lunes, 7 de septiembre de 2009

Envidia disfrazada de amistad

Sullivan define la envidia como: "un sentimiento de aguda incomodidad determinada por el descubrimiento de que otro posee algo que sentimos que nosotros deberíamos tener".

La envidia es uno de los sentimientos más destructivos que puede tener una persona y trás el que se esconden complejos, frustraciones y carencias que se decubren a partir de lo que se envidia. El objeto de la envidia suele ser una persona concreta; también puede ser un "ideal" que se nos ofrece como modelo a imitar que se reviste de valía.
Cuando se descubre la envidia de una persona cercana, un amigo o amiga, un compañero de trabajo o de estudios, etc., debemos cuestionarnos si en realidad existió esa amistad, y si vale la pena continuarla. Es muy difícil que una persona envidiosa reconozca su problema, pues no solamente representa una humillación, sino que conlleva aceptar las propias carencias, y eso es lo que más teme el envidioso.
Parece que cuanto más civilizada se hace una sociedad, más disfraces utiliza la hostilidad. Las personas envidiosas suelen tener excelentes habilidades para manipular a los demás. Muchas veces la persona envidiosa se esconde detrás de una cara dulce y agradable, sabe aparentar ser una buena persona que cae muy bien, incluso pareciendo una persona humilde y desinteresada. Suelen ser personas que no pueden mirar a la persona que envidian a los ojos, sólo pueden mirarla de reojo, lanzando emisiones de agresividad camuflada que hacen sentirse mal a la persona envidiada.

La envidia es molesta para el que la siente y el que la recibe, por eso dicha relación debe cortarse, debido a la incapacidad del envidioso de reconocer su propia miseria. El perfil del envidioso es el de una persona fría, irónoca, distante e hiriente. Los sentimientos del envidioso estan a veces camuflados de una falsa preocupación hacia la persona objeto de envidia, disfrazados de un noble interés por el bienestar del otro, por eso en ocasiones son personas cercanas, generalmente amigos y el envidiado puede negar lo que siente por no romper esa falsa amistad en la que ingenuamente ha creido.

Debemos fiarnos de lo que sentimos cuando estamos cerca de otros, de las sensaciones de malestar o bienestar que nos producen y alejarnos de aquellas personas que por más que intentemos querer y acercar a nuestros corazones, solo dejen en ellos sentimientos de dolor, frustración y amargura al querer proyectar en nosotros la ira y rabia de su propia envidia.

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