alma mojada.
Imagina que te dan un salvavidas para cruzar el río porque si no, te hundes; entonces dependes del flotador. ¿No sería mejor aprender a nadar?. Muchos de los apegos existen porque te ayudan y mantienen tu falta de habilidad. Resuelve tus déficits para no engancharte a las soluciones fáciles.

martes, 23 de diciembre de 2014

NAVIDAD, TIEMPO DE SUEÑOS


Queda poco para estrenar un año más, y estas fechas nos generan una sensación muy agradable, algo similar a lo que siente un niño al contemplar su libreta nueva para la escuela, limpia y con todas las hojas en blanco esperando a ser escritas. El año nuevo se nos presenta como una oportunidad más que nos ofrece la vida para volver a comenzar o a mejorar. Es tiempo de formular deseos o hacerse propósitos nuevos que, como si de un borrón y cuenta nueva se tratase, nos llenan de ilusión para empezar con más ganas el nuevo año. Sin embargo, es importante no olvidar que cada día es un regalo y una oportunidad, por lo que no debemos cerrarnos y pensar que solo en fechas como éstas podemos proponernos cambios en nuestras vidas.
Muchos pensamos que la felicidad es una meta que podemos alcanzar, siempre y cuando cumplamos unos requisitos: seré feliz cuando tenga un trabajo mejor, cuando encuentre pareja, cuando baje esos kilos de más... pero pensando así condicionamos nuestra felicidad al futuro y a situaciones que tienen que ver con algo ajeno a nosotros o que se presenta fuera de nuestro alcance. Por eso debemos apreciar lo que tenemos en el presente, ya que lo importante es disfrutar de este momento al que hemos llegado, seguro, tras alcanzar muchas metas previas, sin por ello dejar de tener metas futuras. También es común pensar que la felicidad es para siempre o que una vez que la alcanzamos permaneceremos felices sin mayor esfuerzo. Pero la felicidad no es un estado permanente; es como una cumbre, un momento en el tiempo en que la plenitud del individuo llega a sus máximos niveles, un culmen en medio de una vida que desfila por momentos altos y bajos. Cada momento es importante, pues si no conociésemos el sufrimiento no podríamos valorar y disfrutar de la felicidad. Lo importante es, pues, llenar nuestras vidas de muchos de esos buenos momentos felices, que nos motiven a seguir adelante y a aprender de los momentos difíciles. Por último, una de las cosas más importantes para alcanzar nuestras metas es tener bien claro lo que está en nuestras manos y lo que no. Podríamos considerar esto como la diferencia entre los propósitos y los deseos. Un deseo es algo que queremos obtener y que puede depender de nosotros, de algo externo o de ambos factores; un ejemplo sería el de querer encontrar pareja. En cambio, un propósito es una meta a cumplir por nosotros mismos, es decir, que se encuentra en nuestras manos, como intentar esforzarse por llevar una vida más sana para sentirse mejor con uno mismo. Este propósito no solo es más realista sino que nos va a dar más posibilidades de alcanzar el deseo, por ejemplo, de encontrar pareja.
Es por todo esto que es importante vivir nuestra vida en equilibrio, aprovechando cada momento para mejorar, cumpliendo nuestros propósitos, así como aceptando nuestro presente sin dejar de mirar al futuro. De esta manera podremos llenar nuestras hojas, en blanco, de momentos felices.
Aprovechemos esta libreta nueva que se abre en pocos días para rellenarla de oportunidades, regalos, deseos, sueños, esperanzas, ilusiones, abrazos, besos, y todo aquello que llene las hojas de conservas emocionales para cuando vengan malos tiempos y la libreta se impregne de lágrimas que no nos dejen ver lo escrito. Será en ese momento cuando podremos volver a leer esas hojas llenas de sueños cumplidos.
Os deseo a todos el mejor de los años y que vuestros deseos se tornen realidad.