martes, 10 de junio de 2014

La terapia, mejor si es en familia

Los seres humanos somos seres relacionales, es decir, solo podemos ser entendidos en relación con los demás. Por eso, en ocasiones, cuando una persona sufre un problema está relacionado con su interacción con otros miembros de su grupo social; el primer grupo social que establecemos y el más importante es la familia.
Todos sabemos lo que es una familia pero la mayoría desconocemos lo complicado de su funcionamiento y las reglas que éstas mantienen. Una familia funciona como un sistema, por lo que un solo miembro de la misma no podrá cambiar la dinámica familiar en caso de ser ésto necesario; se requerirá entonces la figura de un especialista en la materia, ajeno al sistema. Además, será necesario que los miembros de la familia estén dispuestos a participar de esos cambios.

Normalmente llegan a mi consulta madres y padres preocupados por el comportamiento de sus hijos. Sin embargo, en la mayoría de ocasiones el problema no está en la persona que acude como paciente, sino en el funcionamiento conjunto y las reglas de esa familia, que acaban produciendo que alguno de los miembros desarrolle lo que llamamos síntomas, que otros miembros de la familia confunden con comportamientos extraños o inadecuados.
Casos como "mi hijo hace lo que le da la gana", "mi marido no me hace caso y hace su vida", "mi hija no se centra en los estudios", "tiene problemas con todo el mundo", "resulta que se junta con gente que no le conviene", son muchos de los síntomas que se pueden desarrollar en una persona que forma parte del sistema familiar que no funciona de forma adecuada, desarrollándose así esa "conducta alterada".
La función del psicólogo especialista en terapia familiar no es otra que la de facilitar que los miembros de ese sistema se comuniquen entre ellos de una forma sana para desarrollar realciones coherentes.
Por otro lado, todas las familias entran a lo largo de su vida en varias crisis. Las crisis suponen un cambio y, como cualquier modificación, un período de inestabilidad. En ellas podemos ver un peligro o una oportunidad de mejora y evolución. En las crisis familiares las relaciones entre sus miembros pueden mejorar o empeorar; lo que harán, inevitablemente, es cambiar y dependiendo de cómo esa familia afronte la crisis y las ayudas que tenga lo hará para mejora o empeoramiento de ese sistema familiar.
Podemos entender las crisis también desde el punto de vista de que lo que siempre había funcionado en una familia se queda anticuado y ya no sirve y lo nuevo aún no ha llegado y es desconocido, por lo que nos da miedo.
El psicólogo, cuando acude una persona con un problema determinado, no trata de curar un síntoma, pues lo que provocó dicho síntoma, desde el punto de vista del sistema familiar, es un funcionamiento insano. No se trata de culpar a nadie, ni siquiera al funcionamiento de la familia, sino de intentar que el sistema se equilibre y de observar desde fuera al sistema para dar una nueva perspectiva de cambio y mejora a fin de que todos los miembros de esa familia se impliquen en ese reajuste y cambio hacia un equilibrio. No cabe duda de que cada familia y cada miembro de la misma lo hace lo mejor que sabe y tiene sus propias reglas, pero las inevitables crisis y etapas que todas las familias atraviesan hacen que las reglas deban ir renovándose y cambiando. En ocasiones, para poder ayudar un psicólogo a una persona, debe contar con la ayuda de su familia y averiguar qué factores de las interacciones familiares le están ayudando o perjudicando. Así, una de las formas de intervenir en psicología es la terapia familiar.
A veces, el terapeuta decidirá contar con la colaboración de algunos miembros de la familia o con todos ellos y les reunirá en consulta. Otras, les citará de manera individual, pero siempre tendrá presente las relaciones que el paciente establece con su entorno familiar y trabajará sobre ello.
En todo caso, en Terapia Familiar el proceso terapéutico es similar (en sus etapas e intervenciones) al de la Terapia Individual, con la diferencia de que se trabaja con la familia y las relaciones que el paciente establece en ella.
Las familias, aunque tengan dificultades, tienen un potencial muy grande para cambiar y funcionar mejor. La terapia familiar trata de usar ese potencial para favorecer los cambios, intentando ayudar a buscar una forma alternativa para solucionar los problemas que produzca menos dolor, angustia o frustración en la persona o personas afectadas. La finalidad es mejorar la comunicación entre los miembros trabajando con todos a la vez. De esta manera, la posibilidad de cambiar la situación es mucho mayor. Uno de los inconvenientes en este tipo de terapia es su larga duración, ya que los tratamientos que buscan modificar dinámicas que llevan años de evolución no se pueden hacer a corto plazo, atendiendo a que la disfunción familiar se produce a lo largo de años, por lo que, como mínimo, se necesitan varios meses o años, dependiendo del tipo de problema. Sin embargo está comprobado que las personas que hacen terapia familiar durante un tiempo prudencial se benefician notoriamente. 
Si vemos que un problema que hemos intentado solucionar en repetidas ocasiones y nos genera sufrimiento en nuestra convivencia familiar no tiene solución, muchas veces, el realizar una terapia familiar con un especialista puede ayudarnos a encontrar otras soluciones que alivien un malestar de muchos años de evolución y hacer cambiar situaciones que parecía imposible que mejorasen. Ahora bien, un último consejo: en caso de escoger este tipo de terapia o sernos ésta aconsejada por parte de un profesional, es importante recurrir a un psicólogo que esté especializado en terapia familiar.  

miércoles, 26 de marzo de 2014

YA NO SOMOS DOS, SOMOS TRES.


La mayoría de las personas, cuando se enamoran, lo hacen desde una fascinación por aspectos del otro carentes en uno mismo. Nos fascina su seguridad, la espontaneidad, su forma de comprender la vida, su independencia, su claridad de ideas; cualquier aspecto de nuestra personalidad, todavía por evolucionar, puede servir como excusa para iniciar una relación de pareja. En algunas parejas, con el tiempo, esa sensación de admiración va dejando paso a la rutina y a otras sensaciones de incomodidad. Así, la seguridad puede convertirse en soberbia, la espontaneidad en impulsividad, la independencia en egoísmo, la bondad en perfeccionismo o su claridad de ideas en una mente cerrada. Surgen entonces las contradicciones, dependencias y ataduras emocionales que, con el tiempo, aprisionan a la pareja. Sin embargo ésta se sostiene, pues ambos miembros obtienen algo que necesitan del otro, ambos miembros dan y reciben.
Cuando dejamos de ser dos para convertirnos en tres con el nacimiento del primer hijo el sistema cambia en su totalidad. La madre dedica toda su energia al bebe y el padre debe dar sostén a una madre que se dedica en cuerpo y alma a su cría. Existe un nuevo circuito en que se rompe el equilibrio de la pareja y ambos dan sin recibir del otro como antes estaban acostumbrados a hacer. Es necesario que los dos comprendan e integren este nuevo sistema de funcionamiento para que el hijo reciba todo el amor necesario y así crecer en armonía. Es un momento para ser conscientes de nuestras propias carencias, experimentar nuestros límites, enfrentarnos a nuestros temores y desplegar nuestro amor en su totalidad. Ser madre o padre implica una revolución interior de la que salir fortalecido o agotado, dependiendo de cómo lo afrontemos.

Ambos adultos han de reducir su ego para que la crianza pueda darse. Los dos deben dar en lugar de recibir y tener la flexibilidad suficiente para comprender que en ese momento de sus vidas les toca ofrecerse en su totalidad y dar amor incodicionalmente. 

A menudo me encuentro en la consulta con parejas que, con la llegada del primer hijo, se desestabilizan, como si las pequeñas fisuras que existían en su relación se abrieran en grandes grietas. Sin embargo, si las parejas están preparadas o se asesoran para ello, la llegada de un hijo puede ser el mejor momento para un crecimiento personal pues nos reencontramos con los aspectos menos deseados de nuestra mente. La tarea de ser padres o madres implica encontrar nuestras carencias infantiles, nuestros miedos y limitaciones, iluminar el material del que estaba construida nuestra relación de pareja. Modificar, crecer, improvisar, cambiar, asumir, integrar o aceptar son aspectos básicos y necesarios que debemos activar en un momento vital como la crianza de un hijo. Traer luz a las dependencias y necesidades que existen en la pareja y mejorarlas con el nacimiento de un hijo es una oportunidad única para que la unión crezca de forma que, en vez de dos mitades, podamos sentirnos dos seres humanos completos, íntegros y libres. Ahora bien, no busquemos un hijo como punto de unión con nuestra pareja, puesto que solo desde la libertad, respeto y flexibilidad hacia el otro podrá darse una crianza sana y el crecimiento de una familia adaptada y feliz.
A veces, cuando aparecen fisuras, una terapia de pareja o de crecimiento personal para reforzar los cimientos y hacer sólida la relación puede prevenir las grietas que se abren cuando nace un nuevo ser. Cuando de dos pasamos a ser tres ese crecimiento debe estar sobre unos firmes pilares pues esa personita conformará su personalidad en base a la solidez de su padre y su madre, como seres individuales plenos y como pareja completa. De los padres aprendemos todo y de su amor nos haremos, por ejemplo, personas seguras o inseguras.
Yo misma me encuentro en un momento de crecimiento personal, pues he sido madre; y pienso que no hay mejor legado que regalarle un amor incondicional; para ello recojo cada día de su padre y de mis seres queridos todo el amor con que me sostienen. Quiero dedicarles precisamente a ellos, pareja, madre y abuelos este articulo, por sostener el mejor proyecto de mi vida, ser madre.

martes, 4 de marzo de 2014

Quiero ser madre...Voy a ser madre

 Tener un hijo es el sueño de muchas mujeres, sin embargo, ese deseo se traduce hoy día en un proceso largo, muchas veces más de lo deseado. Cada vez nos retrasamos más a la hora de decidir que estamos preparadas para la maternidad. Esto provoca, a su vez, momentos de desesperanza si no llega el feliz acontecimiento, tendiendo a pensar que, quizá, ya es demasiado tarde.
En la capacidad reproductiva de la mujer y el hombre inciden muchos factores, no solo físicos, como la edad o el estado de salud general, sino también psicológicos y mediambientales. Hoy día, cada vez tardamos más en concebir hijos, debido al ritmo de vida que llevamos, el estrés, la vida sedentaria o hábitos poco saludables. En los varones, estos factores afectan a la calidad del semen, mientras que en las mujeres, el hecho de obsesionarse con factores como los días fértiles o el proceso ovulatorio no hace más que incrementar ese factor de estrés ya de por sí existente debido a nuestros hábitos y vida cotidiana.
Ahora bien, cabe destacar también factores psicológicos, pues del entusiasmo y motivación iniciales de los primeros meses pasamos muchas veces a episodios de frustración y desánimo al ver que pasa el tiempo y el ansiado desenlace no acaba de llegar. El acto sexual, pasa de convertirse de un acto de amor y deseo a un acto obligatorio o calculado, causando ésto un estrés añadido a la pareja.
Hoy quiero hablar, no solo desde la óptica de psicóloga que atiende a muchas mujeres y parejas en esta situación, sino también desde mi propia experiencia, la de una mujer que estuvo casi 3 años intentando conseguir un embarazo que suponía mi mayor deseo y el de mi pareja. A pesar de todas las estrategias de las que dispongo, caer en la decepción continua cuando el dichoso test daba negativo era inevitable. Desde mi propia experiencia personal siento que pude llegar a aceptar y superar esas emociones, entremezclándolas con aquellas estrategias y pautas de salud que tan familiares me eran. Así, finalmente mi sueño se hizo realidad y mi felicidad fue plena, gracias a la llegada de Alejandro.
Por eso hace tiempo que vengo valorando la idea de crear desde nuestro gabinete de psicología un grupo terapéutico dirigido a aquellas mujeres que os encontráis en esta situación de indefensión y no sabéis dónde acudir, un espacio de terapia grupal donde compartir la desesperanza y tornarla en ánimo y estrategia de afrontamiento a partir de las experiencias personales y las pautas profesionales, todo ello destinado a “mujeres que desean ser madres”.
El gran deseo de “ser madres” y la presión de nuestro entorno, la sensación de tristeza y la frustración al ver que cada vez “me vuelve el periodo” influyen negativamente en nuestra mente y nuestro cuerpo, convirtiéndose muchas veces en la principal causa por la que no logramos quedarnos embarazadas. Así, nuestros propios pensamientos pueden ser causantes de que no consigamos nuestro objetivo, bloqueando propiamente el proceso natural de la concepción. De esta forma resulta básico preparar no solo nuestro cuerpo, sino también nuestra mente para recibir tan importante acontecimiento como es un embarazo y futuro nacimiento de nuestro hijo.
Muchas veces, la ansiedad por conseguir el objetivo juega en nuestra contra, bloqueando el embarazo. Por eso muchas mujeres, después de intentar repetidamente la concepción natural, deciden recurrir a la adopción, relajando su deseo y quedándose posteriormente embarazadas de forma natural “cuando menos se lo esperan”. También, otras mujeres diagnosticadas de infertilidad corren la misma suerte; cuando han desistido y recurrido a la ayuda médica para concebir, relajan su cuerpo y mente y acaban teniendo un hijo de forma natural incluso trascurridos varios años. Esto sucede porque el centro de atención cambia, modificándose también los pensamientos que entorpecían el proceso natural; la ansiedad baja y la mente se ocupa en otra cosa, favoreciendo la consecución de nuestros anhelos.
¿Qué hacer entonces si nos encontramos bloqueadas, sin poder ser madres? Debemos reprogramar nuestro cerebro, darle órdenes para ayudarle y eliminar pensamientos que entorpecen más que favorecer. Debemos repetirnos encarecidamente frases como: “soy una mujer sana y saludable y voy a quedarme pronto embarazada” o “No hay ningún pensamiento que pueda interponerse a mi deseo de ser madre”.


Relajarnos del estrés y nerviosismo y visualizarnos embarazadas, recreando nuestra mente en imágenes sanas sobre el cómo será, qué sentiré o qué veré nos ayudará finalmente a conseguir uno de los más ansiados objetivos en la vida: traer al mundo otra vida

domingo, 2 de febrero de 2014

¿Que es el TOC?

Las obsesiones son pensamientos, ideas o imágenes absurdas o exageradamente negativas que le vienen nos vienen a la mente sin que lo podamos evitar y que producen una gran angustia. Las personas muy obsesivas pueden desarrollar un trastorno llamado trastorno obsesivo compulsivo (TOC). Dichas personas, cuando tienen ideas obsesivas, responden a éstas con compulsiones (actos repetitivos y comprobatorios) o analizando, dándole vueltas y más vueltas a las ideas en un intento desesperado de aliviar la angustia, cayendo así en la trampa de alimentar las obsesiones, que cada vez se hacen más fuertes, ocupando más terreno en la vida de la persona afectada y imitándole más el desarrollo de una vida sana. El obsesivo solo puede salir del laberinto en que se encuentra cuando deje de tenerle miedo al pensamiento sobrevenido y consiga no identificarse con él. Cada vez son más las personas que acuden a consulta psicológica con este problema, en la mayoría de ocasiones asociado ya a problemas de depresión y  trastorno de ansiedad, pues es el trastorno psicológico que produce más sufrimiento en las personas. Los estados de ansiedad pueden producir obsesiones, pero también las obsesiones pueden generar crisis de ansiedad, por lo que muchas veces se pueden producir diagnósticos erróneos con el consiguiente tratamiento equivocado del problema. El TOC no es un trastorno orgánico por lo que el tratamiento con fármacos no soluciona el problema, a pesar que las personas afectadas esperan que éstos sean la solución a todos sus males y pensamientos dañinos. Dicho trastorno es un problemas del pensamiento, una manera de pensar distorsionada, por lo que la psicoterapia cognitiva que trata de modificar y corregir esos errores de pensamiento es a día de hoy la alternativa más eficaz al tratamiento de un problema cada vez más frecuente. Si la persona acepta su problema y está dispuesta a hacer un esfuerzo saliendo de la zona de confort de sus pensamientos obsesivos, el trastorno obsesivo tiene solución. En la terapia para la persona con TOC habrá dos aspectos a tratar: uno, la personalidad obsesiva y otro el TOC propiamente dicho. Éste se genera desde una personalidad obsesiva, siendo ésta el caldo de cultivo que desencadena el problema. Por ello hay una serie de conceptos erróneos que hay que corregir y modificar como son la sobrevaloración del pensamiento (la mente es algo más que el ego-pensamiento), la necesidad de evidencia absoluta ante el mínimo riesgo (pretender controlar las cosas al 100%), el miedo ante los síntomas corporales (hipocondría) y los sentimientos de culpabilidad del pasado o miedo al futuro (no estamos viviendo la realidad del ahora).
La terapia psicológica va encaminada a que los pensamientos angustiosos vayan perdiendo importancia hasta que dejen de tenerla y entonces dejen de hacer sufrir. El obsesivo debe entender y asimilar que es algo más que sus pensamientos; debe aprender, con entrenamiento mental, a dar otro tipo de respuestas a esos pensamientos, desde la serenidad y amplitud mental a través de un entrenamiento psicológico. Eso ayudará a dar una respuesta más global que permita no entrar en el pensamiento absurdo o exagerado que tanto daño causa a las personas obsesivas y ayudará también a no caer en las compulsiones, pues como ya dijimos éstas refuerzan las obsesiones.
Cuando la persona obsesiva consigue no alimentar con compulsiones sus obsesiones éstas se disiparan, tal como se disipan las nubes cuando sale la luz del sol. La persona consigue así salir de la cárcel de sus propios pensamientos y empezar a ver un poco de claridad en su angustiosa existencia.

viernes, 20 de diciembre de 2013

NAVIDAD, ¿DULCE NAVIDAD?

Se acerca la navidad, una época de luces y sombras, donde algunos se reunen en torno a elegantes mesas con decorados lujosos y otros muchos van a comedores sociales buscando solidaridad y ayuda.Una época donde algunos disfrutan de la familia y otros están lejos, con la nostalgia y la añoranza de no poder reunirse con sus seres queridos.Unas fechas en las que recordamos especialmete a los que ya no están con nosotros y de algún modo siguen presentes en nuestras vidas y en estas fiestas se hacen más presentes si cabe. La imagen de familias felices que se reúnen para disfrutar en compañía de la Navidad queda muy lejos de algunos hogares de personas que están solas o que han perdido recientemente a algún familiar o amigo. Para ellos, estos días de fiesta se presentan especialmente duros, ya que traen muchos recuerdos y además se paralizan algunas actividades cotidianas que a diario les permiten centrar la atención en cosas positivas o por lo menos, no pensar en las negativas. A veces no es por la falta de un ser querido, sino porque en muchas ocasiones las reuniones familiares, más allá de esas imágenes de gente sonriendo alrededor de un pavo, se convierten en campos de batalla y en explosión de asuntos pendientes.
Escribo este artículo pensando en éstos últimos y en muchas personas que acuden en estas fechas a mi consulta con conflictos personales, con miedos a disputas, riñas o enfados; en aquellos que se sienten solos o abandonados, desdichados o anclados en un callejon sin salida; a todos ellos les quiero mandar una reflexión desde mis vivencias y la nostalgia de una niña que echa de menos aquellas navidades en torno a la mesa de madera del comedor de su abuela.
En aquel entonces todos llegábamos a la casa de la abuela igual que en el famoso anuncio de turrones de la tele; quizá sea por eso que siempre me hace llorar cuando lo veo. Todo el mundo se reunía para celebrar aquellas fiestas en familia. Desde la ventana del salón esperaba con mi abuela, notando la emoción en sus ojos al ver como sus hijos y nietos volvían a casa por Navidad. Ambas identificábamos perfectamente los ruidos de cada coche y yo esperaba ilusionada la llegada de mis primos de Madrid. La abuela ya tenía toda la mesa preparada y llena de manjares y nosotros, los niños, preparábamos el teatrillo de navidad para entretener a los adultos. 
Desde que ella no está las navidades ya nunca han vuelto a ser lo mismo. Nunca hemos vuelto a pasarlas todos juntos y nadie ha vuelto a ser capaz de preparar una mesa con tanto amor. Este año pediré que uno de esos sueños sea volver a reunirnos y disfrutar de nuestro teatro familiar de nuevo, pues cada familia es como una representación teatral, con amor, drama, miedo, luces y sombras y de cada uno de nosotros depende contribuir a ser parte o no de un final feliz.
Desde el Gabinete de Psicologia Vila de paz aprovechamos para felicitar las Navidades a todos los que nos siguen y también para ofrecer a todas esas personas que lo pasan mal en estas fechas una serie de consejos que pueden ayudarles a sentirse mejor:
En primer lugar podemos intentar recuperar el contacto con personas a las que apreciamos y hace tiempo que no vemos, haciendo una llamada para felicitar las fiestas. 
Resulta también muy positivo retomar la relación con ese familiar con el que tenemos alguna rencilla, olvidando y perdonando acciones pasadas. 
Salir a la calle para respirar el ambiente de mercadillos, belenes, actividades infantiles, etc. 
Pensar en detalles, (comprados o elaborados por nosotros mismos), para aquellas personas que apreciamos. A veces no es necesario dinero; una poesía, una carta o una postal hecha por nosotros mismos pueden ser el mejor de los regalos.
Procurar estar en compañía.
Participar en acciones humanitarias como comedores sociales, ONGs, parroquias. Las acciones generosas producen un sentimiento de bienestar en el que las desarrolla. 
Y, una de las más importantes, aceptar nuestras circunstancias tal y como son, con todo el optimismo que nos sea posible. Debemos quedarnos con lo bueno de todas las cosas que nos han ocurrido. Las experiencias vividas antes de perder a esa persona o ese puesto de trabajo, son un buen ejemplo de ello.
En definitiva, te gusten o no las navidades, éstas nos ofrecen una oportunidad para reflexionar sobre muchas cosas. La clave para superarlas o mejorarlas reside en asumir que en las navidades no todo tiene que ser perfecto.
En realidad, la Navidad debería ser el momento ideal para perdonar, “hacer borrón y cuenta nueva” de los pequeños y grandes malentendidos acumulados, para volver a empezar de cero. Sin embargo, el cariz que ha tomado esta fiesta hoy en día no nos facilita las cosas. Vivimos en una sociedad de consumo, donde los regalos y las cenas ocupan el centro de los acontecimientos. Hay mucha presión, muchas cosas que se ponen en juego en torno a unas veladas perfectas. Ahora bien, la Navidad debería ser, ante todo, un tiempo de movimiento íntimo, un momento de retiro y de silencio. 
Os animo a todos a pedir perdón a aquellas personas que pensáis haber herido, a perdonar a aquellas que os han herido a vosotros, a llamar a alguien si os sentís solos, a ayudar a alguien que pensáis que lo necesita, a soñar, a bailar, a reir, a llorar, a recordar y, sobretodo, os animo a pensar en qué deseáis. Imaginad que los reyes magos pueden concedernos cada uno un deseo y pensemos en qué tres deseos pedir para el 2014; si no somos capaces de desear entonces pidamos ayuda, pues quien no desea nada tal vez ha perdido las ganas de vivir y eso requiere una ayuda profesional urgente.
Recuerda que la Navidad es solo una fecha en el calendario y que cada persona le da el significado que ella quiere.
Felices fiestas para todos y próspero año nuevo.

miércoles, 3 de julio de 2013

La Inteligencia Emocional como vehículo de las emociones

La Inteligencia Emocional se refiere a la capacidad humana de sentir, entender, controlar y modificar estados emocionales. Entre las habilidades emocionales están la capacidad de motivarse, persistir frente a las decepciones, controlar los impulsos, saber decir NO a las recompensas inmediatas en pos de una gratificación más duradera a más largo plazo, mantener estable el estado de ánimo, mostrar empatía o tener esperanza, entre otras.
Las personas con una alta Inteligencia Emocional conocen, manejan, interpretan y se enfrentan con eficacia a los sentimientos, tanto propios como ajenos. Tienen ventaja en las relaciones amorosas y dominio sobre su propia vida, además de sentirse satisfechas, eficaces y productivas.
Todas las emociones son necesarias. No se trata de estar feliz todo el día, ya que el dolor es también parte de nuestras vidas y, muchas veces, es incluso necesario. El secreto de una vida emocional plena se basa en aceptar y encajar convenientemente todas las emociones, las que nos producen felicidad y las que nos provocan tristeza o dolor, sin dejarnos arrastrar por las adversidades ni vivir de manera desproporcionada los problemas.
Una de las estrategias básicas es aprender a controlar nuestros impulsos, si bien a veces las emociones son tan fuertes que pueden entorpecer la capacidad de pensar o planificar.
Debemos destacar también virtudes como el optimismo y la empatía. El primero, pues evita que caigamos en la desesperanza o depresión.  Es importante sentir que tenemos cierto dominio sobre los acontecimientos de nuestra vida, aceptando los desafíos como se nos presentan, con la convicción que podremos superarlos.
Sin duda, el mundo emocional influye de forma clara en nuestra salud. Así, cuando enfermamos, nuestro estado emocional juega un papel fundamental a la hora de recuperarnos, así como puede también ser una fuente de persistencia de la enfermedad.
La ira parece ser la emoción que más daña al corazón. Por su parte, la ansiedad excesiva disminuye nuestro sistema inmunológico, dejándonos a merced de resfriados, herpes, problemas digestivos, etc… Por eso es importante aprender a manejar la ansiedad con ejercicio físico, relajación, contacto con la naturaleza, yoga o otras terapias alternativas.
La esperanza nos brinda la fuerza para soportar las circunstancias dolorosas.
La Inteligencia Emocional nos habilita para triunfar en la vida y nos ayuda a mejorar nuestra salud física y psíquica. Cuando estamos de buen humor y en armonía interna, nuestra actitud mejora frente a las vicisitudes de la vida cotidiana.
Por tanto, todo pasa por nuestras emociones y por cómo interpretamos la realidad. Podemos tener todo y no quererlo o tener poco y sacarle el máximo jugo posible.
Siempre somos nosotros quienes tenemos el poder y es nuestra decisión si estamos dispuestos a aprender y explotar nuestro potencial o en cambio preferimos quedarnos estancados.
En el Gabinete de Psicología Vila de Paz organizamos cada año, allá por el mes de octubre, unas jornadas de retiro de fin de semana para conocernos más a nosotros mismos y mejorar nuestra Inteligencia Emocional y nuestras habilidades y estrategias frente a las emociones. Este encuentro se realiza siempre en un entorno idílico inmerso en plena naturaleza. En próximos artículos iremos dando más información al respecto. De la misma forma, cualquier persona interesada en este u otros aspectos se puede poner en contacto con nuestro Gabinete, desde donde estaremos encantados de ofrecerle más información.